Opinión

Hermosa, precaria juventud

Hace casi 2.500 años Sócrates, dicen que dijo que “los jóvenes hoy en día son unos tiranos; contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”

Cuando cada generación atraviesa la hermosa etapa de la juventud, se piensa, sin base ni fundamento, que nunca ha habido otra juventud anterior en la humanidad. Que la tuya es la más inquieta, la más rebelde, la más auténtica, la más decidida a hacer un mundo mejor. Pero las ha habido tan buenas como la tuya y las que vengan también lo serán. A mí me correspondió una juventud hermosa y rebelde. Nos gustaban el rock-and-roll y la libertad y, además, estábamos con uñas y dientes contra Franco y aquel país grisáceo. Nuestra vida no se adivinaba fácil, pues España era un país aislado, casi autocrático, nos parecía atrasado y sin luz. Había poco trabajo y estaba mal pagado. Pero teníamos ilusión a raudales, que nos empujaba a perseguir deseos de cambio. Igual las cosas no eran tan oscuras como creíamos. Luego todo dio la vuelta y la vida se nos puso de cara. Nos formamos, encontramos trabajo, compramos coche y vivienda, viajamos, formamos una familia y salimos para adelante más bien que mal.

Hace casi 2.500 años Sócrates, dicen que dijo que “los jóvenes hoy en día son unos tiranos; contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”. Hipócrates lo apuntilló: “los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza ninguna para lo porvenir”. Así eran, así son y así serán los jóvenes.

Lo cierto es que a los jóvenes de hoy les espera un futuro incierto, dominado por la falta de ilusión, por la ausencia de progreso, por la pérdida de un mañana mejor. En su brillante ensayo “Los hijos de los boomers”, Estefanía Molina nos describe una juventud sin esperanza, con magros sueldos y sin posibilidad de acceso a la vivienda, una juventud a la que le cuesta acceder a esa cómoda condición de formar parte de la clase media.

La cuestión preocupa a la sociedad, pues una juventud desilusionada presagia un futuro desnortado. Distintos estudios analizan el fenómeno en los últimos meses y, si buscásemos un denominador común, diríamos que el pronóstico es malo. Y lo peor de todo, es que ya no se abordan las románticas batallas o sueños juveniles de libertad o cambios sociales. No, se trata de cuestiones tan prosaicas como el pan y el techo.

PwC acaba de publicar la primera edición de un Indicador Sintético de la Juventud, que compara la situación social y económica de los jóvenes actuales con la de generaciones anteriores, analizando demografía, mercado de trabajo, educación y vivienda. Toma 1995 como referencia. La conclusión es categórica: “la situación de los jóvenes españoles ha empeorado 17 puntos en 2024 respecto al año 1995, lo que pone de manifiesto que los jóvenes se encuentran en un momento social y económico peor que hace treinta años”. La crisis financiera de 2008 marcó un punto y aparte que queda lejos de cerrarse.

La vivienda se lleva la palma, con un valor negativo de 78 frente a hace 30 años. “La fuerte caída de las viviendas terminadas y el empeoramiento de la ratio entre población y vivienda reflejan una escasez creciente. A ello se suma el aumento del precio de compra y del alquiler”, señalan los autores del informe. Tras la vivienda la demografía, con 21 puntos y el mercado de trabajo, con10 puntos presentan el comparativo más perjudicial para la juventud actual. Solo la educación presenta un saldo favorable, con 19 puntos a favor. En demografía, observan que disminuye el peso de la población joven, desciende la natalidad y la fertilidad, y aumenta el desequilibrio entre jóvenes y mayores. En mercado de trabajo, no sólo resalta las dificultades del acceso al empleo, sino también su calidad, por la parcialidad y la temporalidad involuntaria. En educación, destacan la reducción del abandono escolar y de la tasa de ninis junto al mayor peso de la formación profesional y de los estudios superiores.

La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez.
KiloyCuarto

Unas jornadas organizadas conjuntamente por el Consejo General de Economistas y FEDEA analizaron la situación económica de los jóvenes. Destacaron que mientras su renta ha caído un 10% desde 2008, la de los mayores de 65 años había crecido un 8%. Aportaron datos que, por sí solos, evidencian la situación. Por ejemplo, la tasa de temporalidad de los contratos supera el 60% entre los menores de 30 años, su salario medio es un 27% inferior al del conjunto nacional y el 46% trabajan con contratos temporales. Sueldos bajos y empleos precarios marcan la vida laboral de nuestra juventud.

No es que quiera ser agorero, pero otro informe del Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, analizando datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) proyecta nubes negras sobre el horizonte. En la actualidad, España cuenta con una población de unos cinco millones entre los seis y los quince años. Aplicando la tasa de actividad para menores de 25 años de la encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) de un 38%, se estima que sólo 1,8 millones de estos jóvenes accederán a la población activa en los próximos diez años. El mismo INE señala que los jóvenes entre 25 y 30 años ganan un 20% menos de lo que percibía la generación de sus padres. El promedio actual es de unos 21.000 euros mientras el de sus progenitores se elevaba por encima de los 26.000. Por supuesto, la media actual de los jóvenes es muy inferior a la nacional situada en un salario de 28.000. Su capacidad de ahorro se estima en ocho veces inferior a la que tuvieron sus padres. Si nos vamos a patrimonio, los datos también son reveladores. Los menores de 35 años presentan una riqueza neta un 73% inferior a la de anteriores décadas, mientras la de los mayores de 74 años se ha duplicado.

Fernando Savater, nuestro filósofo de cabecera, dice que “la juventud siempre está de moda”. No le falta razón. El drama actual no es que lo esté por su rupturismo, por su rebeldía, por su belleza, por su búsqueda de nuevas fronteras; lo está por la escasez, la precariedad y la aspereza. Les cuesta encontrar el sustento, la independencia, el techo y el futuro. Malos tiempos para la lírica, cantaba Golpes Bajos cuarenta años atrás cuando ser joven no sólo estaba de moda, sino que era un buen negocio.