La mitad de una vida vinculada al rugby y, con 36 años, a la jerezana Laura Delgado, Bimba, le ha llegado la hora de cortarse la coleta. Todo empezó nada más cumplir la mayoría de edad al coger por primera el balón ovalado entre sus manos. “Me enamoré enseguida del rugby y ahí seguimos”, afirma. Su último partido lo disputará el próximo 30 de mayo con las inglesas de Harlequins, su actual club. Se va “muy satisfecha” de todo lo conseguido después de casi cuatro lustros en activo. Y es que la capitana de Las Leonas presenta una hoja de servicios impecable. Ha sido ocho veces campeona de Europa con la selección española y se ha convertido por méritos propios en la quinta jugadora con más caps (53) empatada con la catalana Bárbara Plá. En su periplo por Inglaterra se ha hecho con dos campeonatos de la Premiership Women´s Rugby (PWR) -la competición femenina más fuerte a nivel mundial- con Gloucester-Harpury, y con la Farah Palmer Cup, la liga de segunda división en Nueva Zelanda.
En el repaso a la carrera de algunas jugadoras no siempre es oro todo lo que reluce. Las deportistas de élite no están exentas de haber pasado por baches emocionales que tienen más que ver con cuestiones mentales que con aspectos deportivos o físicos que nadie fuera de su entorno más próximo llega a conocer. En 2022 Bimba lo tenía todo para ser feliz como jugadora de rugby. Acababa de fichar por Gloucester-Harpury, el equipo que ha ganado las tres últimas ediciones de la PWR, la primera de ellas con la jerezana en la plantilla. Ese año todo fue sobre ruedas. No ocurrió nada raro. En su segunda temporada algo difícil de explicar trastocó su vida. “Al final somos personas antes que jugadoras”, subraya. Empezó a darle vueltas a todo “y si estás así, luego es imposible rendir bien en el campo”. Se sentía perdida. “Estaba en el mejor club del mundo, rodeada de gente, pero tenía la sensación de estar siempre sola”, confiesa ahora sin reparo alguno.

Lo peor es no saber cómo hacer frente a ese tipo de situaciones cuando se tiene a la familia muy lejos. “No estaba bien conmigo misma en el sentido de que estaba en un equipo que lo ganaba todo, la relación con mis compañeras era magnífica, y algo fallaba sin saber muy bien el motivo”, recuerda. Poco a poco fue descubriendo por ella misma que fuera del rugby su vida estaba vacía. “Sentía que no estaba haciendo nada a nivel personal”, apostilla. Aquella última temporada con Gloucester-Harpury se le atragantó. “Fue un año bastante duro”, admite. Pese a ganar su segundo título liguero, decidió marcharse al club londinense de Harlequins “con lo difícil que resulta luego explicar a todo el mundo por qué lo has hecho”. La ayuda de su familia, amigos, y de hasta un psicólogo personal, fue fundamental para que Laura Delgado recuperara la ilusión.
Ya en Londres, empezó a darle vueltas a la idea de realizar otro tipo de actividades al margen de la competición oficial. El club se movió rápido. Enseguida le encontró un hueco como entrenadora en las categorías inferiores. Fue allí donde empezó a trabajar en cómo mentalizar a las más jóvenes. De hecho, cuando se retire piensa seguir ligada al rugby a través de un proyecto “alrededor del mundo” llamado Rugby Charger para tratar de llevar este deporte al máximo nivel “en lugares donde no tienen la oportunidad de profesionalizar a esos chicos y chicas, y donde yo puedo aportar mi experiencia y mis conocimientos tanto en aspectos técnicos o de estrategia como de mentalización”.
Hasta el 30 de mayo la actividad de Bimba no va a parar ni un segundo. “Es que desde hace 18 años me dedico al rugby siete días a la semana durante las 24 horas”. Eso sí, la decisión sobre su retirada no tiene marcha atrás. “Ha sido un sentimiento natural y me siento afortunada por haber sido yo quién lo decida”. La condición física aún le acompaña. Lo demuestra el hecho de que Harlequins le hubiera propuesto renovar una temporada más. Y ella erre que erre. “Estos últimos años he sido entrenadora y últimamente sentía que ponía más el foco en el rendimiento de mis jugadoras que en el mío propio, y ahí es cuando pienso: ¡Guau, creo que es el momento de dar un paso al lado!”.

Hace diez meses ya había anunciado también su deseo de abandonar la selección antes de disputar el verano pasado en Inglaterra la Copa del Mundo. Así que no influyó para nada en su retirada el pobre papel de Las Leonas tras encajar tres derrotas seguidas frente a Nueva Zelanda, Irlanda y Japón antes de ser apeadas de la competición. “Cuando fuimos allí ya éramos conscientes de que el equipo era muy joven, aunque a nivel deportivo, sí confiábamos, al menos, en obtener una victoria frente a las japonesas”. Finalmente, no pudo ser. “Era una derrota que no esperábamos”, insiste. Y lo dice con cierta resignación porque no disputó ni un solo minuto de aquel partido que siempre creyó que iba a ser el de su despedida. “¡Claro que me dolió no jugarlo!”. En este tema es muy clara, ya que no tiene reparos en admitir que le dio cierta tristeza no haber sabido de antemano que el encuentro frente a Irlanda iba a ser el de su adiós oficial de la selección. “Fue una decisión técnica y ya está”. Punto y final a la historia.
A sus 36 años, poco queda ya de aquella adolescente que con menos de 18 apuntaba buenas maneras en el lanzamiento de martillo. Su sueño por aquel entonces era llegar a participar en unos Juegos Olímpicos. Un accidente de moto conduciendo por Jerez, con rotura de occipital incluida, le hizo entrar en un lugar “muy oscuro”. El percance truncó su carrera dentro del atletismo “porque ya no pude alcanzar el nivel que quería conseguir”. Sin embargo, le abrió de par en par las puertas del rugby. Su primer equipo fue el Cádiz. El apodo con el que le conocen entrenadores y jugadoras viene de aquella época. “Es la onomatopeya del boom que se escuchaba en la grada cuando percutía, y desde entonces todos me llaman Bimba”.
A Laura Delgado se le puede denominar de forma cariñosa como un culo inquieto. Durante su carrera ha estado en quince equipos -contando selecciones- de tres continentes distintos. “La verdad es que siento afortunada porque, aunque me haya cambiado tanto la vida, siento que tengo 15 familias alrededor del mundo, y porque de ningún equipo me he ido mal”, espeta. Fue de las pioneras en probar suerte en Francia con el Tarbes Pyrénées y la primera, junto a Patricia García, en jugar como profesional en Inglaterra (Darlington Mowden Park Shark, Exeter Chiefs, Gloucester Hartpury y Harlequins). También tuvo la oportunidad de disfrutar del rugby en Estados Unidos a lo largo de una temporada con Philadelphia RFC. “Siempre he pensado que es bueno conocer otros lugares y aprender cosas nuevas, por eso, todo aquello lo recuerdo como una muy buena experiencia”.

Para experiencia la que vivió en Nueva Zelanda, “el lugar del mundo donde siempre quise ir para jugar al rugby”. Fue ella misma la que tomó la iniciativa de ponerse en contacto con Hawke´s Bay Magpies. El club no le dio garantías de que fuera a jugar tras ver su curriculum. Aun así, se pagó su pasaje de avión y se plantó en Central Hawkes Bay, una ciudad situada en la isla norte. No tardó mucho en convencer al cuerpo técnico de que podía ser titular. Mientras, con sus ahorros fue sufragando los gastos de vivienda y manutención. Ya estaba advertida antes de viajar de que no le iban a pagar ni un solo euro. Gracias a una compañera consiguió un trabajo remunerado en una fábrica de cosméticos naturales para no agotar todo el capital que tenía. Además, solía ir a una granja situada cerca de la ciudad para echar una mano de vez en cuando. “Lo de ver nacer una vaca es algo que no se me ha olvidar en la vida”, espeta.
Las cosas en tierras neozelandesas le fueron relativamente bien durante los seis meses que estuvo en la isla. Le dio tiempo a ganar la Farah Palmer Cup, la pena es que sus compromisos en España le hicieron regresar muy pronto. “Fui yo misma en todo momento, y por eso disfruté de la experiencia de jugar en un país donde el rugby es una religión y una forma de cultura”, añade. Algo que tampoco olvidará jamás fue el día en que le invitaron a hacer un haka. “Cuando lo ves desde fuera no eres consciente del verdadero significado que tiene para ellos y que me lo pidieran significó algo muy importante para mí”. El caso es que estuvo varios días ensayando al término de los entrenamientos y en su propia casa. “Todavía guardo esos vídeos”, indica. La letra se la tuvieron que escribir mientras le explicaban el significado de cada palabra. Por nada del mundo quería meter la pata y disgustar a sus anfitriones. Tenía que hacerlo todo bien, incluidos los gestos, ya que, por encima de todo, quería ser “super respetuosa”.

Estar entre las jugadoras con más caps junto a Aroa González (74), Inés Etxegibel (64), Rocío García (64), Isabel Rodríguez (56) y Barbará Plá le hace sentirse “orgullosa”. Al mismo tiempo demuestra, según la jerezana, que es una mujer “comprometida” con el rugby y todo lo que le rodea. “Cuando miro a atrás me es difícil comprender cómo he podido tener ese compromiso durante tanto tiempo y, sobre todo, me sorprende la entrega que siempre he demostrado”, afirma. Y, para volar tan alto, ha tenido que hacer algún que otro sacrificio. “Si te propones grandes cosas tiene que dejar de lado otras”, explica. En su caso, lo más “doloroso” es haber estado alejada tantos años de su familia, lo que ha llevado aparejado perderse reuniones o bodas “que es algo que ocurre una sola vez en la vida”, o no haber llevado una vida normal “pensando solo en tu rendimiento”. Por ejemplo, su respuesta a la pregunta de si recuerda la última vez que tuvo 30 días seguidos de vacaciones, es harto elocuente: “No”.
La verdad es que Bimba nunca dudó en asumir todos los riesgos que conllevan probar fortuna en distintos países hasta llegar a Inglaterra para convertirse en una profesional. Por suerte, la apuesta le salió bien y ahora se siente una mujer “privilegiada”. De dinero no se habla. “Ese es un tema confidencial”, explica. Lo único que puede desvelar es que las internacionales inglesas tienen un doble contrato con sus clubes y con su selección, “y aún así estamos todas muy lejos de lo que cobran los chicos”. La parte positiva son las amistades forjadas durante años en los terrenos de juego. Es más, presume de tener amigas en todos los equipos por los que ha pasado, e incluso en clubes rivales. Una de ellas es Hope Rogers, la jugadora con más caps con Estados Unidos que milita en Exeter Chiefs.

Además de buena jugadora, Bimba también es algo despistada. Al término de un entrenamiento durante una gira por Sudáfrica en 2019 con Las Leonas, la jerezana había quedado con la otra capitana, Isabel Rico, para abandonar juntas del estadio. “Salgo del cuarto de baño, le espero unos minutos, y no veo a nadie”, afirma. Entonces caminó hasta el exterior del recinto donde comprobo que el autobús de la selección le dejaba en tierra. “Y no tenía ni móvil ni nada”, se lamenta. Corrió unos metros detrás del vehículo, y nada. Nadie había reparado en su ausencia. Decidió regresar al estadio de Porth Elisabeth para pedir ayuda. Un policía se ofreció a llevarle en un coche patrulla, que hacía labores de escolta para otra selección, hasta el autobús donde estaba el resto de sus compañeras. Al final lograron detener la comitiva donde viajaban Las Leonas, y cuando vieron lo que sucedía, todas se empezaron a reír. “Lo único que le dije fue gracias, pero os habéis olvidado de una de vuestras capitanas”. Fue un buen susto. Ahora es la propia Bimba la que lo cuenta con bastante gracia.

