Durante décadas, los Juegos Olímpicos de Invierno construyeron su relato alrededor de héroes masculinos, figuras casi inevitables en disciplinas históricamente asociadas a ellos. El esquí, el hockey, el snowboard o el patinaje artístico parecían responder a una jerarquía asumida, y rara vez cuestionada. Pero algo empieza a resquebrajar ese paisaje.
El último ranking de ingresos vinculados al ciclo olímpico Milano-Cortina 2026 deja una imagen difícil de ignorar: más mujeres que hombres entre los perfiles económicamente más potentes del invierno olímpico.
La tensión de la paridad
La fotografía, sin embargo, no es uniforme. La paridad, convertida en emblema reciente del olimpismo tras París 2024, sigue encontrando resistencias en el invierno.
La presencia femenina ha crecido de forma sostenida en las últimas ediciones, del entorno del 45% en Pekín 2022 a una previsión cercana al 47% en Milano-Cortina, acercándose gradualmente al equilibrio, aunque todavía lejos del cincuenta por ciento.

La desigualdad se percibe con más claridad cuando se aterriza en los equipos nacionales. España compite en Milano-Cortina con siete mujeres frente a trece hombres.
Lo que deja claro la prolongación de una brecha histórica en deportes donde la tradición, la inversión y las estructuras han favorecido mayoritariamente a los hombres. Aunque existe más presencia femenina en la cúspide económica, persiste la representación desigual en la pista.
Cuando el liderazgo cambia de eje
El giro aparece con nitidez en el plano comercial. Eileen Gu, la esquiadora acrobática de 22 años nacida en Estados Unidos y convertida en uno de los rostros más cotizados del deporte de invierno, encabeza la clasificación de ingresos estimados en los últimos doce meses.
Veintitrés millones de dólares. Construidos, en su inmensa mayoría, lejos de la nieve.
Contratos publicitarios, imagen global, una identidad capaz de conectar dos mercados gigantescos.
Su figura ya no se explica únicamente desde el rendimiento deportivo, sino desde algo más amplio: marca personal, narrativa, y proyección internacional.
Tras ella, Lindsey Vonn, referencia histórica del esquí alpino, y Chloe Kim, doble campeona olímpica de snowboard, consolidan una presencia femenina que deja de ser excepcional.
Vonn, ya veterana, mantiene una fortaleza comercial que desafía incluso el paso del tiempo competitivo. Kim, aún en plena carrera, combina resultados y visibilidad con naturalidad.
Entre los hombres, Auston Matthews sostiene cifras impulsadas principalmente por su contrato en la NHL, mientras Ilia Malinin, uno de los talentos más deslumbrantes del patinaje artístico actual, representa otra lógica: un perfil deportivo extraordinario cuya dimensión comercial todavía está en construcción.

El liderazgo ya no depende solo de medallas o contratos deportivos. El negocio del invierno también empieza a hablar en femenino.
Más allá de las cifras
Aunque las cifras no cuentan toda la historia, sí revelan cambios profundos. Marcas que apuestan por perfiles femeninos, audiencias que amplían referentes, y relatos que se desplazan sin necesidad de proclamarse revolucionarios. Las deportistas dejan de ocupar el espacio de la excepción para instalarse en el centro del escaparate.

El contraste con ciclos recientes resulta revelador. En Beijing 2022, el relato de estrellas seguía orbitando mayoritariamente alrededor de nombres masculinos. Hoy, el marco económico dibuja un equilibrio distinto.
Un invierno de transición
Nada indica que el camino hacia la igualdad esté completado. Persisten inercias, brechas, y desigualdades estructurales. Pero el paisaje empieza a transformarse en un terreno decisivo: la visibilidad, el patrocinio y la conversación pública.
Quizá el verdadero hito de Milano-Cortina 2026 no se mida solo en medallas. Tal vez tenga que ver con algo menos espectacular y más revelador: quién ocupa la cima cuando el foco ya no apunta únicamente al cronómetro.
