La selección de Ucrania ha tenido que reinventarse una y otra vez y, en ese contexto, Nicole Kozlova destaca por algo más que su capacidad ofensiva. Nació y creció en Norteamérica, se formó en el exigente fútbol universitario de Estados Unidos y más tarde dio el salto a Europa para jugar en el Glasgow City. Todo apuntaba a que su carrera seguiría ese recorrido internacional.
Pero cuando tuvo que decidir a qué país representar, pensó en su familia, en sus raíces y en lo que sentía propio. Eligió jugar con Ucrania porque esa camiseta también forma parte de quién es. Fue una decisión del corazón.
La delantera ucraniana no podrá estar presente en el próximo compromiso ante La Roja después de sufrir una grave lesión en el ligamento cruzado anterior durante el partido que enfrentó a Ucrania con Inglaterra el pasado 3 de marzo. La jugadora tuvo que abandonar el encuentro tras una acción desafortunada y las pruebas médicas posteriores confirmaron la rotura, que la obligará a permanecer varios meses alejada de los terrenos de juego.
Formada en dos mundos
Nicole Kozlova se formó en un contexto muy distinto al del fútbol europeo. En Estados Unidos vivió la exigencia del deporte universitario de élite, donde entrenar es tan importante como rendir en los estudios. Ese equilibrio entre aulas y campo le dio disciplina, constancia y una mentalidad muy competitiva.
En esa etapa destacó por su capacidad para jugar tanto como referencia ofensiva como partiendo desde la banda y su facilidad para atacar en transiciones rápidas. Era un perfil ideal para un fútbol físico y directo.
Cuando cruzó el Atlántico y llegó a Europa, el escenario cambió. El juego era más táctico, más estratégico y con ritmos diferentes. En Escocia, con el Glasgow City, aprendió a interpretar mejor los tiempos del partido y a tomar decisiones más precisas bajo presión.
Ese paso la acercó a la realidad europea y facilitó su integración definitiva en la selección ucraniana. Hoy representa a una generación cada vez más global: jugadoras formadas fuera que aportan nuevas perspectivas al equipo nacional.

El desafío constante
Para Kozlova, vestir la camiseta de Ucrania significa representar a un país que atraviesa un momento complejo y hacerlo con la conciencia de que cada partido tiene un valor que va más allá del resultado. Su elección implicó adaptarse a una selección que muchas veces compite lejos de casa. Integrarse en un equipo que no puede jugar con normalidad en su propio territorio exige flexibilidad, paciencia y fortaleza mental.
El día a día no es sencillo. Las concentraciones prolongadas en el extranjero, los viajes constantes y la falta de una rutina estable forman parte de la experiencia. No hay estadios llenos en casa ni la cercanía habitual de la afición, sino que se enfrentan a una adaptación continua.

Ella lo explica con claridad: “Es injusto que no podamos jugar en nuestro país. Pero al mismo tiempo estamos agradecidas de poder seguir compitiendo y de representar a Ucrania. Es una mezcla de emociones”.
La normalización de lo “imposible”
Aunque su vida se ha desarrollado lejos de Ucrania, Nicole nunca ha estado al margen de lo que ocurre allí. La distancia física no rompe el vínculo emocional. En los primeros meses del conflicto, su rutina cambió por completo. El teléfono se convirtió en una ventana constante a la incertidumbre. Noticias a cualquier hora, actualizaciones permanentes, la sensación de que todo podía cambiar en cuestión de minutos. “Al principio leía las noticias las 24 horas del día. Ahora lo que antes parecía imposible se ha vuelto una especie de normalidad, pero cuando ocurre algo más directo, te vuelve a recordar todo y te afecta”.
Con el tiempo, lo extraordinario empieza a parecer cotidiano. Y eso, reconoce, es difícil de asumir. Más aún explicarlo a quienes no lo han vivido. “Es complicado explicarlo si no lo has vivido. No sabes lo que se siente hasta que lo experimentas. A veces no encuentras las palabras, solo quieres que la gente lo entienda”.
El miedo no está presente cada segundo, pero tampoco desaparece. Llega en momentos concretos, en una noticia, en una llamada, en un mensaje inesperado. “Te asustas, piensas ‘¿y ahora qué?’, pero el día sigue. La vida sigue”. Y con ella, los entrenamientos, los partidos y la necesidad de seguir adelante.
El peso de la camiseta
Sobre el césped, Kozlova es intensidad constante. Corre, presiona, ofrece desmarques y aparece donde el equipo la necesita. Puede abrir el campo desde la banda o atacar por dentro, siempre con la sensación de que cada acción tiene un propósito. Su experiencia en distintas ligas le permite leer muy bien los partidos y adaptarse cuando el ritmo cambia o el rival exige algo diferente.
Sin embargo, cuando Ucrania salta al campo, hay una conciencia compartida que acompaña cada jugada “Cuando estamos en el campo estamos completamente concentradas en el partido, pero también sabes que estás jugando por algo más grande que tú misma”.
Esa idea añade responsabilidad, no se escudan en las circunstancias. “No lo vemos como una excusa. Intentamos hacer todo lo posible para conseguir resultados y demostrar que somos fuertes, dentro y fuera del campo”.
Para Kozlova y sus compañeras, cada encuentro es una oportunidad de representar algo colectivo.

El fútbol como pertenencia
La importancia de Nicole en el campo va más allá de lo que aporta en ataque. Kozlova simboliza el vínculo entre Ucrania y quienes crecieron lejos de sus fronteras. Representa esa identidad compartida que no depende únicamente del lugar de nacimiento, sino también de la historia familiar y del sentimiento de pertenencia. Es la prueba de que en el fútbol actual también se puede elegir dónde sentirse en casa.
En cada convocatoria, en cada alineación y en cada himno cantado con emoción contenida, recuerda que este deporte puede ser algo más que competición. Puede convertirse en un puente hacia el hogar, incluso cuando el partido se juega a miles de kilómetros.
