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Cómo ha cambiado el deseo femenino: Noah Wyle, el nuevo hombre sexy ya no necesita ser perfecto

El actor de 55 años ha sido elegido el hombre más sexy del mundo por la revista 'People'. Su éxito plantea una pregunta: ¿estamos sustituyendo el ideal del macho alfa por una masculinidad más madura, empática y vulnerable?

Noah Wyle tenía poco más de veinte años cuando se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la televisión gracias a Urgencias. Era el joven doctor Carter, de facciones delicadas, mirada tímida y aspecto de buen chico, que compartía los pasillos del hospital con un George Clooney convertido en uno de los grandes galanes de los noventa. Tres décadas después, con 55 años, una barba salpicada de canas y las arrugas perfectamente visibles, Wyle acaba de ser elegido el hombre más sexy del mundo del año por la revista People. El actor que nunca consiguió aquel título durante sus años de juventud lo recibe ahora, cuando su imagen está mucho más alejada del canon tradicional de belleza masculina. ¿Qué características se están utilizando para explicar ese atractivo?

En la entrevista que acompaña su nombramiento, Wyle habla de su mujer, de sus hijos, de sus inseguridades y de las pequeñas rutinas que componen su vida cotidiana. Cuenta que prepara el desayuno, escribe un diario, pasea a sus perros y se encarga de fregar los platos. No presume de conquistas, de coches deportivos ni de una disciplina física sobrehumana. De hecho, reconoce que todavía no termina de sentirse cómodo consigo mismo y que hablar en público sin interpretar a un personaje le resulta difícil. Su esposa, Sara Wells, aparece como una figura importante en la historia porque fue quien terminó de convencerlo de que merecía el reconocimiento. La revista no renuncia, por supuesto, a la imagen del galán de Hollywood, pero construye alrededor de él un relato en el que la amabilidad, la vida familiar y la vulnerabilidad tienen tanto protagonismo como su aspecto físico… Y todo esto invita a preguntarnos si el ideal masculino está cambiando o si, al menos, estamos empezando a ampliar nuestra definición de lo que resulta “sexy”.

Del macho alfa al hombre que sabe cuidar

Durante décadas, el hombre deseable tenía que ser fuerte, seguro de sí mismo, dominante y emocionalmente inaccesible. Desde los héroes de acción de los ochenta hasta los cuerpos musculados que poblaron la publicidad de los noventa y los dos mil, una parte importante del atractivo masculino se construía alrededor de la potencia física y la capacidad de imponer su presencia. Naturalmente, nunca existió un único modelo de belleza. Los galanes románticos, los intelectuales atormentados y los hombres de aspecto corriente también han despertado pasiones, pero el discurso aspiracional de la masculinidad tendía a premiar el control, la autosuficiencia y una cierta resistencia a mostrar fragilidad. Frente a esa tradición, el éxito de figuras como Pedro Pascal, Paul Rudd o el propio Noah Wyle permite identificar otra narrativa; hombres cuyo atractivo público también se relaciona con el humor, la cercanía, la sensibilidad y una aparente ausencia de necesidad de demostrar constantemente su virilidad.

La interpretación de Wyle en The Pitt es significativa. En esta serie de HBO vuelve a ponerse una bata de médico, como hizo en Urgencias, pero ya no representa al estudiante que está aprendiendo a encontrar su lugar en el mundo. Ahora interpreta al doctor Michael Robinavitch, conocido como Robby, un profesional experimentado que debe sostener a un equipo sanitario en medio de situaciones extremas. Su personaje tiene autoridad, pero también dudas, agotamiento y heridas emocionales. No es el héroe invulnerable que todo lo resuelve sin despeinarse, sino alguien que intenta cuidar de los demás mientras lidia con sus propias limitaciones. Y esa mezcla de competencia, compromiso y humanidad ayuda a explicar el magnetismo del personaje. La fantasía romántica ya no tiene por qué girar exclusivamente alrededor del hombre que protege desde una posición de superioridad; también puede construirse alrededor de alguien que escucha, comprende y permanece presente cuando las cosas se complican.

Hay datos que permiten ir más allá de las impresiones culturales. Un estudio realizado por Ipsos en Reino Unido en mayo del año pasado, entre 2.475 personas de 16 a 75 años, encontró una diferencia reveladora entre lo que algunos hombres jóvenes creen que buscan las mujeres y lo que ellas mismas declaran valorar en una pareja. Entre los hombres de 16 a 24 años encuestados, el 50% pensaba que las mujeres priorizaban el atractivo físico y el 39% señalaba la situación económica. Sin embargo, entre las mujeres de esa misma franja de edad, el 60% destacaba el sentido del humor, mientras que el 53% elegía tanto la amabilidad como la capacidad de comunicación. Se trata de una encuesta británica centrada en las relaciones heterosexuales, por lo que sus resultados no pueden trasladarse automáticamente a todas las mujeres ni a todas las generaciones; pero sí muestran una distancia interesante entre determinadas ideas sobre la masculinidad deseable y las prioridades que expresan las propias mujeres.

Esa diferencia también explica por qué algunos de los hombres convertidos en referentes de atractivo en los últimos años no encajan del todo en el estereotipo del conquistador tradicional. Pedro Pascal ha construido buena parte de su popularidad alrededor de una imagen pública cálida, divertida y afectuosa, mientras que Paul Rudd lleva años cultivando una masculinidad asociada al humor y a la falta de solemnidad. No significa que el físico haya dejado de importar, ni que las mujeres hayan desarrollado de repente una preferencia universal por los hombres sensibles. Significa que el atractivo puede estar incorporando públicamente cualidades que antes se consideraban secundarias. La seguridad ya no tiene que expresarse necesariamente como dominación, la fortaleza puede convivir con la vulnerabilidad y la capacidad de cuidar puede resultar tan seductora como la apariencia.

Brad Pitt - Cultura
El actor estadounidense Brad Pitt, en una fotografía de archivo
EFE/Tolga Akmen

El fenómeno del performative man

Sin embargo, todo esto también tiene sus contradicciones. En las redes sociales ha ganado visibilidad el fenómeno del performative man, una etiqueta utilizada para describir a hombres que adoptan determinados códigos de sensibilidad, cultura o compromiso con la igualdad como una forma de resultar más atractivos. La imagen del hombre que lee literatura escrita por mujeres, habla de emociones, consume productos asociados al autocuidado y exhibe una sensibilidad perfectamente reconocible puede convertirse, también, en una estrategia de seducción. El problema no es que los hombres incorporen esas prácticas, sino que la aparente transformación de la masculinidad se limite a su representación estética. Porque saber hablar de emociones no equivale necesariamente a responsabilizarse de ellas, del mismo modo que mostrarse comprensivo en público no garantiza comportarse de manera igualitaria en privado. Por eso es interesante que, en la entrevista de Wyle, las tareas domésticas ocupen un lugar importante. Hay una diferencia entre parecer un hombre que cuida y participar de verdad en los cuidados.

La elección de Noah Wyle también recupera la vieja paradoja de los cánones de belleza: la relación desigual que hombres y mujeres mantienen con el envejecimiento. Que un actor de 55 años sea considerado especialmente atractivo no constituye una revolución en sí misma. George Clooney, Richard Gere, Denzel Washington o Patrick Dempsey son algunos ejemplos de hombres cuya madurez ha formado parte de su imagen seductora. De hecho, People eligió a Dempsey como el hombre más sexy del mundo en 2023, cuando tenía 57 años. Para los hombres, las canas, las arrugas y una determinada apariencia de experiencia vital pueden funcionar como atributos que refuerzan su atractivo. La edad no siempre aparece como una pérdida, sino también como una forma de adquirir carácter, prestigio y sofisticación. Esa posibilidad existe para las mujeres, pero históricamente ha convivido con una presión mucho mayor por conservar los signos físicos de juventud.

La actriz Demi Moore, en los premios Oscar
EFE

Cuando una actriz madura aparece con arrugas, canas o un rostro que no intenta disimular el paso de los años, su aspecto se convierte con frecuencia en noticia. Se habla de su valentía por envejecer naturalmente, de su decisión de recurrir o no a tratamientos estéticos y de lo bien o mal que se conserva. El envejecimiento masculino, en cambio, puede presentarse sencillamente como una evolución deseable. Es una diferencia de lenguaje que revela hasta qué punto siguen existiendo expectativas distintas. A un hombre se le permite sumar atractivo a través de la experiencia; a una mujer se le ha exigido durante mucho tiempo que esa experiencia no deje demasiadas huellas visibles. Aunque figuras como Pamela Anderson, Andie MacDowell, Demi Moore o Helen Mirren están contribuyendo a ampliar los imaginarios de belleza femenina madura, la conversación pública sobre sus rostros sigue estando muy condicionada por su edad y por las decisiones estéticas que toman.

También conviene preguntarse qué significa exactamente que el canon masculino esté evolucionando. Porque incluso los hombres que representan esta supuesta nueva sensibilidad continúan respondiendo, en buena medida, a parámetros bastante convencionales de belleza. Noah Wyle es un actor blanco, alto, delgado, con facciones proporcionadas y una trayectoria profesional reconocida. Su elección no demuestra que la industria haya abandonado sus ideales físicos, sino que puede estar modificando el relato que los acompaña. La madurez, la sensibilidad y la vida doméstica se convierten en valores añadidos a una imagen que sigue siendo perfectamente compatible con los estándares tradicionales de Hollywood. Del mismo modo, que una revista elija a un hombre como el más sexy del año no significa que represente los deseos reales de millones de mujeres. Es una decisión editorial y comercial, capaz de reflejar tendencias culturales, pero también de contribuir a fabricarlas.

Lo significativo es que la belleza masculina empieza a describirse mediante un vocabulario más amplio. Durante mucho tiempo, los hombres han recibido mensajes sobre la necesidad de ser fuertes, exitosos, competitivos y económicamente solventes para resultar deseables. Ahora conviven con narrativas que conceden valor a la ternura, la comunicación, la implicación familiar y la capacidad de reconocer las propias inseguridades. No se trata de una sustitución completa del viejo modelo, sino de una convivencia entre ideales masculinos distintos, a menudo contradictorios. Tampoco sería justo interpretar estos cambios como una renuncia de las mujeres al deseo físico en favor de una supuesta superioridad moral. El deseo sigue siendo complejo, subjetivo y difícil de reducir a una lista de cualidades. Lo novedoso es que la cultura popular parece mostrar un interés creciente por reconocer que la masculinidad puede resultar atractiva sin apoyarse exclusivamente en la fuerza o el dominio.

Ahora, Noah Wyle se convierte en un símbolo curioso. El joven Carter de Urgencias representaba la promesa de un hombre que todavía tenía que aprender a desenvolverse en el mundo. El Robby de The Pitt encarna a alguien que ya ha vivido, se ha equivocado, ha sufrido y aun así continúa ocupándose de los demás. Entre ambos personajes han pasado más de treinta años, y también han cambiado las conversaciones sobre las relaciones, los cuidados y las expectativas que depositamos en los hombres. Puede que el verdadero atractivo de Wyle no resida únicamente en sus canas ni en su mirada, sino en todo lo que su figura permite proyectar (experiencia sin arrogancia, autoridad sin necesidad de intimidar y sensibilidad sin renunciar a la fortaleza).

Al final, lo más interesante de esta portada no es que un hombre de 55 años se considere sexy, eso nunca ha estado realmente en discusión. Pero, ¿por qué empieza a resultar tan atractivo el relato de un hombre que no necesita parecer perfecto, que reconoce sus inseguridades y que habla con naturalidad de cuidar de su familia? Y, sobre todo, la pregunta sobre si esa misma libertad para envejecer, mostrar imperfecciones y seguir siendo deseable acabará extendiéndose también a las mujeres.

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