Barbie hace tiempo que dejó de ser el símbolo de una feminidad inalcanzable y poco realista. Aquella imagen de mujer objeto, perfecta y distante, ha dado paso a un universo mucho más amplio, en el que la muñeca es hoy sinónimo de mujer empoderada, profesional, deportista y diversa, con identidad propia.
Mattel la ha convertido en un reflejo de la pluralidad de la sociedad: mujeres de distintas razas, cuerpos, capacidades físicas, profesiones y disciplinas deportivas. Barbie ya no solo es doctora, ingeniera o astronauta; también es atleta y referente de inclusión.
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Ese camino hacia la representación real acaba de sumar un nuevo hito con el lanzamiento de la primera Barbie con autismo, una muñeca diseñada para visibilizar y normalizar desde el juego las distintas formas de percibir, comunicarse y relacionarse con el mundo.
Para el proyecto, Mattel se ha asociado con Noemí Navarro, influencer y fundadora de la plataforma Madretea, madre de un niño con autismo y referente en la visibilización del TEA en redes sociales.
La muñeca incorpora características propias de las personas con autismo como una mirada ligeramente desviada hacia un lado. También cuenta con articulaciones especiales en los codos y muñecas para representar movimientos repetitivos, auriculares con cancelación de ruido, un objeto antiestrés y una tableta con aplicaciones de comunicación aumentativa y alternativa. Su vestimenta está pensada desde la sensibilidad sensorial: vestido holgado de rayas moradas, mangas cortas, falda fluida para reducir el contacto con la piel y zapatos planos para facilitar la estabilidad.
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Este lanzamiento se suma a una tendencia más amplia de Mattel de lanzar productos que reflejen experiencias diversas y realidades no siempre representadas en los juguetes tradicionales. Ejemplos previos incluyen muñecas con síndrome de Down, con diabetes tipo 1, con prótesis, audífonos o en silla de ruedas.
La muñeca ha sido desarrollada en colaboración con la Red para la Autodeterminación Autista (ASAN), organización sin ánimo de lucro dirigida para personas autistas. Está integrada en la línea Barbie Fashionistas, que ya cuenta con más de 175 modelos con diversidad de cuerpos, tonos de piel y rasgos físicos.
Los niños pueden divertirse a la vez que normalizan las diferentes tipologías de personas a través del juego.
Una iniciativa que funciona además como negocio. Los productos con valor social conectan con las familias y generan buena reputación y fidelidad de la marca. En un mercado saturado de productos, diferenciarse de esta forma, a través de la inclusión, puede expandir las ventas de toda la marca.
Las grandes compañías de juguetes no solo compiten en creatividad, innovación o calidad. Incorporar la inclusión en el diseño de productos permite a Mattel posicionarse frente a competidores que buscan captar la atención de consumidores cada vez más concienciados con temáticas de diversidad.
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Una apuesta por la mujer que no solo se traslada a su muñeca más fashion sino también al organigrama de la empresa. En mayo de 2024, Mattel nombró a Karen Ancira como vicepresidenta Ejecutiva, posición en la que lidera funciones globales de recursos humanos, cultura organizacional y programas de diversidad, equidad e inclusión. Ancira, con experiencia previa en compañías como Yum! Brands y PepsiCo, tiene un historial de creación de culturas progresistas y enfoques centrados en la equidad dentro de las organizaciones.
En un contexto de mercado global complejo, el movimiento de Mattel refleja cómo una estrategia que abraza la inclusión puede convivir con los objetivos comerciales tradicionales. Una muñeca que no es solo un juego sino un símbolo de inclusión y empatía para los niños que algún día se convertirán en adultos y normalicen las diferencias.


