A mí me gusta leer un libro y luego contemplar su puesta en escena, pero el otro día lo hice al revés. Aterricé en el Teatro del Barrio de Lavapiés (Madrid) sin saber nada de la obra que iba ver y, por una vez, todo lo que me contaron en la sala me pareció de lo más original.
Al llegar allí tuve que esperar durante un rato a una amiga y, de pronto, apareció una mujer envuelta en un abrigo blanco. Se quedó apoyada en el quicio de la puerta mirando el reloj y poco después se le acercó un chico rubio al que saludó con un abrazo. Entonces, reparé en que su cara me sonaba. Pensé que la había visto en una serie reciente y busqué su nombre en internet. Mientras lo hacía empezó a salir gente de otra representación y una señora se detuvo frente a ella para felicitarla. Le dijo que le había encantado su papel.
Así fue como descubrí a Olalla Hernández, la actriz y protagonista de ‘Solo quería bailar’. Ella narra en primera persona la historia de Pili, una bailarina sevillana que está en la cárcel por atentar contra una institución pública.
Pili es andaluza y luce su acento. Pili es chabacana, escatológica, dulce en ocasiones, macarra siempre. Pili empieza a hablar y no calla. Pili quería danzar y fue a pedir una ayuda, pero la burocracia se elevó ante ella como un muro infranqueable. Pili es sincera y eso me fascina. Pili acabó en prisión y quien escuche su relato puede comprender su rabia. Pili no deja a nadie indiferente y con su desparpajo lanza una crítica despiadada contra nuestras estructuras organizativas al tiempo que nos hace reír a carcajadas, algo que a todos nos viene muy bien.
Yo no sé cómo la actriz que la encarna no ha recibido ya varios premios. Y pienso en todas esas estrellas desconocidas que tienen un valor incalculable y aguardan una oportunidad que les permita demostrarlo. Desde luego, el monólogo que se marca esta mujer es impresionante. Me pareció tan buena su interpretación que me fui corriendo a por el texto original. Justo, como decía, lo contrario a lo que hago siempre.
La novela es de Greta García y triunfó hace tres años. Fue un éxito en su día. La autora publica otra la próxima semana. Se llama ‘Muere, papá’. Tendremos que comprobar si es igual de ácida y divertida a la vez.
Por el momento, Pili seguirá siendo una kamikaze, sumando funciones sin oropeles y conectando con el público. En una sinopsis, Hernández cuenta que se trata de “una llamada a la acción, una reivindicación de los que estorban en la sociedad”.
A su juicio, también se podría haber titulado “solo quería una vivienda, solo quería ganarme la vida dignamente, solo quería vivir en paz” o solo necesitaba que me quisieran porque pertenecemos a un sistema que maneja los hilos de nuestras vidas, que nos lleva a un individualismo y a una desgana que nos paraliza ante la injusticia convirtiéndonos en meros espectadores de cómo nos arrebatan lo que nos pertenece como sociedad.
Se nota que se siente identificada con el personaje. En las entrevistas que ha concedido recuerda que su gremio sufre los mismos sinsabores: precariedad, sueños rotos, encadenar trabajos e incertidumbre. Al final, el arte está mal pagado y se reconoce sólo la labor de unos pocos.
En definitiva, la intérprete se gana los aplausos que recibe y logra que nos vayamos a casa dándole vueltas a todos los rostros que nos ofrece la gente. La mayoría pensará que Pili es una simple delincuente, pero al escucharla descubrirá a un ser lleno de espinas. “Yo creo que una vez tocá, hundía, Titanic y adiós. Cómete mi chapapote”, dice en un momento dado. De este modo nos vamos adentrando en su faceta más íntima, esa faceta que todo el mundo esconde o se reserva para unos pocos. Y es que, como dice una amiga mía, una cosa es lo que somos y otra la que proyectamos. Lo difícil es que se nos reconozca en ambos planos.
