En su carrera profesional, Elvira Vega ha desarrollado una trayectoria sólida en el ámbito de la acción social y la cooperación, con una amplia experiencia en la gestión de proyectos con impacto social tanto en España como en Latinoamérica. Antes de asumir la dirección general de Fundación MAPFRE, ocupó distintos puestos de responsabilidad dentro de la entidad, lo que le permitió adquirir una visión integral de sus programas y de su modelo de intervención.
En cuanto a su formación, cuenta con estudios universitarios y formación especializada vinculada a la gestión, el ámbito social y la cooperación internacional, una base académica que ha reforzado con aprendizaje continuo y experiencia sobre el terreno, y que hoy sustenta su enfoque estratégico, profesionalizado y orientado a resultados.
Vega cuenta a Artículo14 su visión del liderazgo femenino.
¿Cuál ha sido la decisión más difícil en su carrera profesional?
La decisión más difícil fue aceptar un cambio de rol que implicaba salir de mi zona de confort. En mi caso, supuso dejar mi posición en el área Corporativa de Personas y Organización de MAPFRE para asumir la Dirección General de Fundación MAPFRE, un puesto que he asumido recientemente con gran ilusión.
El reto consistía tanto en abandonar responsabilidades que dominaba como en enfrentarme a un ámbito con nuevas exigencias y una mayor responsabilidad institucional. Aun así, entendí que el crecimiento profesional requiere valentía, visión y la capacidad de adaptarse a lo desconocido.
¿Cuál es el consejo que más ignoró al inicio de su carrera y cuál fue la consecuencia? ¿Y cuál fue el más útil?
Durante mis primeros años no tuve en cuenta un consejo que hoy considero esencial: no tienes que hacerlo todo perfecto a la primera.
El deseo de hacer siempre bien las cosas, de no querer fallar, unido a mi vena perfeccionista y a la premura implícita en cada proyecto, me llevó a veces a asumir cargas por encima de mis límites. Con el tiempo comprendí la importancia de priorizar, confiar en los equipos y aprender a delegar de verdad. Precisamente ese ha sido el consejo y el aprendizaje más útil: entender que delegar no es renunciar a la responsabilidad y que es una forma de multiplicar capacidades y desarrollar talento.
¿Cuándo dejó de sentir que ya no tenía algo que demostrar y empezó a disfrutar del éxito profesional?
Ese momento llegó cuando entendí que el éxito no se mide solo por logros visibles, sino por el impacto que generas en las personas y en la organización. Hoy celebro cada avance, grande o pequeño, y me enfoco en aprender y compartir conocimiento. El reconocimiento externo es importante, pero la satisfacción personal de ver crecer a tu equipo y contribuir a proyectos transformadores es lo que realmente llena.
¿Qué mito sobre el liderazgo femenino le gustaría desterrar para siempre?
El mito de que el liderazgo depende del género. Ser un buen líder no depende de hombres o mujeres, es una cuestión de cualidades humanas y profesionales. Lo verdaderamente importante es la empatía: saber escuchar, comprender las necesidades del equipo y crear un entorno donde cada persona se sienta valorada. Liderar implica inspirar, comunicar con claridad y tomar decisiones que impulsen el crecimiento colectivo. Cuando se prioriza la colaboración y el respeto, el liderazgo trasciende cualquier etiqueta y se convierte en una herramienta para generar impacto positivo.
¿Qué hábito o ritual sigue para mantener la creatividad y la claridad mental en su día a día?
Dedico unos minutos cada mañana a ordenar prioridades y visualizar el rumbo del día. Ese pequeño ritual me ayuda a comenzar con foco y perspectiva. Además, trato de meditar a diario- Es un espacio breve pero muy eficaz para mantener la claridad mental y afrontar las decisiones con más serenidad.
¿Cuál es su fórmula para conciliar la vida profesional con la familiar?
La conciliación no es una regla fija, es más bien una cuestión de prioridades, fle-xibilidad y compartir responsabilidades. Habrá días en los que el trabajo te pida más y otros en los que la familia necesite que estés ahí. No se trata de repartir el tiempo a partes iguales, sino de estar presente donde más importa en cada momento. La conciliación es dinámica.
Un error profesional del que aprendió una lección valiosa
Dejar que lo urgente desplace lo importante. Hubo un periodo en el que las tareas del día a día absorbieron por completo mi agenda y relegué la planificación estratégica. Comprendí que, si no proteges espacios para pensar a largo plazo, se pierden los enfoques y el tiempo se diluye. Nos solemos quejar de la falta de tiempo para hacer las cosas, pero el día tiene las mismas horas para todos. Controlar tu agenda y asegurarte de que todo lo importante está ahí es fundamental.
Si el éxito profesional fuera un deporte, ¿qué tipo de entrenamiento recomendaría para jugarlo bien?
Sería como un triatlón: requiere resistencia, estrategia y adaptabilidad. Recomendaría entrenar la resiliencia para superar obstáculos, la curiosidad para aprender constantemente y la empatía para trabajar en equipo. El éxito no es una carrera individual, es un juego colectivo donde la colaboración marca la diferencia. Además, practicar la autocrítica constructiva es vital: saber cuándo ajustar el rumbo sin perder la motivación. Como en el deporte, la constancia y la preparación son más importantes que el talento innato.
Un imprescindible en el bolso
Un cuaderno pequeño y un bolígrafo. Aunque la tecnología facilita todo, escribir a mano me ayuda a ordenar ideas. Es mi herramienta para aterrizar conceptos.
Su cita o frase vital
“Haz que las cosas sucedan”. Para mí, esta frase resume la actitud que impulsa cualquier proyecto: pasar de la intención a la acción. No basta con tener buenas ideas, hay que convertirlas en realidades tangibles.


