Virginia Sánchez Rucabado nunca imaginó que acabaría convirtiendo su sensibilidad artística en un proyecto empresarial. Desde niña le fascinaba observar cómo vestían las personas e inventar historias sobre sus vidas, aunque su verdadera vocación era la pintura. A los 35 años, cuando ya era madre de dos niños pequeños, decidió estudiar Diseño de Moda y abrir una nueva etapa profesional. Aquella decisión acabaría conduciéndola a fundar MISIA Estudio, una firma que propone transformar el concepto tradicional de uniforme profesional a través del diseño, la personalidad y el cuidado por los detalles. Su historia es también la de una mujer que decidió no aceptar la edad como una frontera para empezar de nuevo.
Con una visión de la moda que va mucho más allá de las tendencias, Sánchez Rucabado defiende la importancia de emprender sin renunciar a los propios valores, reconocer el trabajo de las mujeres que sostienen la industria y construir empresas capaces de crecer de manera responsable. Su experiencia también le ha enseñado que dirigir un negocio implica sacrificios, decisiones difíciles y una exigencia mental que pocas veces aparece en los relatos idealizados del emprendimiento. En esta entrevista reflexiona sobre la maternidad, el liderazgo femenino, las barreras que todavía encuentran las mujeres y el verdadero significado del éxito. Y deja una convicción: para lanzarse a emprender no es necesario dejar de tener miedo, sino aprender a avanzar con él.

¿Cómo empieza tu historia en el mundo de la moda?
Siempre me ha fascinado la belleza, las cosas bonitas, crear e inventar. Mi primera conexión con la moda, aunque me he dado cuenta de mayor, fue que desde muy pequeña me encantaba imaginar a qué se dedicaba una persona o qué tipo de vida tenía por lo que llevaba puesto. Me inventaba verdaderas historias y disfrutaba muchísimo haciéndolo.
Ya de adolescente, con cuatro trapos me inventaba looks diferentes para cada fin de semana, y eso a mis hermanas les encantaba. A pesar de todo, mi vocación siempre fue la pintura. Entonces nunca pensé que acabaría dedicándome a la moda.
Decidiste estudiar Diseño de Moda a los 35 años, dos niños pequeños. ¿Qué te llevó a dar ese giro a tu vida? ¿Fue difícil apostar por ti misma en ese momento?
Siempre me ha fascinado la belleza, las cosas bonitas, crear e inventar. Mi primera conexión con la moda, aunque me he dado cuenta de mayor, fue que desde muy pequeña me encantaba imaginar a qué se dedicaba una persona o qué tipo de vida tenía por lo que llevaba puesto. Me inventaba verdaderas historias y disfrutaba muchísimo haciéndolo.
Ya de adolescente, con cuatro trapos me inventaba looks diferentes para cada fin de semana, y eso a mis hermanas les encantaba. A pesar de todo, mi vocación siempre fue la pintura. Entonces nunca pensé que acabaría dedicándome a la moda.
¿Qué le dirías a una mujer que piensa que ya es demasiado tarde para reinventarse?
Creo que la edad, entendida como un límite, es un concepto obsoleto. No concibo la vida sin aprender constantemente. Hay que aprovechar las oportunidades cuando la vida te las brinda y subirse al tren una y otra vez.
Muchas veces los límites nos los ponemos nosotras mismas. Cuando acabé la carrera, con 40 años, me convencí de que nadie me contrataría por mi edad. Era una barrera que yo misma me puse.
Les diría que nunca es tarde para intentarlo. Está claro que tienen que darse una serie de circunstancias: yo pude hacerlo gracias al apoyo del padre de mis hijos, y eso fue muy importante. Pero también creo que, de una forma u otra, habría acabado haciéndolo. No sé cómo, pero habría buscado la manera.

¿Cuál ha sido tu mayor renuncia como empresaria? ¿Ha habido algún momento en el que hayas pensado en tirar la toalla?
Diría que mi mayor renuncia ha sido la tranquilidad mental. Cuando diriges una empresa, puedes terminar tu jornada y seguir pensando en una entrega, una decisión o un problema de producción. Aprender a desconectar es un trabajo en sí mismo.
Se habla bastante de la ilusión de emprender y menos de lo que supone sostener una empresa cada día. Estoy aprendiendo a dar más importancia a los procesos, a delegar y a elegir dónde debo estar yo. Quiero que MISIA crezca de una forma que también sea sostenible para quienes la hacemos.
Ha habido momentos muy duros, tanto personales como profesionales, pero nunca he pensado en tirar la toalla. Tendría que ser que la toalla me tirase a mí.
¿Crees que las mujeres siguen encontrándose con más obstáculos que los hombres a la hora de emprender y dirigir una empresa?
Creo que seguimos partiendo de situaciones distintas, especialmente en las expectativas sobre los cuidados y la disponibilidad. Sacar adelante una empresa requiere tiempo, y ese tiempo no siempre se reparte de la misma manera.
En algunos casos sí he sentido que tenía que demostrar más, aunque prefiero no atribuir automáticamente cada dificultad al hecho de ser mujer. Lo que considero fundamental es poder ejercer la autoridad con naturalidad: fijar condiciones, defender el valor de nuestro trabajo y tomar decisiones sin sentir que tenemos que justificarnos constantemente. Se puede ser cercana y, al mismo tiempo, muy clara con los límites.
¿Crees que el sector está cambiando de verdad? ¿Qué queda por conquistar?
Creo que la medida del cambio está en quién decide, quién controla los recursos y quién recibe el reconocimiento. La visibilidad es importante, pero tiene que ir acompañada de capacidad de decisión.
También me interesa mirar más allá de los nombres conocidos. En la moda hay muchísimo conocimiento en el patronaje, la confección y la producción, trabajos en los que hay muchas mujeres y que merecen más reconocimiento. Para mí, avanzar significa también dar valor y buenas condiciones a las personas que hacen posible que una idea termine convirtiéndose en una prenda.
¿Qué debería cambiar en nuestra manera de consumir?
Me gustaría que recuperáramos el criterio propio y la relación con las prendas: cómo están hechas, cómo nos sientan, cuánto las vamos a utilizar y cómo envejecen. Podemos disfrutar de la moda sin necesitar sustituirlo todo continuamente.
En el vestuario profesional esto es muy evidente. Una prenda tiene que soportar el uso y los lavados, y hay que poder reponerla. Su valor se entiende mucho mejor cuando miras toda su vida útil.
En MISIA apostamos por la producción propia en España y por trabajar cerca de los talleres. Para mí, hablar de sostenibilidad exige hablar también de durabilidad, de planificación y de producir con sentido.
Después de todo lo que has vivido como mujer, madre, diseñadora y empresaria, ¿qué has aprendido sobre el éxito? ¿Ha cambiado tu manera de entenderlo con los años y qué consejo le darías hoy a una mujer que quiere emprender, pero tiene miedo de dar el paso?
Para mí, después de todo este recorrido, el éxito está en no perderse por el camino. En seguir siendo tú misma, encontrar el equilibrio y mantenerte fiel a tus valores, sin dejar que la presión por vender o por hacer crecer la empresa te lleve a traicionarlos.
Mis hijos han sido mi mayor fuente de inspiración y de fuerza. Me mueve el empeño en que vean que los buenos valores, el esfuerzo en el trabajo, los buenos hábitos y la ilusión por ser cada día un poco mejor persona acaban dando sus frutos.
A una mujer que quiere emprender le diría que necesita una buena idea, pero también ponerle números, contrastarla con posibles clientes y pedir ayuda donde la necesite. En mi caso, Lanzadera supuso un antes y un después. Allí aprendí a convertir mi proyecto creativo en una empresa. Siempre digo que me convirtieron en empresaria.
Les diría que el miedo no tiene por qué desaparecer antes de empezar. Puedes avanzar con él, dando pasos que puedas asumir y aprendiendo por el camino.

