La industria europea de la defensa vive un momento de transformación. La Unión Europea acelera el rearme al calor del aumento generalizado de los presupuestos militares y de seguridad de los Estados miembros. Y en este contexto, Indra estudia una alianza estratégica con Santa Bárbara Sistemas para crear un grupo con capacidad para optar a programas valorados en más de 14.000 millones de euros.
La operación, que podría articularse a través de una posible joint venture (una empresa compartida entre las partes implicadas), supone un giro para ambas compañías. Para Indra, representa la posibilidad de reforzar de forma inmediata su capacidad industrial para fabricar vehículos blindados, sistemas de artillería y otros equipos terrestres. Para Santa Bárbara, abre la puerta para consolidar el papel que históricamente ha desempeñado como principal fabricante de vehículos militares del Ejército español.
Aunque el detonante de las conversaciones son los programas de artillería del Ministerio de Defensa, valorados en unos 7.200 millones de euros, el alcance potencial del acuerdo es mucho mayor.
Sobre la mesa aparecen también proyectos como el blindado 8×8 Dragón, el Vehículo de Apoyo de Cadenas (VAC), la modernización y mantenimiento de los carros Leopard o futuros programas de vehículos terrestres para España y otros países europeos.
Pero el verdadero objetivo es crear un gran grupo industrial capaz de competir en un mercado europeo que avanza hacia la concentración de empresas y en el que Bruselas impulsa una mayor consolidación industrial. Y todo podría desarrollarse coincidiendo con la presentación del nuevo plan estratégico de Indra para después del verano.
La compañía ha reforzado su presencia industrial con adquisiciones e inversiones, pero levantar nuevas instalaciones y alcanzar ritmos elevados de fabricación requiere tiempo.
Ahí es donde Santa Bárbara aporta una ventaja inmediata.

La empresa dispone de cerca de 400.000 metros cuadrados de instalaciones industriales repartidas principalmente entre Trubia (Asturias) y Alcalá de Guadaíra (Sevilla), donde fabrica e integra vehículos blindados, sistemas de artillería y realiza pruebas de los principales programas terrestres españoles.
Además, según la propia compañía, esas instalaciones podrían aumentar significativamente su capacidad productiva si aumenta la demanda.
Detrás de Santa Bárbara está un gigante militar. Forma parte desde hace más de dos décadas del grupo estadounidense General Dynamics, uno de los mayores contratistas de defensa del mundo, cuya CEO es una mujer, Phebe N. Novakovic, considerada una de las ejecutivas más influyentes del sector.
Asumió la presidencia ejecutiva en enero de 2013 y un año después fue nombrada también presidenta del consejo de administración, concentrando ambos cargos.
General Dynamics desarrolla una actividad muy diversificada. Diseña y fabrica carros de combate Abrams y submarinos nucleares de las clases Virginia y Columbia, también vehículos blindados, sistemas de mando y control, soluciones de ciberseguridad, tecnologías espaciales y los conocidos aviones ejecutivos Gulfstream.
El grupo factura más de 47.000 millones de dólares anuales, emplea a más de 110.000 personas y suministra equipos tanto al Departamento de Defensa estadounidense como a numerosos países aliados.
Antes de incorporarse a la compañía, Phebe N. Novakovic desarrolló una larga carrera vinculada a la seguridad nacional estadounidense. Trabajó en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y posteriormente ocupó distintos puestos de responsabilidad en el Departamento de Defensa y en la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca.
Durante su mandato, la compañía ha reforzado su posición en el mercado en un contexto de fuerte aumento del gasto militar en Estados Unidos y Europa.
Y esta posible alianza también coincide con una nueva etapa en Indra. Tras los recientes cambios en su cúpula directiva, la compañía prepara un nuevo plan estratégico con el objetivo de reforzar su posición como uno de los principales grupos industriales españoles del sector de la defensa.
Si el acuerdo termina materializándose, no solo contribuiría a desbloquear un conflicto empresarial que afectaba a algunos de los principales programas del Ejército español. También supondría el nacimiento de una alianza con capacidad para competir en algunos de los mayores contratos de defensa que se adjudicarán en Europa durante la próxima década.

