Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 han dejado un medallero dominado, una vez más, por Noruega (18 oros, 41 medallas en total) y una sólida actuación de Estados Unidos y Países Bajos. Pero más allá de las cifras, esta edición será recordada por el brillo de las victorias femeninas, auténtico motor competitivo y simbólico de los Juegos.
Desde las pistas de esquí hasta el óvalo de patinaje, las mujeres no solo sumaron metales decisivos para sus delegaciones, sino que redefinieron el relato olímpico con actuaciones dominantes, regresos inesperados y consagraciones largamente esperadas.
Shiffrin, la reivindicación definitiva
En el esquí alpino, Mikaela Shiffrin firmó la actuación que durante años se le había exigido. Tras altibajos olímpicos en el pasado, la estadounidense llegó a Italia con el peso de la experiencia y la serenidad de quien ya no compite contra la expectativa, sino contra el cronómetro.

Su oro en eslalon —con una segunda manga técnicamente impecable— no solo impulsó a Estados Unidos hacia las 12 preseas doradas, sino que simbolizó una reconciliación con el escenario olímpico. Shiffrin no necesitó gestos grandilocuentes: su sonrisa al cruzar meta habló de resiliencia, de aprendizaje y de una carrera que ya trasciende las estadísticas.
Alysa Liu y la nueva generación sobre hielo
En el patinaje artístico, la irrupción definitiva de Alysa Liu consolidó el relevo generacional estadounidense. Con un programa libre técnicamente arriesgado y artísticamente maduro, Liu se colgó el oro y devolvió a su país al centro del podio en una disciplina de enorme exigencia emocional.

Su victoria fue también una declaración de modernidad: más allá de la dificultad técnica, apostó por una narrativa coreográfica personal, conectando con el público en el Mediolanum Forum. En unos Juegos donde la presión mediática fue constante, Liu destacó por su naturalidad y por una gestión del entorno que evidenció la evolución psicológica del deporte femenino.
Jutta Leerdam, potencia neerlandesa
Si hay un país que convirtió el hielo en territorio propio fue Países Bajos. Y uno de sus rostros fue Jutta Leerdam. En el patinaje de velocidad, su triunfo en los 1.000 metros fue una exhibición de potencia y control.

Leerdam no solo confirmó el dominio neerlandés —10 oros en total—, sino que reforzó la narrativa de una generación de mujeres que combinan rendimiento, preparación científica y una fuerte identidad pública. Su victoria fue clave para que Países Bajos consolidara su tercera posición en el medallero.
Marit Bjørgen y el legado nórdico
En el esquí de fondo, el espíritu competitivo de Noruega volvió a imponerse. Aunque la era de Marit Bjørgen pertenece ya al imaginario histórico, su legado fue evocado constantemente al ver a las fondistas noruegas dominar pruebas individuales y de relevos.
Las 18 medallas de oro noruegas no pueden entenderse sin el peso estructural del deporte femenino en el país escandinavo. Las mujeres no fueron complemento, sino columna vertebral del éxito. En varias disciplinas, sus triunfos marcaron la diferencia en la lucha por el liderato del medallero.
Italia, Alemania y el equilibrio europeo
La anfitriona Italia, con 10 oros y 30 medallas totales, encontró en sus atletas femeninas un impulso competitivo y emocional. Lo mismo ocurrió con Alemania y Francia, cuyas campeonas en biatlón y deportes de hielo fueron determinantes para mantenerse en la élite.
En Suecia y Suiza, la regularidad femenina también resultó decisiva para asegurar posiciones destacadas en la tabla final. Incluso delegaciones con menor tradición invernal celebraron metales históricos conseguidos por mujeres, ampliando el mapa competitivo.
Un cambio de narrativa
Milán-Cortina 2026 no fue solo una sucesión de resultados. Fue la confirmación de que el deporte femenino en los Juegos de Invierno ya no es promesa, sino epicentro competitivo y mediático. Las victorias de Shiffrin, Liu o Leerdam no se explican únicamente en términos de talento individual, sino como parte de una estructura que apuesta por la profesionalización y la visibilidad.
El medallero refleja hegemonías nacionales; las historias detrás de cada oro revelan algo más profundo: las mujeres han redefinido el espectáculo olímpico invernal. En Italia, las reinas del hielo y la nieve no solo ganaron medallas. Ganaron protagonismo, autoridad y un lugar indiscutible en la memoria de estos Juegos.
