Madrid tiene una cualidad curiosa, y es que incluso cuando pretende descansar, se acelera. Por eso el domingo, que debería ser una tregua, se ha convertido en un territorio que hay que conquistar con estrategia. Y en esa guerra amable contra la prisa, hay un lugar que juega con ventaja: Brasserie Lafayette, en Recaredo 2, en una antigua lechería de El Viso.
La terraza acondicionada, el verde que suaviza el ruido, la luz que cae sobre la mesa… El brunch, aquí, no es un apaño entre el desayuno y la comida; es un ritual con guion, una escena bien escrita para quienes entienden que el lujo de ahora llega en forma de hora y media sin interrupciones.
Todo empieza, como debe empezar un domingo, con un café o infusión (y ya después el zumo de naranja). Pero si una quiere entrar de verdad en el mood Lafayette, hay un protagonista claro, el Basil Smash, un cóctel con ginebra, albahaca fresca, limón y jarabe súper fresco y aromático.
Después llega una selección de entrantes. Aparece (y apetece) el minicroissant con embutido de Bigorre y Comté, luego el brioche con foie gras mi-cuit (mi favorito), el chupito de vichyssoise con coco (mi segundo favorito), la minipissaladière de Niza que pone un toque mediterráneo con acento francés, y una croqueta de confit de pato.
El segundo acto exige elegir principal. Están los que juegan al clásico con un Croque-Monsieur y ensalada verde, los que entienden el brunch como el territorio del huevo (huevos de granja al estilo Bénédictine o fritos con patatas)… Y para quienes prefieren algo más delicado, aparece la tortilla de chalota y azafrán. Los de paladar fino se decantarán por el salmón gravlax con blinis de trigo sarraceno y crème fraîche.
Todo se sirve con pan, como manda el sentido común, y con esa sensación, cada vez más rara, de que todo está pensado para disfrutarse sin prisas. Y ya para el final, el postre viene en dúo. Por un lado, el sablé de limón con merengue, ácido y goloso a la vez. Por otro, el milhojas de crème brûlée. No hay que elegir.
Lo interesante de Brasserie Lafayette no es solo lo que pone en la mesa, que está muy bien, sino lo que propone alrededor. Un plan que encaja igual de bien con look de cashmere y moño bajo que con vaqueros, gabardina y boca roja. Porque el brunch, en el fondo, es una forma de vida (se comparte, se comenta, se brinda, se mira alrededor y se decide que el día va a ir bien).
- Se sirve los domingos, previa reserva
- En horario de mañana (de 11.30 a 13.15 h)
- Precio: 47,50 euros por comensal


