El Real Madrid dio el primer golpe en el partido de ida de playoff tras imponerse al Paris FC en un duelo exigente, marcado por la lluvia y la intensidad. El conjunto blanco reaccionó al tanto inicial francés y firmó una victoria de carácter que le permite llegar con ventaja al duelo de vuelta.

Remontada blanca en la primera parte
Bajo una lluvia constante y con el termómetro marcando una noche incómoda en la capital francesa, el duelo de ida de playoff de la UEFA Women’s Champions League comenzó con un Paris FC valiente, decidido a imponer ritmo y presión alta. Ese empuje inicial encontró premio en el minuto 9, cuando las locales aprovecharon una acción a balón parado que Korosec convirtió en el 1-0 con un remate inapelable. El tanto agitó el guion, pero también despertó el carácter competitivo de un Real Madrid que, lejos de encogerse, empezó a crecer desde la personalidad y el talento.
Al conjunto blanco le costó unos minutos asentarse, pero cuando lo hizo, cambió por completo la dinámica del encuentro. Con Linda Caicedo como chispa constante entre líneas (aunque vio la amarilla en el 16 por frenar una contra peligrosa) y con Athenea desbordando energía en cada presión, el Madrid comenzó a inclinar el campo. Las de Pau Quesada encontraron profundidad por la izquierda, enlazaron posesiones largas y obligaron al Paris FC a retroceder, cada vez más incómodo ante el dominio visitante.
La superioridad terminó traduciéndose en el marcador en el minuto 39, cuando un disparo lejano que golpeó en la madera dejó el balón muerto dentro del área y Caroline Weir, siempre lista para castigar el mínimo resquicio, empujó el empate. La acción fue revisada por el VAR, pero el gol subió al marcador, haciendo justicia a un Real Madrid que ya se había adueñado del partido desde el juego, la iniciativa y la ambición.

Y cuando el descanso parecía llegar con tablas, apareció el zarpazo definitivo. Un minuto antes del 45, Athenea culminó la remontada con el 1-2, desatando la euforia blanca y cerrando una primera parte que retrató a un equipo grande: capaz de resistir, de imponerse con fútbol y de golpear en el momento justo. El Real Madrid se marchó a vestuarios por delante y dejando la sensación de haber dado un golpe de autoridad en territorio francés.
Golpe definitivo en la segunda mitad
El segundo acto dibujó el partido que más le convenía al conjunto de la capital española: orden, paciencia y veneno al espacio. Nada más volver del vestuario, las blancas amenazaron con ampliar la renta en transiciones veloces, explotando cada desajuste de un París obligado a adelantar líneas. La gran acción llegó en el 50, cuando se señaló penalti sobre Feller, pero el VAR rectificó y dejó la infracción en una falta al borde del área. No subió el tercero, pero el aviso fue claro: el Madrid tenía el partido donde quería.
Con el paso de los minutos, el conjunto francés empujó más por necesidad que por claridad, mientras el equipo de Pau Quesada se hacía fuerte atrás, ganando duelos y cerrando pasillos interiores. Y cuando el choque se partió definitivamente, apareció el golpe letal: en el minuto 82, Linda Caicedo culminó una contra con una definición impecable para firmar el 1-3, un tanto que premió la lectura táctica merengue y su capacidad para castigar cada metro concedido.

El tramo final aún tuvo un sobresalto, ya que, a dos minutos de cumplir el tiempo reglamentario, Mendy aprovechó una acción aislada para recortar distancias y dar algo de emoción al añadido, que se fue hasta el 94. El Paris FC lo intentó con más corazón que precisión, pero el Madrid manejó la tensión con aplomo, incluso amenazando con sentenciar a la contra. Fue el cierre perfecto a una segunda parte de madurez competitiva: control sin balón, pegada arriba y carácter de equipo grande para llevarse un triunfo de enorme valor en Europa.
