En un mundo en el que las tendencias se suceden a velocidad de vértigo y los armarios acumulan prendas que apenas llegan a estrenarse, apostar por una moda más personal, consciente y duradera es casi una declaración de intenciones. Esa es la filosofía que inspira BYCATELIER, una firma nacida en 2024 de la inquietud creativa de una diseñadora que ha encontrado en la arquitectura, el arte y la moda los ingredientes de un universo estético propio. Su trayectoria, marcada por su formación en Italia y su experiencia vital y profesional en Dubái, ha dado forma a una propuesta de colecciones cápsula y producciones limitadas en la que cada pieza aspira a trascender las temporadas y convertirse en una forma de expresión personal.
Tras dejar atrás su vida en Dubái para regresar a España y apostar por su proyecto, la creadora de BYCATELIER afronta una nueva etapa de crecimiento después de presentar su colección en París durante la Fashion Week. Hablamos con ella sobre los retos de emprender en una industria tan competitiva como la moda, la presión que soportan las mujeres para responder a determinados ideales y la necesidad de recuperar el criterio propio frente al bombardeo constante de tendencias. Pero también sobre el miedo a empezar de cero, el valor de la artesanía y la importancia de construir un sueño sin renunciar a la curiosidad, la libertad y la autenticidad.
Estudiaste Arquitectura de Interiores, te formaste en moda en Italia y trabajaste en Dubái. ¿En qué momento decidiste emprender y crear tu propia firma? ¿Qué sentías que faltaba en el mundo de la moda para querer aportar algo diferente?
Siempre me he considerado una persona muy creativa y desde hacía tiempo tenía en la cabeza unir los dos mundos que más me interesaban, la arquitectura y la moda, y crear algo propio.
Cuando me mudé a Dubái empecé poco a poco a diseñar mis propias prendas, casi de manera personal, para experimentar y construir mi portfolio. Después llegaron las prendas a medida y cada vez más gente me preguntaba por ellas o me hacía algún pedido. Ahí pensé: “¿por qué no empezar a tomármelo más en serio?”.
En 2024 lancé mi primera colección cápsula, una pequeña colección de capas de terciopelo, y ese fue realmente el inicio de BYCATELIER. Después llegaron algunos pedidos, mi primer showroom en Madrid y poco a poco el proyecto fue creciendo.
Al mismo tiempo escuchaba cada vez más frases como “tengo mil cosas en el armario, pero no sé qué ponerme” o “prefiero invertir en una pieza especial que comprar algo que lleva todo el mundo”. Y cuando enseñaba mis prendas, lo que más valoraba la gente era que fuesen diferentes y tuviesen algo especial.
Ahí entendí que quería crear justamente eso: piezas con identidad, con una estética muy marcada, casi pequeñas piezas de arte con las que realmente conectases, y no simplemente otro producto más. De ahí nace una de las ideas de BYCATELIER: volver a la esencia, alejarnos del ruido y preguntarnos qué nos representa y por qué piezas merece la pena invertir.

¿Cómo definirías la mujer para la que diseñas? ¿Qué buscas transmitir con tus creaciones y qué crees que valoran hoy las mujeres a la hora de invertir en una prenda especial?
Siempre he imaginado a la mujer BYCATELIER como una mujer cosmopolita, curiosa, segura de su criterio y con mucha sensibilidad por el diseño. Le interesa la moda, valora las marcas de autor, el trabajo artesanal y descubrir piezas diferentes. No busca tener más, sino prendas especiales y duraderas que no estén en todas partes. Y sabe mezclar: puede llevar algo muy sencillo y construir todo el look alrededor de una única pieza especial.
Con la marca quiero transmitir calma frente a todo el ruido que existe alrededor de la moda. Volver un poco a una misma y elegir una prenda porque te representa y forma parte de tu manera de expresarte. Me gustaría que una mujer, al ponerse una pieza de BYCATELIER, no sintiese simplemente que lleva algo bonito, sino algo que siente muy suyo.
Y creo que hoy, cuando una mujer decide invertir en una pieza especial, valora cada vez más la calidad, el proceso, quién está detrás de la marca, cómo está hecha y que sea duradera. También hay cada vez más interés por las marcas pequeñas, con una visión propia y una historia detrás.
La moda siempre ha sido una herramienta de expresión, pero también una forma de imponer determinados ideales de belleza. ¿Crees que las mujeres somos hoy más libres a la hora de vestirnos o simplemente hemos cambiado unos cánones por otros?
Creo que un poco las dos cosas.
Por un lado tenemos muchísima más libertad, más referencias y más formas de entender la moda y la feminidad. Pero al mismo tiempo estamos expuestas a constantes estímulos: redes sociales, tendencias nuevas, colecciones cada semana… Todo ocurre muy rápido, dentro de esa lógica del fast fashion. Quizá hemos ganado libertad, pero también muchísimo ruido.
Para mí la verdadera libertad empieza cuando te alejas un poco de todo eso y te preguntas: “¿qué me gusta realmente a mí?, ¿qué me representa?, ¿cómo quiero sentirme con lo que llevo?”. Tiene mucho que ver con que tu manera de vestir esté alineada con tu personalidad y tus valores. Y ahí está lo bonito de la moda: poder usarla para expresar quién eres y no simplemente para seguir las tendencias que tocan en cada momento.
Has vivido en España, Italia y Dubái, tres lugares con culturas y formas muy diferentes de entender la moda. ¿Qué diferencias has observado en la manera en que las mujeres se relacionan con su imagen? ¿Qué te ha sorprendido más?
Son tres experiencias muy diferentes y las tres han influido mucho en mi manera de entender la moda.
En Italia, y especialmente en Milán, me llamó la atención la cultura del diseño: una sensibilidad enorme hacia la estética, el detalle, los materiales y el lujo. Estudiar allí hizo que empezase a observar la moda de una manera mucho más consciente.
En España tenemos una forma más relajada y natural de vestir. Una mujer puede llevar unos vaqueros, un top y una chaqueta bonita y estar impecable. Hay algo más espontáneo y menos rígido.
Y Dubái fue completamente diferente. Me impresionó la relación con el lujo, el diseño y, sobre todo, la calidad. Las mujeres que conocí allí son elegantísimas y tienen una sensibilidad increíble hacia los tejidos y los detalles. Allí descubrí también el universo del diseño de las abayas, que me parece fascinante. Hay una tendencia a arreglarse más y una relación muy fuerte con la moda como forma de presencia.
Mi manera de mirar la moda tiene un poco de esos tres lugares: la sensibilidad por el diseño y el detalle de Italia, la naturalidad de España y la atención a la calidad y a las piezas con presencia de Dubái.
Emprender en una industria tan competitiva como la moda no debe de ser sencillo. ¿Cuál ha sido el mayor obstáculo que has encontrado al poner en marcha tu negocio?
Una vez leí una frase que decía algo así como que, para avanzar, tienes que aprender a hacer del miedo tu mejor amigo. Me gustó porque emprender tiene bastante de eso: el miedo está ahí, pero tienes que aprender a convivir con él y seguir avanzando.
En mi caso, uno de los mayores aprendizajes ha sido entender que ser diseñadora y crear una empresa son dos cosas completamente diferentes. Vengo de una mentalidad muy creativa: diseño, materiales, referencias, fittings… Y al empezar tu propia marca tienes que aprender de producción, presupuestos, logística, ventas y comunicación. Además, ahora mismo gran parte del proyecto pasa por mí, así que uno de mis mayores retos es entender que no solo desarrollo una idea creativa, sino que construyo una empresa que tiene que ser sólida.
Y dentro de una industria tan competitiva estoy descubriendo algo muy bonito: no todo tiene por qué ser competición. Hay muchas marcas creciendo a la vez y podemos apoyarnos, colaborar y aprender unas de otras.
Frente al auge de la moda rápida,apuestas por colecciones cápsula de producción limitada. ¿Es difícil defender un modelo de negocio así en una industria que vive de la novedad constante?
Sí, porque la industria está muy construida alrededor de la novedad: cada semana aparece una tendencia o una colección nueva, y de repente lo ves repetido en todas partes.
Pero cuando construyes un proyecto propio estás defendiendo otra manera de hacer las cosas: apuestas por tu sensibilidad, tu forma de diseñar y tus valores, y eso es también lo que transmites a quien te compra. Para mí, las producciones limitadas tienen que ver con esa relación. Quiero que quien compre una pieza sienta que adquiere algo especial y que también apuesta por el proyecto y por todo lo que hay detrás. Me interesa además que sean piezas atemporales, que puedas tener muchos años y llevar de formas distintas y en diferentes temporadas.
A mí me encanta la moda y soy consumidora de moda, así que no se trata de decir que no debemos comprar, sino de elegir con intención: saber qué compras, conectar con ello y sentir que tiene sentido para ti.
¿Crees que las consumidoras están cambiando su manera de comprar moda?
Sí, creo que bastante.
Cada vez escucho más frases como “me parece que todo se parece”, “no quiero llegar a una boda y encontrarme a alguien con lo mismo” o “prefiero comprarme una pieza buena que cinco”. Existe una necesidad cada vez mayor de encontrar algo diferente y más personal. También noto más interés por saber quién hay detrás de una marca, cómo se produce una pieza o cuál es la historia del proyecto. La consumidora quiere entender mejor lo que compra y sentirse identificada con los valores de una firma.
Y tampoco es necesario que todo tu armario esté lleno de piezas especiales. El mío mezcla prendas sencillas y minimalistas con otras mucho más protagonistas. Para mí ese equilibrio es ideal: una buena base y después esas piezas especiales que transforman el resto y con las que sigues conectando durante mucho tiempo.
A las mujeres se nos exige cada vez más: triunfar profesionalmente, cuidar nuestra imagen, ser independientes y llegar a todo. Como mujer emprendedora y creativa, ¿has sentido esa presión? ¿A qué has tenido que renunciar o qué has aprendido a relativizar para sacar adelante tu proyecto?
Sí, claro que la he sentido.
Cuando emprendes hay presión por muchos lados: quieres que el proyecto salga adelante, que crezca, que funcione… y siempre existe la sensación de que podrías estar haciendo algo más. Parece que nunca terminas.
En mi caso la mayor renuncia fue muy concreta: tras varios años viviendo en Dubái, decidí dejar la vida allí y volver a España para apostar de verdad por BYCATELIER. Pensé: “si quiero sacar esto adelante, tengo que darle el 200%”. Y eso significó volver a casa y empezar prácticamente desde cero.
También he aprendido a relativizar la perfección y la comparación. Al principio miras otras marcas y piensas: “¿cómo han llegado hasta ahí?, ¿por qué yo todavía no?”. Pero después entiendes que cada proyecto tiene su momento, sus recursos y su ritmo, y que no existe un manual que diga dónde tienes que estar en cada momento.
Y he aprendido a valorar mucho más el parar. Antes me sentía culpable si un día no había hecho todo lo pendiente. Ahora entiendo que observar, escribir, viajar, ir a una exposición o simplemente tener un rato para pensar también forman parte del proceso. Muchas veces las mejores ideas aparecen precisamente ahí.
Mirando al futuro, ¿en qué momento se encuentra ahora tu firma y cuáles son tus próximos retos?
Ahora mismo estamos preparando el evento de presentación en Madrid, así que es un momento muy emocionante para la firma. Venimos de presentar la colección en París durante la Paris Fashion Week el pasado octubre, un paso enorme para mí y para la marca, que ha marcado el comienzo de una nueva etapa. A finales de noviembre estaremos también en Galicia, presentando la marca en la feria Impulsa Talento Gallego.
El siguiente reto es consolidar todo lo construido: afianzar puntos de venta que encajen con BYCATELIER en España, seguir desarrollando la parte internacional y abrir nuevos proyectos y oportunidades. Me encantaría presentar la próxima colección en otra Fashion Week, en Madrid o internacionalmente, y empezar a colaborar con artistas y creativos de otras disciplinas, porque BYCATELIER nace de un diálogo entre arquitectura, arte, naturaleza y moda.
La marca ya tiene una identidad y el siguiente paso es hacerla crecer, abrir nuevas puertas y seguir explorando sin perder lo esencial.
Y, en lo personal, ¿qué te gustaría haber conseguido dentro de cinco años, más allá del éxito profesional?
Me gustaría mirar atrás y poder decir: “aposté por ello y lo hice”. Más allá del éxito profesional, mi sueño siempre ha sido crear algo propio, construir mi empresa y desarrollar un universo creativo que me representase; sentir que fui capaz de atravesar los miedos y perseguir lo que realmente quería.
A nivel personal quiero conservar sobre todo la curiosidad. Me encanta moverme, viajar, conocer culturas y descubrir lugares nuevos; haber vivido fuera me ha enriquecido muchísimo, personal y creativamente. No sé dónde estaré viviendo dentro de cinco años y, sinceramente, me gusta que sea así. Quizá cuando la marca esté más asentada vuelva a vivir fuera o descubra otra ciudad desde la que empezar una nueva etapa.
Me gustaría tener más estabilidad sin perder esas ganas de explorar y aprender. En resumen, dentro de cinco años me gustaría sentir que BYCATELIER está asentada y que yo sigo teniendo la misma curiosidad que me llevó a empezar.

