Para muchos, en el medio de la cuesta de enero, se presenta otro interrogante: el de si unirse (o no) al reto del Dry January, un concepto (literalmente, enero seco) que se propone como meta anualmente y tiene como fin intentar no consumir alcohol durante el mes de enero. De hecho, y aunque suene demasiado ambicioso unido al reto de propósitos a medio tachar de la lista, la idea es aprovechar este reset de inicio del año como una oportunidad para descansar del alcohol, evaluar los hábitos de consumo y, ya de paso, comenzar el año con una mejor salud física y mental.
A pesar de que se oficializó como término en 2013, de la mano de la organización británica Alcohol Change UK (inspirada por el logro personal de Emily Robinson, que gracias a la sobriedad puedo prepararse media maratón), hay antecedentes históricos que se remontan a los años 40 con Finlandia como ejemplo precursor de los primeros “eneros sobrios”.
Puede que su primera edición solo registrase apenas 4000 personas en el Reino Unido, pero su internalización ha crecido hasta estar presente en Francia, Suiza, Noruega, Alemania, EE. UU., Países Bajos y la mayoría de regiones de Italia, alcanzando la cifra de 180 países registrados el pasado año. No en vano, las encuestas recientes apuntan a un cada vez mayor interés y una participación de récord en Estados Unidos, donde en 2025 más de un 20% de adultos dijeron haber participado en este reto. Por su parte, los datos en Francia (uno de los países a la cabeza del consumo europeo en la materia) estiman una participación de alrededor de un 12 % en el último año. En lo que respecta a España, el 25% de adultos españoles están reduciendo activamente su ingesta de alcohol en los últimos años y tras iniciativas como esta.

Aunque la idea detrás de este propósito no es que quede en un simple nuevo reto de principios de año que olvide a los pocos días, sino que sea un compromiso durante (al menos) todo el mes, muchas personas lo fijan como un reto a medio o largo plazo. De hecho, según una encuesta reciente del diario Le Monde más de un 30% de los encuestados activos durante Dry January redujeron su consumo “sustancialmente” después del reto.
Los expertos señalan los beneficios vinculados con abrazar esta tendencia y que se reflejan en el cuerpo apenas después de unos días de descanso del consumo frecuente de alcohol; desde mejor calidad de sueño y estado de ánimo (con informes sobre una mayor energía y concentración durante el día) a la reducción de indicadores de riesgo metabólico y una mejora mejora de la salud hepática tras periodos algo más continuados de abstinencia. Así, muchas personas sienten que este desafío les ayuda a replantearse su relación con el alcohol de nuevo, algo que va de la mano con el movimiento sober curious y que está altamente liderado la generación Z (y posteriores) y por EEUU como el país donde más ha calado su mensaje.
Abrazando esta tendencia, el reto consiste en mantener el buen hábito sin que deje de ser “cool” y, fundamentalmente, esté socialmente aceptado. “Creo que es un tema superado, al menos en Angelita”, dicen desde la icónica coctelería madrileña. “Hemos pasado de un 3% a un 9% de venta de cócteles sin alcohol. Ya es habitual ver gente que opta por un cóctel con alcohol y otra persona en la mesa por uno sin alcohol o mocktail]”, comenta Mario Villalón, co-propietario. “De hecho, gracias a las técnicas de destilación y fermentación que usamos no necesitamos el alcohol como medio para poner sabor en el cóctel”.
Asimismo, hay quienes rebajan la graduación a lo largo de la noche, “al pedir un clásico como un Dry Martini y luego algo más ligero en alcohol y más sabroso en cuánto a ingredientes (un Highball de higuera y cebada por ejemplo)”, o comienzan directamente desde el cero. “Si por motivo de enero, o porque no te apetece, hay muchas opciones sin alcohol interesantes, y cada vez más en Angelita y en otros bares de la ciudad. Siempre disponemos de dos o tres cervezas sin alcohol, incluyendo una IPA y una sin gluten”, explican desde el establecimiento de la calle Reina.

No en vano, el objetivo de la coctelería de la capital es el de llegar a todos los paladares. “[Nuestra idea] no es que triunfen los mocktails; a nosotros como hosteleros nos es indiferente si el cliente nos pida un cóctel con más carga alcohólica, con menos o sin ninguna. […] No es imprescindible el alcohol como generador de sabor, ya que nuestra coctelería se basa en el ingrediente de nuestro huerto, no en el alcohol utilizado”, añaden. En este sentido, siempre realizan una búsqueda del cóctel elaborado “con productos emblemáticos de nuestra huerta”, citando como ejemplo su versión del Virgin Mary a base de “tomate corazón de buey de nuestro huerto rallado a mano, al que le añadimos vinagre de Jerez, un vino tinto desalcoholizado y una manzanilla de Sanlúcar reducida y desalcoholizada con ajos asados, cilantro, apio y pimienta cayena”.
Además, su oferta incluye maridajes con vinos y una gama de cócteles basados en propuestas vínicas sin alcohol para maridar los platos, a base de vino rosado, vino tinto, vino blanco y espumoso. “Tenemos varios cócteles elaborados con productos de nuestra huerta sin alcohol, así que la opción es amplia, con todo tipo de estilos y sabores”, explican desde el establecimiento.

Por su parte, desde Planta Baja definen la tendencia del Dry January como culpable de una obsesión personal: “Llevar
la sensación exacta de una tarta de limón al formato cóctel”, explica Kevo Jacoby, co-propietario del establecimiento, para referirse a su propuesta de Key Lime Pie. “Curiosamente, entró al menu con alcohol, pero cuando se pusieron a pensar en su propuesta sin, no dudaron en elaborar una versión nueva y triunfaron”. En la actualidad, es el más pedido de la carta. “Cada vez más gente viene a Planta Baja a tomar algo distinto, bien hecho y sin alcohol por elección, no por obligación. Y para nosotros está claro: sin alcohol no es menos; es otra forma de disfrutar”, añade Jacoby.
En Momus Cocktail Bar tienen cuatro singulares opciones sin alcohol, aunque el Gimlet es uno de los más pedidos. “La ginebra 0,0 les aporta esa parte de estructura que modifican añadiendo un hidrolato (destilado analcohólico a base de agua) de eucalipto”, dice su propietario, Alberto Fernández, que reconoce que es “cada vez más habitual que nos pidan cócteles de baja graduación o sin alcohol, especialmente entre los más jóvenes, ya que prefieren beber mejor, más variado y de forma mucho más responsable”.

“El consumo está cambiando”, dicen desde Fluid, en Madrid. “Los clientes buscan cuidarse sin renunciar a la parte social y divertida de los bares, y nuestro deber es ofrecer propuestas a la altura de nuestros cócteles con alcohol”, dice Daniel Regajo, head bartender. Su propuesta de Manzana y Citronela es refrescante y cercana sin perder originalidad, en sus palabras: “un trago largo y refrescante elaborado con ginebra sin alcohol para aportar notas de enebro, un cordial casero de manzana y citronela y un toque cítrico que se completa con soda”.
“Lo que antes era una selección reducida de cócteles sin alcohol para ofrecer alternativas al público menor de edad, mujeres embarazadas o clientes que conducían, actualmente se ha convertido en una verdadera lista completa como opción de consumo para personas que no quieren renunciar a tomar un buen cóctel ya sea por un estilo de vida más healthy o por una propia elección”, reconoce Raimondo Palomba, responsable de bares en Lopesan
Hotel Group (Gran Canaria). Así, en Pink Lemonade y el resto de sus locales se pueden degustar todos los clásicos sin alcohol junto a opciones más “fancy” como el Virgin Mari-Pino. “El común denominador de todos, como no, es un producto kilómetro cero de la finca de Veneguera”, dice Palomba.

“Considero que [el consumo de la coctelería sin alcohol] ha evolucionado notablemente, ofreciendo bebidas creativas, equilibradas y con sabores cada vez más sofisticados. Además, he notado que su popularidad se ha incrementado, con cada vez más personas que buscan opciones saludables sin renunciar a una buena experiencia gastronómica”, reconoce Néstor Matos, head bartender de Devil’s Cut en Madrid. “Hoy en día la coctelería sin alcohol ya no es solamente la mezclas de zumos, tiene el mismo nivel de trabajo, que la coctelería que incluye destilados con alcohol.”


