FÚTBOL

¿Puede el ciclo menstrual prolongar el tiempo de baja por lesión?

Cuatro temporadas de análisis confirman que las lesiones durante el ciclo menstrual implican recuperaciones mucho más largas.

Laia Aleixandri se marcha en camilla lesionada
Jorge Herrera

El fútbol femenino de élite empieza a mirar de frente una realidad biológica que durante años apenas se había analizado con rigor científico. Un estudio impulsado desde el entorno del FC Barcelona ha puesto el foco en la relación entre el ciclo menstrual y las lesiones deportivas, un terreno todavía poco explorado en el alto rendimiento.

Tras cuatro temporadas de seguimiento en la máxima categoría del fútbol español, la conclusión es contundente: el ciclo menstrual no incrementa el número de lesiones. Sin embargo, cuando una jugadora se lesiona durante los días de sangrado, el proceso de recuperación tiende a ser notablemente más largo.

La investigación, dirigida por Eva Ferrer desde el área médica azulgrana y el Barça Innovation Hub, analizó el estado físico de 33 futbolistas entre las temporadas 2019/2020 y 2022/2023. Los resultados, publicados en Frontiers in Sports and Active Living, ofrecen evidencias que pueden marcar un antes y un después en la gestión de cargas, la planificación de entrenamientos y las estrategias de prevención en el fútbol femenino profesional.

La jugadora Laia Aleixandri retirándose del terreno de juego por lesión
Jorge Herrera

Los datos detrás del estudio

Durante cuatro temporadas completas, el equipo investigador examinó con detalle 852 ciclos menstruales y registró 80 lesiones que obligaron a las jugadoras a parar. El balance global dejó una cifra contundente: 3530 días de baja acumulados.

Aunque únicamente el 13,7 % de las lesiones se produjeron en fase de sangrado, su impacto fue mucho mayor de lo que sugiere el número de casos. Esos once percances concentraron 1379 días de ausencia, mientras que las 69 lesiones ocurridas fuera de ese periodo sumaron 2151 jornadas. Es decir, menos lesiones, pero con un peso considerable en el tiempo fuera de los terrenos de juego.

Si se analiza la incidencia según las horas de exposición (el estándar en el deporte profesional) no se observan diferencias relevantes. Durante el sangrado se registraron 5,46 lesiones por cada 1000 horas, frente a 6,60 en el resto del ciclo, con una media global de 6,42. En términos de frecuencia, por tanto, el ciclo menstrual no eleva el riesgo de lesión.

Ewa Pajor saliento del campo junto con las asistencias tras su lesión en la rodilla
EFE

El verdadero impacto en la baja

El hallazgo más contundente del estudio surge al poner el foco en la gravedad de las lesiones. Cuando el percance se producía durante la fase de sangrado, la recuperación se alargaba de forma notable. La mediana de baja alcanzó los 53 días en esos casos, frente a los 17 registrados en el resto del ciclo. En la práctica, el tiempo fuera de la competición llegó a triplicarse.

La diferencia se acentúa al analizar la carga por cada 1000 horas de exposición, el indicador habitual en el alto rendimiento. Durante la menstruación se contabilizaron 684 días perdidos, mientras que fuera de ese periodo la cifra descendió a 206. Las lesiones de tejidos blandos (es decir, las que afectan a músculos, ligamentos y tendones) fueron las que mostraron un mayor impacto en estos días.

En las cuatro temporadas estudiadas también se produjeron cuatro roturas del ligamento cruzado anterior, dos de ellas coincidentes con la fase de sangrado. Aunque el número de casos es limitado y exige prudencia en la interpretación, este tipo de lesiones de larga duración tiene un peso significativo en el balance final.

El factor hormonal

El componente hormonal emerge como una posible pieza clave en este escenario. A lo largo del ciclo menstrual se producen variaciones en estrógeno y progesterona que pueden influir en la forma en que el cuerpo afronta y supera una lesión. Algunos estudios han vinculado niveles bajos de estrógeno con una menor capacidad de regeneración muscular, mayor sensación de fatiga y cambios en el control neuromuscular.

A estos factores podrían añadirse otros condicionantes habituales durante la menstruación, como descensos en los niveles de hierro, mayor inflamación o alteraciones del descanso. Todos ellos, en conjunto, podrían contribuir a que el proceso de recuperación sea más lento.

Sin embargo, los propios investigadores llaman a la prudencia. El trabajo no incluyó mediciones hormonales ni análisis de biomarcadores, por lo que no es posible establecer una relación directa de causa y efecto. En el deporte profesional, las lesiones obedecen a múltiples factores, desde la carga de entrenamiento hasta el historial médico o el contexto competitivo, y las hormonas serían solo una variable más dentro de un entramado complejo.

Aitana Bonmatí, tras su operación por lesión
@aitanabonmaticonca

Metodología uniforme, conclusiones firmes

El estudio también destaca por su planteamiento metodológico. Frente a investigaciones previas que fragmentaban el ciclo menstrual en múltiples fases teóricas basadas en estimaciones hormonales, este trabajo optó por una comparación más sencilla y objetiva: días con sangrado frente a días sin sangrado. Una distinción clara y fácilmente verificable por las propias jugadoras.

Además, el análisis se desarrolló íntegramente en un mismo club, bajo protocolos médicos uniformes, idénticos criterios de clasificación de lesiones y un control exhaustivo de las cargas de trabajo. Esta homogeneidad permitió minimizar variables externas y aportar mayor solidez a los resultados.

La menopausia también afecta

El debate sobre el impacto hormonal en el deporte femenino va más allá del ciclo menstrual. La menopausia también emerge como un factor relevante en el rendimiento de las atletas. Así lo apunta una investigación reciente publicada en la revista científica PLOS One, que analizó la experiencia de 187 deportistas de entre 40 y 60 años.

Los resultados revelan que cuatro de cada cinco encuestadas experimentaron cansancio físico y mental durante esta etapa, y una de cada tres reconoció que su entrenamiento se vio afectado. Entre los síntomas más señalados destacan las molestias articulares y musculares, especialmente determinantes en disciplinas de alta exigencia física.

Estos datos refuerzan la necesidad de incorporar la variable hormonal en la planificación del alto rendimiento femenino, no solo durante la etapa fértil, sino también en fases posteriores de la vida deportiva.

La ciencia rompe mitos

La investigación realizada en Barcelona supone un avance significativo en la incorporación de la salud menstrual a la gestión del alto rendimiento. Aunque todavía quedan preguntas abiertas, los resultados apuntan a que identificar la fase del ciclo de cada jugadora puede ser una herramienta útil para anticipar riesgos y ajustar los tiempos de recuperación tras una lesión.

La evidencia acumulada empieza, además, a desmontar ideas preconcebidas. El ciclo menstrual no eleva el número de lesiones, pero sí puede influir en su evolución y en la duración de la baja. En un entorno competitivo donde cada detalle cuenta, integrar esta variable en la planificación puede ser determinante para acortar plazos y optimizar el regreso al terreno de juego.