Anuncia Andrés Calamaro, salmón indocumentado y valiente, torero porteño de Madrid, una nueva gira por la Argentina. Mientras escribo, nueve conciertos conforman “Calamaro como cantor”, que arrancará el 24 de abril en Santa Fe y que concluirá el 26 de mayo en Buenos Aires. El título del tour brota del Martín Fierro de José Hernández: “Gracias le doy a la Virgen, / gracias le doy al Señor, / porque entre tanto rigor / y habiendo perdido tanto, / no perdí mi amor al canto / ni mi voz como cantor”. A ver cuándo retoma la predicación, por suelo español, de sus crímenes perfectos, sus medias verónicas y sus carnavales de musas.
Han pasado ocho años desde que Calamaro publicara su último álbum con canciones de nueva hornada. Aquel buen disco se llamaba Cambiar la suerte e incluía un puñado de piezas más que interesantes, como “Tránsito lento”, “Cuarteles de invierno”, “Mi ranchera” o “Falso LV”, un rock&roll juguetón que critica, tal como él mismo me dijo, a la “izquierda estética”: “La canción disimula, aunque tampoco demasiado, mi fastidio por estas tendencias intolerantes maquilladas como payasos de la igualdad, que es una palabra importante pero, en estos términos, se presenta como un racimo de disparates”.
Por “Falso LV” desfilan esquimales descalzos, tatuajes de supermercados, Torquemada y una “Revoluti” que ya no es lo que era. “Sin guillotina –raspa el estribillo– no hay revolución, / es un falso Louis Vuitton. / Casi una mentira…”, etcétera.
Con esta canción, Calamaro tejió un guante a medida para todas esas izquierdas que, a la manera de Caifás, se rasgan las vestiduras y enfilan para el patíbulo a todo el que ose contravenir sus dogmas. Con esta rola, el genio argentino trazó un retrato impecable de esa izquierda que se ubica a la izquierda del PSOE, de ese camarote de los hermanos Marx del Temu que, en este momento, recurre al codazo y al amancebamiento –siempre político, quiere decirse– para no perder la condición, imprescindible para su supervivencia, de ser la primera muleta del presidente Sánchez. Arriba, pijiprogres de la Tierra, pero siempre por debajo del yerno de Sabiniano.
Rechazado Rufián por los siete mares –podría probar como monologuista fijo de la sala Galileo Galilei–, Yolanda Díaz, que abandonó la dirección de Sumar 1 en junio de 2024 tras hostiarse en las europeas, suena como cabeza de lista de Sumar 2 porque ninguno de sus acólitos se atreve a cuestionar su liderazgo, tarea de la que se encargan los electores, con crueles curas de realidad, una elección tras otra. La ministra de Trabajo no figuró el pasado sábado en ese álbum de cromos repetidos que responde al nombre de “Un paso al frente” y se hace de rogar sabedora de que ni Ernest Urtasun, ni Mónica García, ni Rita Maestre la igualan en brillantina. El vacío que la vicepresidenta se encontró en su directo de Instagram para hablar del salario mínimo se tornará en clamor, en un clamor chiquitito, eso sí, de los enanitos que buscan amparo y teta a la izquierda del –y por debajo– macho alfa de la Moncloa. A favor de la empatía y contra Julio Iglesias. Ea. Más falsos, como canta Calamaro, “que un esquimal descalzo”. Verás tú que van y fichan al monito Punch.
