No hay sonido más desgarrador que el de una bomba que acaba de estallar. No es que yo lo sepa por experiencia propia, pero imagino que no es un ruido agradable. Más bien aterrador. Como si cuando lo escuchas fueras más consciente que nunca de que todo puede acabarse en cuestión de segundos. Que en un abrir y cerrar de ojos, tu vida puede tener un fin. Como si de una película de terror se tratase, aunque vivida en tus propias carnes. Algo similar a esa sensación de pánico es lo que vivieron miles de ucranianos aquel 24 de febrero de 2022 cuando Rusia atacó Ucrania. Fue el comienzo de una guerra que aún continúa.
Cuatro años después, las calles de Kiev y de otras muchas ciudades de Ucrania siguen albergando un dolor difícil de poner con palabras. Edificios destruidos y vidas que han dado un giro de 180 grados en todos los sentidos. En medio de todo aquello, el cuarto poder, el periodismo siguió informando, comunicando y contando todo aquello con la mayor objetividad del mundo. Sin olvidar que los sentimientos y la empatía por lo ocurrido se apoderaron de los testigos que vieron como Ucrania empezaba a vivir una auténtica pesadilla.
Desde Artículo 14 hemos hablado con dos periodistas deportivos para conocer de primera mano cómo es trabajar en medio de un país en guerra. ¿Cómo se cubre la información de un territorio avasallado por las bombas?. ¿Cómo es trabajar con miedo e incertidumbre?. ¿Cuánto han cambiado sus vidas laboralmente hablando? etc.
El ejercicio del periodismo en un país en guerra
No es fácil informar con miedo, con esa incertidumbre de no saber si lo que publicas con tu nombre va a tener alguna represalia. Esa constante sensación de debatir con uno mismo si debe o no publicar una determinada noticia. Como si el informar con objetividad fuera a dañar a alguien. Aunque en cierto modo, en Ucrania el periodismo y los periodistas se han visto un poco así, en ese debate de no saber muy bien qué hacer.
Sus testimonios son desgarradores pero están llenos de auténtica valentía. Este mismo periódico ha hablado con Oleksandr Proshuta, narrador ucraniano de baloncesto y con Serhiy Tsyba, editor jefe de Sport.ua., ambos han contado cómo es seguir trabajando cuando la guerra continúa en Ucrania. Cuando su país estaba completamente en la ruina tanto material como emocional, ellos siguieron informando y contando una verdad muy dolorosa.
“Trabajar como periodista durante la guerra no es fácil. Vivir en esta situación, tampoco lo es. No empezamos esta guerra, ni elegimos vivir en guerra, pero tuvimos que aprender a trabajar en ella”, confiesa Proshuta.
“La situación nos tiene muy limitados. Una parte del país está ocupada, no podemos viajar libremente y siempre debemos estar atentos a posibles ataques con misiles. El ambiente no es tranquilo, ni pacifico. No es una situación normal, pero llevamos ya cuatro años y nos hemos acostumbrado”, explica Oleksandr.
Por su parte, su compañero de profesión Serhiy Tsyba también cuenta su experiencia trabajando en Ucrania. “No es fácil psicológicamente vivir y trabajar en un país que lleva cuatro años en guerra. El tema de la seguridad preocupa, todos estamos pendientes de nuestras familias. Todos nos sentimos igual, es difícil para todos, aunque para los militares es todavía más complicado que están en el frente”, cuenta.
¿Informar con miedo o no hacerlo?
En medio de toda situación, el miedo fue uno de los sentimientos o de las sensaciones más frecuentes entre los ucranianos. También para nuestros protagonistas. La libertad de expresión se vio censurada, tenían que tener cuidado con lo que publicaban y cómo lo hacían. Oleksandr reconoce que tienen prohibido subir cualquier cosa en redes sociales con respecto a la guerra. “No podemos subir nada de imágenes sobre cohetes o misiles en el momento que ocurren. No es una norma solo para periodistas, si no para todos”, confiesa.
“Durante el primer mes de guerra, nuestro sitio web no funcionó con normalidad. Y, nosotros no pensamos en la información, solo queríamos que todo acabará. Actualmente, en algunos lugares solo hay electricidad durante 3- 4 horas al día. Planificamos nuestro trabajo para poder terminar de escribir noticias cuando haya electricidad e internet”, recuerda Tsyba.

Y, ambos se encargaban de cubrir el deporte ucraniano, un sector del periodismo que no está estrechamente relacionado con el régimen político, aunque todo afecta. Sobre justamente el periodismo deportivo, ambos comunicadores tienen mucho que contar y hablan sin pelos en la lengua sobre todo el proceso que han tenido que vivir para seguir ejerciendo su profesión en medio de un país en guerra.
¿Cómo es el periodismo deportivo en un país en guerra?
Muchas prohibiciones y restricciones es lo que se vive en Ucrania, el periodismo deportivo no está exento de ello. Oleksandr desvela uno de los grandes secretos de la invasión rusa. “A veces se intenta no revelar el lugar exacto donde se celebran ciertos eventos. Cuando el fútbol ucraniano se reanudó en el verano de 2022, algunos militares dijeron que no se podían retransmitir los partidos en directo por el riesgo de ataques. Ahora mismo todo es normal en el deporte, aunque a veces se detienen los encuentros por alertas áreas”.
“El deporte en Ucrania está sobreviviendo. Es verdad que muchos deportistas han abandonado el país, especialmente en el este donde la guerra es más intensa. Además es peligroso, hay misiles que han impactado en piscinas o estadios. En cuanto a los equipos intentamos ser lo más comprensivos y menos críticos. El tono de la cobertura es más cálido y más solidario que antes de la guerra”, relata.
Además, como la movilidad por los distintos territorios ucranianos no es nada sencilla. Es más los hombres entre 23 y 60 años no puede cruzar la frontera con total libertad. “Tienen que pedir un permiso al ministerio, presentar documentos y recibir autorización para salir del país. En mi caso, he podido viajar y volver, pero es complicado porque no hay vuelos desde Ucrania, tengo que ir a Polonia, Rumanía o Hungría en tren y continuar desde ahí”, explica el rompecabezas que tiene que hacer cuando sale de Ucrania por trabajo.
Aparte de la dificultad para viajar, ambos periodistas han tenido que cambiar sus rutinas a la hora de cubrir un determinado partido de fútbol o una competición deportiva. En el caso de Tsyba, al tensión informativa puede durar casi la mitad de su jornada laboral. “Tenemos problemas con la electricidad. Debido a amenazas de misiles, algunos partidos pueden llegar a durar 5-6 horas. Todo el mundo espera que esté seguro para continuar el encuentro, lo que hace sea bastante difícil para todos, especialmente para los periodistas”. Proshuta reconoce que duerme mal porque los ataques ruso ocurren por la noche. “Los partidos a veces se detienen y pueden durar 15 minutos o horas, esto rompe totalmente el trabajo y la falta de sueño es lo que más afecta a la rutina”.
“Algunos de mis compañeros se han unido al ejército para defender a Ucrania. Uno de mis amigos periodistas, Haptar dejó de cubrir un partido para volver a Ucrania y unirse al ejército”, afirma Tsyha.
“Tengo que decidir si ir a un partido o no por el riesgo”
Y, como estamos observando hacer periodismo en Ucrania (independientemente de la sección que sea) no es nada sencillo. En muchas ocasiones los periodistas se ven metidos en una encrucijada difícil de resolver, ir o no ir a un determinado evento deportivo. Muchas veces son ellos mismos los que tienen que decidir si el riesgo es demasiado alto o no, deciden por encima de lo que les digan sus propios medios de comunicación.
“Dentro del país hay preocupación por la seguridad. Hay equipos que juegan en sus ciudades que están a unos 70 kilómetros del frente. Yo a veces tengo que decidir si ir a cubrir un partido o el riesgo es demasiado alto. Cancelé viajes porque no consideré que fueran seguros”, recuerda Oleksandr.

Sin embargo, Tsyba afirma que no ha salido de Ucrania desde que empezó la guerra. “Mientras haya guerra en nuestro país, quiero estar aquí. Algunos compañeros viajan pero yo llevo cuatro años sin hacerlo, quiero estar con mi familia”.
Asimismo, ambos coinciden en una cosa, la valentía de sus jugadores ucranianos y de los combinados nacionales de Ucrania. “No creo que tengan miedo cuando juegan por Ucrania pero sí tienen presión psicológica. Los atletas entienden que su papel no se limita solo a competir, sino que también deben recordar al mundo que ocurre en Ucrania y atraer la atención de los medios internacionales. No se nos puede olvidar que seguimos en guerra”, concluyen.
