El perfume forma parte del día a día de todos nosotros. Y de los negocios a los que acudimos, ya que algunos tienen incluso aromas característicos que refuerzan la experiencia del cliente. Algunos pueden llegar no sólo únicos, sino tan intensos que pueden acabar como el perfume que fue prohibido en restaurantes.
Su historia es bastante peculiar, pero que lejos de darle mala fama, otorgó a la fragancia un estatus diferenciador frente a otras. Además, es probable que tu madre o algún familiar mayor lo llegase a usar, o incluso tenga algún frasco por casa.
La historia del perfume que fue prohibido en restaurantes
En la década de 1980, caracterizada por su exceso y extravagancia, un perfume emergió como el máximo símbolo de opulencia y poder: Giorgio Beverly Hills.
Este fue lanzado en 1981, por la boutique de lujo homónima situada en Rodeo Drive, en la propia Beverly Hills, California. Fue la primera tienda de lujo de la calle, con una experiencia de compra muy distinguida. En buena parte, la transformación de la vía fue gracias al local pionero de Fred Hayman y George Grant. La tienda ya no existe, pero sin ella, Rodeo Drive no sería lo que es actualmente.
Con una gran fiesta de lanzamiento, esta fragancia no solo capturó la esencia de la era, sino que se convirtió en un fenómeno cultural. Su aroma potentísimo llegó a ser considerado tan invasivo que fue prohibido en restaurantes, cines e incluso en lugares de trabajo. Y es que su intensidad dominaba espacios cerrados y afectaba al resto de olores del lugar.
Prohibirla sólo la hizo más deseada. Esto transformó el perfume de un simple producto de lujo a un símbolo de rebeldía y estatus, similar a cómo algunas marcas de cigarrillos o alcohol habían utilizado previamente la prohibición para aumentar su atractivo.
Llevar Giorgio Beverly Hills era una declaración clara de su portadora, quien tenía el poder económico y la confianza personal para desafiar las limitaciones.
El intenso Giorgio Beverly Hills
El frasco y el paquete que se venden hoy en día son muy parecidos a los originales, y este perfume que fue prohibido en su día, cuesta hoy alrededor de los 30 euros. Se puede encontrar en Druni y otras tiendas, y la “receta olfativa” es la misma que la de 1981.
Tiene unas notas de entrada de naranjo, melocotón, albaricoque.. Su corazón cuenta con dominio floral, con jazmín, rosa, orquídea y otras. Y en el fondo, destaca por el ámbar, el cedro, el musgo de roble, el sándalo… Una composición compleja que, como se puede intuir, se nota desde cierta distancia. Y se queda en el lugar un rato después de la marcha de la mujer que lo lleva.
Como curiosidad, se vende desde 1984 una versión masculina. Aunque no tan conocida, también es poderosa, sin duda. Actualmente, la marca forma parte de la familia Revlon, tras una serie de ventas a lo largo de las décadas. Y en el número que ocupaba en Rodeo Drive, ahora hay una tienda de Louis Vuitton.
Se dice que ya no es tan intensa como lo era en los ochenta, pero aunque eso sea así, Giorgio Beverly Hills marcó un hito único en la historia de la perfumería. La potencia olfativa se convirtió en su distintivo, y ninguna limitación puso barreras a su gamberra popularidad. Hoy en día, sea en mayor o menor medida, sigue siendo una de las más potentes fragancias del mercado.