¿Es posible cerrar el AVE Madrid-Barcelona durante dos años? Las consecuencias serían muy graves

El corredor transportó 14,4 millones de viajeros en 2025 y su interrupción obligaría a reorganizar miles de desplazamientos diarios

Billetes de Renfe en la estación - Sociedad
Un grupo de personas pasa por los tornos en la estación.
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¿Puede España permitirse tener cerrada durante dos años una de sus principales infraestructuras ferroviarias? La pregunta ha cobrado especial importancia después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, reconociera este viernes que el Gobierno estudia interrumpir temporalmente la circulación para acelerar las obras de renovación. Una posibilidad que podría tener consecuencias económicas y sociales muy importantes para millones de españoles que utilizan la línea de AVE Madrid-Barcelona.

Durante su comparecencia posterior al accidente ferroviario de Urda (Toledo), Óscar Puente admitió que el Ministerio valora sustituir su modelo habitual de mantenimiento, basado en compatibilizar las obras con el tráfico ferroviario, por otro que permita cerrar determinados tramos. «Lo que puede llevarnos cinco años hasta ahora, quizá lo reducimos a menos de 24 meses», afirmó, según recogió la Cadena SER.

Sin embargo, el Gobierno no ha aprobado el cierre completo de la línea de AVE Madrid-Barcelona durante dos años. Los 24 meses mencionados por el ministro son una estimación de cuánto podría reducirse la duración de determinadas obras. La diferencia resulta fundamental para comprender el alcance de una medida que todavía está siendo estudiada.

Casi 29 millones de viajes podrían verse afectados en dos años

La línea de AVE Madrid-Barcelona
Fotografía de archivo de la aglomeración en Atocha tras suspenderse viajes.
EFE

La magnitud del problema se comprende mejor al observar las cifras oficiales. Según el informe anual del sector ferroviario de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la línea de AVE Madrid-Barcelona registró 14,4 millones de viajeros en 2025. Esto equivale a aproximadamente 39.450 desplazamientos diarios, una cifra que demuestra la importancia de este corredor para la movilidad nacional.

Si se mantuviera ese volumen de demanda, un cierre completo de dos años afectaría potencialmente a 28,8 millones de viajes. No se trataría de 28,8 millones de personas diferentes, sino de desplazamientos que tendrían que cancelarse, aplazarse o realizarse mediante otros medios de transporte. La cifra tampoco sería aplicable automáticamente a interrupciones parciales o escalonadas.

El impacto de una suspensión ferroviaria ya pudo comprobarse el pasado 12 de octubre. Un incendio en un tren AVE a la altura de Ricla (Zaragoza) obligó a interrumpir temporalmente la circulación. Según Renfe, aquella incidencia afectó a 33 trenes y 12.979 viajeros en unas horas. Un cierre prolongado de la línea de AVE Madrid-Barcelona supondría un desafío de una dimensión considerablemente mayor.

Aviones, autobuses y carreteras: las alternativas al AVE

La primera consecuencia de una interrupción completa de la línea de AVE Madrid-Barcelona sería la necesidad de encontrar transporte alternativo para decenas de miles de desplazamientos diarios. El avión se convertiría en una de las principales opciones para viajar entre ambas capitales, aunque las aerolíneas tendrían que aumentar su oferta para absorber una parte significativa de la demanda ferroviaria.

También crecería la presión sobre los autobuses interurbanos y las carreteras. Mientras que un tren de alta velocidad conecta Madrid y Barcelona habitualmente en unas tres horas, el viaje por carretera requiere alrededor de seis o siete horas en automóvil y bastante más en determinados servicios de autobús. Los desplazamientos podrían duplicar o incluso triplicar su duración, dependiendo de la alternativa utilizada.

La red convencional tampoco podría sustituir automáticamente los servicios de alta velocidad. La línea de AVE Madrid-Barcelona utiliza ancho internacional, mientras que buena parte de las vías convencionales españolas tienen ancho ibérico. Esta diferencia limita los itinerarios disponibles para los trenes y obligaría a estudiar transbordos, rutas alternativas y material ferroviario compatible.

Además, las consecuencias no afectarían exclusivamente a Madrid y Barcelona. Zaragoza, Calatayud, Lleida y Tarragona también dependen de las conexiones ferroviarias de este corredor. Una interrupción prolongada podría perjudicar los desplazamientos laborales, los viajes familiares, el turismo y la actividad económica de estas ciudades.

Billetes más caros y posibles pérdidas económicas

La línea de AVE Madrid-Barcelona
Una imagen del abono gratuito de Renfe.
EFE

Otro efecto potencial sería el encarecimiento del transporte. La desaparición temporal de una parte importante de la oferta ferroviaria podría trasladar la demanda hacia aviones, autobuses y vehículos particulares, presionando sus precios. La CNMC calcula que el billete medio Madrid-Barcelona costó 52,89 euros en 2025, después de experimentar un incremento del 15,2% respecto al ejercicio anterior.

La suspensión también afectaría a Renfe, Iryo y Ouigo, las tres compañías que operan en la línea de AVE Madrid-Barcelona. Las empresas tendrían que reorganizar sus servicios y afrontar una posible reducción de ingresos. A ello se añadirían los efectos sobre hoteles, restaurantes, empresas y negocios vinculados a los desplazamientos entre las ciudades conectadas por el corredor.

Desde el punto de vista medioambiental, sustituir millones de viajes ferroviarios por desplazamientos aéreos o por carretera podría aumentar las emisiones contaminantes. El alcance dependería del reparto de pasajeros entre las distintas alternativas y de los servicios que continuaran funcionando.

Ahora bien, cerrar temporalmente determinados tramos también podría facilitar una renovación más rápida y profunda de la infraestructura. En marzo, especialistas de las academias de Ciencias e Ingeniería ya defendieron esta posibilidad, según publicó El País, al considerar insuficientes las ventanas nocturnas para determinadas actuaciones.

El precedente alemán demuestra que las interrupciones prolongadas son técnicamente posibles, aunque requieren desvíos ferroviarios y servicios sustitutorios cuidadosamente planificados. En España, la decisión dependerá de las obras necesarias, la capacidad de las alternativas disponibles y el coste económico de suspender el servicio.

Por ahora, el Ministerio de Transportes no ha presentado un calendario definitivo de cortes ni un plan de movilidad alternativo. Lo que está sobre la mesa es una decisión con importantes implicaciones: acelerar la renovación de la línea de AVE Madrid-Barcelona podría exigir sacrificios considerables a sus usuarios, pero la duración y el alcance real de esos sacrificios siguen sin conocerse.

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