Inversión

¡Pokémon, te elijo a ti! Las cartas se suman a Rolex y LEGO como objetos de inversión

Las cartas Pokémon acumulan una subida de más del 1.600% desde 2020 y una sola pieza ha llegado a venderse por 16,5 millones de dólares

Artículos de coleccionismo.
Artículos de coleccionismo.
KiloyCuarto

Es domingo por la mañana en la plaza de Quintana, en Madrid. Niños acompañados por sus padres, coleccionistas y vendedores vuelven a reunirse con álbumes, cromos y cartas en las manos para buscar las piezas que les faltan y cambiar las que tienen repetidas. Entre los tradicionales cromos de fútbol aparecen también las cartas Pokémon, la versión más visible de un coleccionismo que ha dejado de limitarse a completar un álbum y que está moviendo cada vez más dinero fuera de España.

A miles de kilómetros, en una tienda de Manhattan, los sobres de Pokémon de 15 dólares se venden junto a los boletos de lotería. Un cliente compra seis de golpe y otro abre el suyo allí mismo y encuentra una carta valorada en 90 dólares. Entre aquella plaza madrileña donde todavía se intercambian repetidos y esa tienda neoyorquina ha aparecido un mercado en el que las mismas cartas se compran también esperando que aumenten de precio y donde ya se habla de rentabilidad, carteras, índices y liquidez con una naturalidad cada vez más parecida a la del mercado de acciones.

Las cifras explican por qué. Morgan Stanley valoró el mercado de los objetos de colección en unos 100.000 millones de dólares a finales de 2025, mientras Card Ladder, una plataforma especializada en seguir y analizar los precios de las cartas coleccionables, calcula que las de Pokémon acumulan una revalorización del 1.634% desde 2020.

El 30º aniversario de Pokémon ha terminado de disparar esa fiebre. Logan Paul, un conocido profesional de la lucha libre en Estados Unidos y estrella de YouTube, pagó el pasado mes de febrero 16,5 millones de dólares por una “Pikachu Illustrator” de 1998, una de las cartas Pokémon más raras del mundo, creada originalmente como premio para los ganadores de un concurso de ilustración en Japón. Se trata del mayor precio alcanzado por un cromo en una subasta, mientras el PV100, un índice que sigue la evolución de 100 de las cartas Pokémon más valiosas y negociadas, acumula un 168,5% desde su creación en 2024.

¿Dónde está en negocio?

Con semejantes cifras resulta tentador pensar que el gran negocio consiste en encontrar hoy la carta que dentro de unos años valdrá una fortuna. Pero alrededor de esa búsqueda se ha levantado otra industria que cobra prácticamente en cada paso. Alguien tiene que comprobar que la carta millonaria no es falsa, decidir si está impecable o tiene una esquina dañada, ponerla delante de miles de compradores y quedarse con una parte del dinero cuando cambia de manos. Y claro, cuantas más personas entran en esta fiebre y más cartas circulan, más crece ese negocio.

Cartas coleccionables de Pokémon.
EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER

Uno de los mejores lugares para comprobarlo está en las empresas que certifican las cartas. Professional Sports Authenticator (PSA), una de las grandes referencias del sector, recibía unos dos millones de objetos al año en 2020 y superó los 19 millones en 2025. El propietario envía físicamente su carta, PSA comprueba que sea auténtica, examina hasta los pequeños defectos y le asigna una puntuación del 1 al 10 antes de devolverla protegida dentro de una cápsula sellada. Dos cartas exactamente iguales pueden alcanzar precios muy distintos si una consigue un 10 y la otra se queda en un 8.

La demanda por conseguir esa calificación se ha disparado hasta desbordar a la propia compañía. Este año, una subida del 20% en los envíos añadió otros 1,6 millones de cartas a la cola de PSA y obligó a suspender temporalmente algunos servicios, mientras la empresa ha comprometido 200 millones de dólares para ampliar instalaciones, tecnología y plantilla.

Después viene venderla. Fanatics, el gigante estadounidense de productos deportivos que se ha convertido también en uno de los grandes actores mundiales de las cartas coleccionables, podría ingresar este año 5.000 millones de dólares con este negocio, según las estimaciones de Mizuho.

Y ya no hace falta esperar días a que aparezca un comprador. En Whatnot, una plataforma de subastas por vídeo en directo, hay vendedores que enseñan las cartas ante la cámara mientras los compradores pujan y algunas subastas duran apenas cinco segundos.

Cada vez que una de ellas cambia de manos, Whatnot vuelve a pasar por caja. La plataforma cobra al vendedor un 8% del precio, 30 centavos por operación y otro 2,9% por procesar el pago.

Mucho más que cartas Pokemon

Las cartas son solo una parte de un mercado que se extiende desde los relojes y las joyas hasta los videojuegos, las zapatillas, el vino o los juguetes, aunque Rolex y LEGO permiten observar el fenómeno desde dos extremos completamente distintos.

Los relojes de lujo llevan años desarrollando un mercado en el que determinadas piezas se compran y venden no solo para llevarlas en la muñeca, sino también por la expectativa de que mantengan o aumenten su valor, mientras algunos juguetes que originalmente costaban unos cientos de euros pueden alcanzar precios muy superiores una vez descatalogados.

En Chrono24, una de las mayores plataformas mundiales de compraventa de relojes de lujo de segunda mano, Rolex concentra alrededor del 31% del valor de los relojes negociados, muy por delante de Omega, con un 11%, y Patek Philippe, con aproximadamente un 6%.

Los precios de los relojes de lujo se dispararon durante la pandemia y después cayeron desde aquellos máximos, aunque buena parte de la subida acumulada durante los años anteriores continúa intacta. El índice que elabora Chrono24 para seguir la evolución de los precios de Rolex se mantiene alrededor de un 55% por encima de los niveles de 2019 y ha subido cerca de un 7% en el último año. Algunos modelos han vuelto a acelerar todavía más, como el Rolex GMT-Master II conocido como “Pepsi” por los colores rojo y azul de su bisel, que se vende en el mercado de segunda mano por unos 23.000 euros y se ha encarecido alrededor de un 24% en doce meses.

Imagen del Campeonato Mundial Pokémon .
EFE

Con LEGO la historia resulta todavía más sorprendente, porque cuesta imaginar una caja de piezas de plástico como una inversión. Sin embargo, algunos de sus sets descatalogados han llegado a revalorizarse lo suficiente como para despertar el interés de los investigadores. Un estudio publicado en Research in International Business and Finance analizó 2.322 sets vendidos entre 1987 y 2015 y calculó una rentabilidad media de al menos el 11% anual, alrededor del 8% después de descontar la inflación.

De coleccionista a inversor

El salto desde el coleccionismo hasta la inversión ya ha llegado incluso a las grandes fortunas. Un informe de Deloitte calculaba que alrededor del 10,9% de los activos de los clientes de gestores patrimoniales y family offices estaba relacionado con arte y objetos de colección, una señal de que estos mercados han dejado de ser únicamente territorio de aficionados.

Meterlos dentro de una cartera, sin embargo, obliga a distinguir entre objetos que pueden tener muy poco que ver entre sí. Un Rolex cuenta con un mercado internacional de segunda mano relativamente desarrollado, mientras encontrar comprador para una determinada carta, un videojuego antiguo o unas zapatillas de deporte puede resultar bastante más complicado. Ninguno genera los dividendos de una acción o los intereses de un bono y la rentabilidad que muestra un índice solo se convierte en dinero cuando aparece alguien dispuesto a pagar ese precio.

El dinero, sin embargo, continúa entrando. Deloitte calcula que las ventas en subasta de los denominados passion assets, una categoría que incluye además de relojes, joyas, diseño, fotografía y otros objetos de colección, crecieron un 16,3% en 2025.

Las cartas forman parte de ese auge, aunque una parte de su mercado incorpora otro elemento que apenas aparece en otros objetos de colección. La posibilidad en algunas ocasiones de pagar sin saber exactamente qué se está comprando. Quizá eso explique también una parte de su éxito. Con un sobre de Pokémon existe la emoción de romper el envoltorio y descubrir si dentro hay una carta que apenas vale unos céntimos o una pieza que puede multiplicar muchas veces el precio que acabamos de pagar. Y si eso no ocurre, siempre queda otro sobre por abrir.

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