Banca

El móvil empieza a comerse a la tarjeta en España, pero el efectivo se resiste a desaparecer

Bizum domina los pagos entre particulares entre los menores de 45 años mientras el móvil gana terreno rápidamente en los comercios físicos

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Durante años, la transformación de los pagos en España parecía seguir una dirección bastante sencilla: el efectivo perdía terreno y la tarjeta ocupaba su lugar. La realidad está resultando algo más compleja. El dinero en metálico continúa resistiendo como el principal medio de pago en los establecimientos físicos, mientras un nuevo competidor comienza a amenazar directamente al plástico: el teléfono móvil. Y en ese cambio, Bizum se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la nueva forma de mover dinero.

Los últimos datos del Banco de España dibujan perfectamente esta transición. En 2025, el 57% de los consumidores seguía señalando el efectivo como su medio principal de pago en los establecimientos físicos. Un año antes era el 59%. La tarjeta bancaria, tradicional alternativa al dinero en metálico, también retrocedió: pasó del 30% al 27%. Mientras tanto, los dispositivos móviles avanzaron del 11% al 15% en apenas doce meses.

El cambio resulta todavía más evidente cuando se amplía ligeramente la perspectiva. Según el Banco de España, en 2023 los dispositivos móviles eran el medio principal para aproximadamente el 8% de la población. Dos años después superan ya el 15%. El móvil prácticamente ha duplicado su peso, mientras efectivo y tarjetas físicas pierden lentamente presencia en el momento de pasar por caja.

Eso no significa que la tarjeta esté desapareciendo. España tenía 126 millones de tarjetas de pago al terminar el segundo semestre de 2025, un 10,2% más que un año antes y unas 2,5 por habitante. Además, las operaciones con tarjeta todavía representan el 65,9% del número de pagos realizados con instrumentos distintos del efectivo. La transformación se está produciendo en otro nivel: cada vez es menos necesario sacar físicamente la tarjeta del bolsillo para utilizarla.

El móvil empieza a sustituir al plástico

Apple Pay, Google Pay, las aplicaciones de los bancos y ahora también Bizum permiten que una parte creciente de las operaciones se complete acercando simplemente el teléfono al terminal. En muchos casos, detrás del pago móvil continúa existiendo una tarjeta digitalizada. El Banco de España distingue, sin embargo, entre el uso de la tarjeta física y el dispositivo móvil como forma principal de pago, y ahí es donde se observa con claridad el cambio de comportamiento.

Las razones tampoco resultan especialmente misteriosas. El propio Banco de España señala la rapidez y la comodidad entre los principales motivos que impulsan el uso de los dispositivos digitales. Un móvil está prácticamente siempre a mano, permite autenticar el pago mediante huella o reconocimiento facial y reduce un gesto que hasta hace pocos años parecía imprescindible: abrir la cartera.

Pero si existe un ámbito en el que el cambio resulta todavía más visible es el de los pagos entre personas. Ahí Bizum ha conseguido alterar en menos de una década una costumbre profundamente asentada. En 2024, el efectivo era el medio más habitual para pagar a familiares, amigos o conocidos para el 63% de los españoles, frente al 33% de Bizum. Un año después, la distancia se había reducido sustancialmente: 57% para el efectivo y 37% para Bizum.

La transferencia bancaria convencional apenas representa el 2% de esos pagos entre particulares. El dato ayuda a explicar la verdadera dimensión de Bizum: no ha sustituido tanto a la transferencia tradicional como a muchos pequeños movimientos de dinero que antes se resolvían entregando monedas y billetes.

Dividir una cena, devolver veinte euros, pagar una entrada comprada por otra persona o enviar dinero a un familiar ya no requiere llevar efectivo ni conocer un número de cuenta. Basta con seleccionar un contacto en el teléfono. Esa facilidad ha convertido incluso el nombre de la plataforma en un verbo cotidiano: «hacer un bizum» forma ya parte del lenguaje habitual de millones de personas.

Bizum gana la batalla entre los menores de 45 años

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Pago con Bizum Pay.

El componente generacional resulta especialmente revelador. El estudio del Banco de España establece que Bizum ya es el medio preferido para los pagos entre particulares entre las personas menores de 45 años, además de entre quienes cuentan con estudios superiores. El efectivo conserva el liderazgo en el conjunto de la población porque mantiene una posición mucho más fuerte entre las personas de mayor edad.

Esa diferencia explica también por qué el dinero físico se resiste a desaparecer. Para una parte importante de la población, pagar en metálico continúa siendo una costumbre profundamente arraigada. El Banco de España destaca entre sus ventajas percibidas la comodidad, el control de los gastos, la privacidad y la posibilidad de utilizarlo incluso cuando falla un sistema electrónico.

En los establecimientos físicos, el 55% de la ciudadanía continuaba utilizando efectivo diariamente en 2025. Y existe además un pequeño núcleo de consumidores para quienes el dinero físico es prácticamente insustituible: alrededor del 10,7% utiliza únicamente efectivo para sus compras. La digitalización avanza, pero no a la misma velocidad para todas las edades, territorios ni niveles educativos.

La batalla, además, acaba de incorporar un nuevo frente. Durante años, Bizum estuvo asociado fundamentalmente al envío instantáneo de dinero entre particulares y, posteriormente, al comercio electrónico. En 2026 ha comenzado a entrar directamente en las tiendas físicas mediante Bizum Pay y las aplicaciones de las entidades financieras.

En septiembre, casi 20 millones de personas ya podían utilizar Bizum para pagar presencialmente en establecimientos, aproximadamente el 60% de sus usuarios. Según la propia compañía, más de 1,6 millones de comercios —alrededor del 75% de los terminales bancarios del país— ya estaban preparados para aceptar estos pagos. Entre quienes han comenzado a utilizar la funcionalidad, la media alcanza tres operaciones semanales.

El salto al comercio físico convierte a Bizum en un actor especialmente interesante porque comienza a difuminar las fronteras entre categorías. Ya no es solamente una herramienta para enviar veinte euros a un amigo. También puede utilizarse para comprar por Internet y, cada vez más, para pagar directamente en una tienda.

Una España con 126 millones de tarjetas que empieza a dejarlas en el bolsillo

 

Bizum
Imagen de un usuario utilizando Bizum en su móvil.
Europa Press

La paradoja resume perfectamente el momento actual. Nunca habían circulado tantas tarjetas y, sin embargo, cada vez más consumidores pueden pasar días sin utilizar físicamente ninguna. El Banco de España registró 126 millones de tarjetas al finalizar el segundo semestre de 2025, mientras el número de operaciones de pago realizadas con instrumentos distintos del efectivo aumentaba un 10,8% interanual.

El móvil no está destruyendo necesariamente el ecosistema de las tarjetas. En muchas operaciones simplemente lo está ocultando al usuario. Una tarjeta guardada dentro de una cartera digital sigue formando parte de la operación aunque el consumidor únicamente vea su teléfono. Pero la llegada de sistemas como Bizum, que permiten pagar directamente desde la cuenta bancaria en determinados casos, introduce por primera vez alternativas capaces de competir también con esa arquitectura tradicional.

Mientras tanto, el efectivo continúa sobreviviendo a todas las predicciones sobre su desaparición. En 2023 era el principal medio de pago en comercios físicos para cerca del 60% de los españoles y en 2025 todavía lo es para el 57%. Pierde terreno, sí, pero a un ritmo mucho más pausado del que podría sugerir la explosión de nuevas soluciones digitales.

La fotografía que deja el cambio es, por tanto, menos radical y más interesante. España no está sustituyendo simplemente el efectivo por la tarjeta y después la tarjeta por el móvil. Los diferentes medios conviven y cada uno encuentra su espacio: el metálico conserva fuerza en los comercios y entre las generaciones de mayor edad; la tarjeta sigue dominando el volumen de pagos digitales; los dispositivos móviles crecen con rapidez; y Bizum se ha impuesto en buena parte de las relaciones económicas cotidianas entre los más jóvenes.

Quizá el gran cambio no sea qué medio de pago desaparecerá primero, sino que cada vez pensamos menos en cuál estamos utilizando. Sacar monedas, introducir una tarjeta o escribir un número de cuenta eran actos visibles. Acercar el teléfono o pulsar el nombre de un contacto convierte el movimiento de dinero en algo casi instantáneo. Y esa invisibilidad puede terminar siendo la transformación más profunda de todas.

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