El impacto de la IA en el empleo ya no es una hipótesis lejana ni una conversación abstracta sobre el futuro. Por primera vez, un gran informe centrado en España pone cifras concretas al efecto que la inteligencia artificial puede tener sobre el mercado laboral durante la próxima década. Y el dato es contundente: la IA podría provocar la destrucción bruta de entre 1,7 y 2,3 millones de puestos de trabajo en el horizonte 2025-2035, según un estudio publicado por Funcas.
La cifra impresiona, pero conviene leerla bien. El informe no dice que millones de personas vayan a quedarse sin empleo de un día para otro. Lo que plantea es que una parte importante de las tareas que hoy realizan trabajadores humanos puede ser asumida por sistemas de inteligencia artificial. Eso puede traducirse en despidos, en menos contrataciones, en jubilaciones que no se cubren o en una reorganización profunda de muchas empresas.
El impacto de la IA en el empleo será, por tanto, desigual. No afectará igual a todos los sectores ni a todos los perfiles profesionales. La gran paradoja es que los empleos más expuestos no son necesariamente los más precarios o físicos, sino muchos trabajos de oficina, gestión, análisis y administración que durante años parecían protegidos frente a la automatización.
Los trabajadores más expuestos a la IA
Según Funcas, los grupos más vulnerables son los empleados administrativos y los técnicos de nivel medio y superior. Es decir, perfiles que trabajan con documentos, datos, informes, atención escrita, procesos internos, análisis de información o tareas repetitivas de gestión.
La razón es sencilla: la inteligencia artificial generativa no solo automatiza movimientos mecánicos. También redacta, resume, traduce, clasifica, compara datos, responde consultas y genera contenidos. Eso coloca en una posición delicada a muchos trabajadores cuyo valor dependía hasta ahora de manejar información de forma rápida y ordenada.

El impacto de la IA en el empleo puede sentirse especialmente en:
- Departamentos administrativos
- Asesorías
- Consultoras
- Atención al cliente
- Servicios jurídicos básicos
- Recursos humanos
- Marketing
- Comunicación
- Programación
- Análisis financiero
No significa que todos esos empleos vayan a desaparecer, pero sí que muchas de sus tareas pueden reducirse o transformarse. En ese nuevo escenario, una empresa puede necesitar menos personas para hacer el mismo trabajo. También puede exigir competencias distintas: saber usar herramientas de IA, revisar sus resultados, detectar errores, aportar criterio humano y tomar decisiones donde la máquina no basta.
No todo será destrucción de empleo
El informe también introduce un matiz importante: la IA no solo destruye puestos, también puede crear otros. Algunas estimaciones citadas por Funcas apuntan a la aparición de alrededor de 1,61 millones de nuevas ocupaciones vinculadas a la inteligencia artificial, lo que compensaría una parte relevante del empleo destruido.
Ahí está la clave. El impacto de la IA en el empleo no será solo una historia de sustitución, sino también de adaptación. Habrá puestos que desaparezcan, otros que cambien por completo y otros nuevos que todavía están naciendo. La diferencia estará en la velocidad con la que trabajadores, empresas y administraciones sean capaces de prepararse.
Los perfiles con mayor capacidad de adaptación pueden salir reforzados. Un profesional que sepa usar la IA para ahorrar tiempo, mejorar procesos o tomar mejores decisiones será más competitivo. En cambio, quienes realicen tareas muy repetitivas y no incorporen nuevas habilidades pueden quedar más expuestos.
Una brecha laboral entre quienes se adapten y quienes no

España parte de una situación particular. El mercado laboral ha alcanzado cifras históricas de ocupación en los últimos años, pero la adopción de la IA por parte de las empresas se está acelerando. El estudio de Funcas analiza precisamente esa combinación: un país con mucho empleo, pero también con una transformación tecnológica que empieza a tocar tareas muy comunes en la economía diaria.
El riesgo no está solo en la destrucción de empleo. También está en la brecha que puede abrirse entre trabajadores. Por un lado, quienes dominen las nuevas herramientas. Por otro, quienes vean cómo una parte de su trabajo pierde valor porque puede hacerse más rápido y más barato con inteligencia artificial.
Y por eso, el impacto de la IA en el empleo obliga a mirar más allá del miedo. La pregunta no es solo cuántos puestos se perderán, sino qué tipo de formación hará falta, qué sectores necesitarán protección, cómo se acompañará a los trabajadores más vulnerables y qué papel tendrán las empresas en esta transición.
