La palabra reestructuración se ha vuelto casi rutinaria en la industria tecnológica, pero lo ocurrido en Block esta semana rompe el guion habitual. Su fundador y consejero delegado, Jack Dorsey, anunció en una publicación en X un recorte drástico: la empresa pasará de una plantilla de más de 10.000 personas a poco menos de 6.000, lo que implica el despido de cerca de 4.000 empleados, casi la mitad de la compañía. Y lo hizo subrayando un matiz que, por sí solo, explica el ruido: la decisión llega “a pesar de la solidez del negocio” y del crecimiento de las ganancias de la fintech.
En un sector acostumbrado a rondas sucesivas de ajustes, el movimiento de Block destaca por su brutalidad y por su intención declarada. Dorsey no solo recorta: plantea una filosofía. Prefiere un golpe único, “firme y claro”, antes que una reducción lenta que mantenga a la organización en estado de alarma permanente.
Un recorte “de una sola vez” para evitar la fatiga del despido
Dorsey justificó el despido masivo con un argumento que busca diferenciar a Block del manual clásico de Silicon Valley: las rondas repetidas “son destructivas” para la moral, la concentración y la confianza de clientes y accionistas. En su memorando, insistió en que prefiere actuar ahora y partir después “de una posición en la que creemos” en lugar de gestionar un goteo de recortes hacia el mismo resultado.
La idea tiene un punto de lógica empresarial: el despido continuo genera ansiedad crónica, baja productividad y una cultura de supervivencia. Un profesor de administración citado en la fuente señalaba que, precisamente por esa “fatiga”, resulta preferible ejecutar una sola reducción grande en vez de varias pequeñas. Pero el tamaño del corte —por encima del 40%— convierte la medida en una maniobra extrema incluso para los estándares del sector.
Aun así, el mensaje de Dorsey está claro: Block intenta cerrar de golpe un capítulo y abrir otro, sin meses de incertidumbre.
Indemnizaciones y condiciones: el “colchón” para los afectados
El paquete para los despedidos también forma parte del relato. Según explicó Dorsey, los empleados recibirán 20 semanas de salario base, más una semana adicional por cada año de antigüedad. Además, el capital seguirá consolidándose hasta finales de mayo, contarán con seis meses de cobertura médica, podrán quedarse con sus dispositivos corporativos y recibirán un pago adicional de 5.000 dólares.
we’re making @blocks smaller today. here’s my note to the company.
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today we’re making one of the hardest decisions in the history of our company: we’re reducing our organization by nearly half, from over 10,000 people to just under 6,000. that means over 4,000 of you are…
— jack (@jack) February 26, 2026
Ese enfoque refuerza el mensaje corporativo: si el recorte es gigantesco, al menos pretende estar acompañado de condiciones que amortigüen el impacto inmediato. Para los trabajadores, sin embargo, el detalle no tapa la realidad: Block ha decidido que puede operar con casi la mitad de personal. Y eso abre una pregunta incómoda para todo el sector: si una compañía asegura estar fuerte y aun así recorta a ese nivel, ¿qué harán las demás cuando la presión sea real?
La IA como argumento central: equipos más pequeños, estructura más plana
Aquí aparece el verdadero núcleo del movimiento. Dorsey enmarca la decisión dentro de una transición de época: “Ya estamos viendo que las herramientas de inteligencia que estamos creando y utilizando, combinadas con equipos más pequeños y planos, están posibilitando una nueva forma de trabajar que cambia fundamentalmente lo que significa construir y dirigir una empresa”.
En otras palabras: Block se presenta como adelantada a una tendencia que, según Dorsey, terminarán adoptando todas las compañías. En la presentación de resultados, insistió en que más empresas seguirán el ejemplo y usarán la IA para ganar eficiencia. El recorte masivo sería, desde este prisma, menos un ajuste defensivo y más una forma de rediseñar la compañía para el mundo que viene.
Mercado e inversores: el incentivo de “parecer listo” ante la IA
El anuncio no se quedó en el plano laboral. Las acciones de Block subieron más del 20% en las operaciones fuera de horario, un síntoma de que el mercado leyó el recorte como una señal de disciplina, eficiencia futura y capacidad de adaptación.
Esa reacción alimenta otra idea que circula ya en el sector: que puede abrirse una especie de competición entre directores ejecutivos para convencer a los inversores de que su empresa está mejor posicionada que sus rivales para sacar partido a la IA. Un profesor de finanzas citado en la fuente lo planteaba en esos términos: demostrar esa preparación puede convertirse en una carrera, y los despidos masivos podrían funcionar como una forma relativamente “barata” de exhibirla.

En X, una inversora también lo sugirió con crudeza: si esto se extiende por las empresas cotizadas, habrá que repensar cómo se reparte la propiedad y la exposición a los beneficios cuando el número de empleados caiga de forma drástica.
El contexto: miedo al futuro del trabajo y profecías enfrentadas
Los despidos de Block llegan tras un informe viral de la firma de investigación Citrini (publicado el 22 de febrero) que disparó temores sobre el impacto de la IA y provocó una caída en las acciones. El escenario descrito en ese informe planteaba que la IA podía seguir creciendo y, al mismo tiempo, resultar perjudicial para la economía en general. En ese clima, la decisión de Dorsey se interpreta también como una respuesta a una conversación que ya está instalada: qué ocurre cuando la productividad se dispara, pero el empleo no acompaña.
Varios líderes tecnológicos vienen alimentando esa idea. El consejero delegado de Anthropic ha hablado de un posible “baño de sangre” en el trabajo de cuello blanco. Mark Zuckerberg ha defendido que la IA cambia lo que un solo empleado puede lograr. Y empresas como Klarna han sido todavía más explícitas: su CEO ha afirmado que su plantilla se redujo a la mitad en cuatro años y que seguirá cayendo, con la previsión de bajar de 2.000 empleados en 2030.
La otra cara del debate, sin embargo, recuerda que el futuro no está escrito en una sola dirección. El Informe de Riesgo Global 2026 del Foro Económico Mundial prevé desplazamientos masivos de trabajadores hasta 2030, pero también la creación de nuevos empleos, con un saldo neto positivo. La incógnita no es si habrá cambio, sino quién paga el coste del puente entre lo viejo y lo nuevo.
