El nombre de Ona aparece desde hace meses en todas las conversaciones, aunque no en los comunicados. Con un calendario que no perdona y varios contratos acercándose a su final, el Barça guarda silencio. No solo con ella, también con otras piezas importantes del vestuario.
Una vuelta que cambió su lugar
Batlle regresó al Barça en 2023 tras tres temporadas en Inglaterra. Formada en La Masia y salida del club sin llegar a consolidarse en el primer equipo, volvió convertida en una futbolista madura y preparada para competir desde el primer día.

Desde entonces, su presencia ha sido constante. Con el Barça ha encadenado dos Ligas, dos Copas, dos Supercopas y una Champions que han construido el paisaje colectivo, mientras ella se ha asentado como una pieza fija en el costado derecho.
Cuando la ausencia se nota
La importancia de Ona en el conjunto azulgrana no se mide por goles. Cuando no esta, se siente. En las últimas semanas, tras las molestias físicas sufridas en la Nations League con la selección española, ha quedado fuera de varios partidos y el Barça se ha visto obligado a reajustar su costado derecho.
Las pruebas realizadas en la Ciutat Esportiva confirmaron una lesión muscular que la mantendría fuera de los terrenos de juego durante varias semanas.
Con la llegada de 2026, Batlle inició un regreso progresivo. Reapareció desde el banquillo ante el Madrid CFF y volvió al once en la siguiente jornada liguera frente al Atlético de Madrid, siempre con minutos controlados.

Minutos que bastaron para que el sistema volviera a reconocerse, más profundidad, más equilibrio y menos correcciones constantes.
La regularidad como argumento
Desde su regreso ha superado los 7.000 minutos oficiales repartidos en 94 partidos. Batlle Juega cuando el calendario aprieta y cuando el margen desaparece.
Doce goles en tres temporadas explican poco. Mucho más dicen su continuidad en las noches europeas, su presencia en finales y su capacidad para sostener al equipo cuando ataca con muchas y debe defender con pocas.
Un perfil que escasea
Tomando en cuenta que el crecimiento del fútbol femenino ha reordenado prioridades. Hoy no solo se pagan las delanteras, también las futbolistas que garantizan estabilidad a largo plazo.
Las laterales completas son una excepción y Batlle combina resistencia física, lectura táctica y criterio con balón. Puede jugar en ambos costados y sostiene un porcentaje de acierto en el pase cercano al 89%, una cifra que ayuda a explicar su peso dentro del engranaje.
La frase que rompió el silencio
La controversia sobre su renovación se hizo aún más visible tras unas declaraciones de su representante, Moisés Trillo, quien afirmó que “si fuera el Barça, vendería el Camp Nou por Ona”. Una frase figurada que desató interpretaciones opuestas.

Lo que para algunos fue una manera de subrayar su importancia deportiva. Para otros, planteó una pregunta incómoda: si el club puede asumir una renovación al alza cuando aún hay varios contratos sin resolver.
Más que una renovación
Batlle es campeona del mundo y de la Nations League con la selección española y representa a una generación que entiende el fútbol desde la constancia.
Su renovación no se discute sólo en términos deportivos. Se cruza con un momento de contención económica y con la necesidad de establecer jerarquías dentro del vestuario.
El valor de lo que sostien
La batalla por Ona no habla solo de una futbolista completa. Habla del precio del equilibrio. De cuánto cuesta mantener lo que no siempre se ve, pero siempre se nota cuando falta.
El Barça tendrá que decidir pronto. No solo si renueva, sino qué tipo de proyecto quiere defender en un momento en el que lo más caro no es fichar, sino perder lo que ya funciona.


