El espejo

Adiós al ‘nail art’, este verano se llevan las uñas nude

Cortas, brillantes y en tonos que casi se confunden con la piel, las manicuras nude se imponen como la opción más elegante y sofisticada del verano

Después de varias temporadas dominadas por cromados, dibujos, relieves, manicuras francesas reinventadas y efectos capaces de hacerse virales en cuestión de horas, las uñas vuelven a la sencillez. Este verano, la tendencia que conquista salones de belleza, pasarelas y alfombras rojas es precisamente la que menos parece una tendencia: uñas cortas, cuidadas y cubiertas por una capa casi imperceptible de rosa, beige o blanco lechoso.

El nail art no desaparece, pero comparte protagonismo con una estética mucho más discreta. Las llamadas naked nails, soap nails, milky nails o lip gloss nails tienen pequeñas diferencias entre sí, aunque todas persiguen el mismo efecto: conseguir unas manos impecables sin que parezca que hemos dedicado demasiado tiempo a conseguirlo. En otras palabras, son el equivalente de la manicura al maquillaje efecto buena cara.

La tendencia ha llegado a las páginas de The New York Times. A finales de junio, este medio se preguntaba en un reportaje cuándo las uñas prácticamente desnudas se habían convertido en un símbolo de estatus. La pregunta resume bien el cambio que estamos viendo en belleza. Hasta hace poco, una manicura elaborada podía demostrar inmediatamente el tiempo y el dinero invertidos en ella. Extensiones, diseños pintados a mano, aplicaciones o acabados tridimensionales hacían visible el trabajo realizado. Ahora ocurre casi lo contrario. La sofisticación está en que no se note.

Unas uñas naturales pero perfectamente limadas, unas cutículas cuidadas y un brillo impecable transmiten esa misma idea de lujo discreto que durante los últimos años hemos visto en la moda: prendas sin logotipos, colores neutros, tejidos excelentes y accesorios cuyo valor no necesita anunciarse a primera vista. El quiet luxury también ha llegado a las manos.

Aunque el resultado pueda parecer extremadamente natural, detrás de una buena manicura nude suele haber bastante más trabajo del que aparenta. La uña tiene que estar perfectamente preparada. Se lima, se pule ligeramente, se hidratan las cutículas y se busca una forma proporcionada antes de aplicar tonos muy transparentes que dejan ver la superficie natural. Precisamente porque hay poco color, el acabado adquiere todavía más importancia. Es decir, el objetivo no es esconder la uña bajo el esmalte, sino mejorar visualmente su aspecto. Igualar el tono, potenciar el brillo y conseguir esa sensación de manos saludables y extremadamente cuidadas. Por eso una manicura nude bien hecha tiene algo engañosamente sencillo: parece que apenas llevamos nada cuando, en realidad, todo está pensado.

Soap nails, milky nails o lip gloss nails, el nude tiene nuevos nombres

Internet ha convertido las pequeñas variaciones de esta manicura en tendencias con identidad propia. Las *soap nails* buscan unas uñas tan limpias, pulidas y brillantes que recuerden al efecto de unas manos recién lavadas. Las *milky nails* incorporan un blanco lechoso y translúcido. Las lip gloss nails añaden un matiz rosado y un acabado especialmente jugoso.

También están las naked nails, quizá la versión más minimalista, en la que el esmalte resulta prácticamente invisible. Distintos nombres para una misma filosofía: unas uñas que parecen naturales, pero mejor. Y ese matiz es importante porque el nude actual está lejos de aquel beige opaco que durante años fue la alternativa segura cuando no sabíamos qué color elegir. Ahora se busca transparencia, luminosidad y un resultado mucho más ligero.

Carolyn Bessette-Kennedy y la vuelta del minimalismo de los 90

Hay otra referencia que ayuda a entender por qué esta estética funciona especialmente bien ahora: Carolyn Bessette-Kennedy. Casi treinta años después de convertirse en uno de los grandes iconos de estilo de los años 90, su imagen vuelve a estar más presente que nunca. Camisas blancas, vestidos minimalistas, pantalones de corte perfecto, bolsos discretos y una belleza que siempre parecía requerir muy poco esfuerzo.

Su manera de entender la elegancia encaja con las manicuras que dominan esta temporada. Nada resulta excesivamente estudiado y, sin embargo, todo está cuidado. Es una fórmula que también explica el éxito actual de otros gestos de belleza: piel luminosa, maquillaje casi imperceptible, cabello aparentemente natural y colores neutros que no buscan convertirse en protagonistas.

Carolyn Bessette-Kennedy, el icono de moda
Carolyn Bessette-Kennedy, el icono de moda. Fotografía: Agencia EFE

Cortas, ovaladas y muy brillantes

Además del color, también cambia la forma. Frente a las uñas extremadamente largas que han protagonizado numerosas tendencias en los últimos años, el nuevo nude funciona especialmente bien en longitudes cortas o medias. Se llevan ovaladas, ligeramente redondeadas o cuadradas con los bordes suavizados.

Son formas fáciles de mantener y especialmente favorecedoras porque estilizan visualmente las manos sin necesidad de recurrir a extensiones. El brillo es el otro elemento imprescindible. Una capa de top coat muy luminosa consigue ese acabado pulido que diferencia unas uñas simplemente sin esmalte de una manicura deliberadamente minimalista. Y el aceite de cutículas se convierte casi en un producto tan importante como el propio color.

Cómo elegir el nude que más favorece

Una de las grandes diferencias entre las manicuras nude actuales y las de hace unos años es que ya no existe un único “color carne”. El nude puede ser rosa, melocotón, beige, caramelo, marrón suave, topo o prácticamente transparente. La clave está en escoger un tono que acompañe al color de la piel en lugar de competir con él.

En pieles claras suelen resultar especialmente favorecedores los rosas translúcidos y los tonos ligeramente lechosos. Las pieles medias y oliva admiten beige cálidos, melocotones y nudes con un punto dorado. En pieles oscuras, los caramelos, cafés y marrones transparentes consiguen un efecto especialmente elegante. También podemos olvidarnos de buscar una coincidencia exacta con la piel. Una capa rosada o lechosa ligeramente distinta puede iluminar mucho más las manos que un beige idéntico al tono natural.

La manicura perfecta para el verano

Parte de su éxito tiene además una explicación práctica. En verano buscamos rutinas de belleza fáciles, colores que combinen con todo y manicuras que puedan acompañarnos durante varias semanas sin cansarnos. El nude cumple los tres requisitos.

Funciona con un vestido blanco, con lino, con vaqueros, con un look de invitada o con el bañador. No condiciona las joyas ni compite con otros colores y, cuando la uña comienza a crecer, la diferencia se nota mucho menos que con un esmalte intenso. Es una manicura especialmente agradecida para vacaciones. Y tiene otra ventaja: independientemente de las tendencias, nunca parece pasada de moda.

Quizá esa sea la razón definitiva por la que las uñas nude han terminado conquistando el verano. Vivimos rodeados de estímulos visuales, novedades constantes y tendencias que llegan y desaparecen prácticamente a la misma velocidad. Frente a todo ello, unas manos perfectamente cuidadas y casi sin color ofrecen una especie de descanso. No necesitan llamar la atención para resultar elegantes y ese es precisamente su atractivo.

Después de años buscando el diseño más elaborado, el efecto más sorprendente o el esmalte capaz de hacerse viral, la manicura más sofisticada del verano se parece mucho a no llevar manicura. Aunque, naturalmente, el secreto está en que las uñas nunca habían estado tan cuidadas.

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