En Waterloo el invierno es frío. Tanto como en Soto del Real según ha hecho saber a través de sus redes sociales el preso José Luis Ábalos. El exministro sigue alimentando su cuenta de X desde prisión a modo de amenaza. Desde su perfil “En nombre de Ábalos” busca mantener su capacidad de presión, o al menos lo intenta, sobre Pedro Sánchez.
El presidente según su círculo más cercano no se siente coaccionado, pero sí “muy decepcionado” con el amago de tirar de la manta del que fuera su leal secretario de Organización y amigo. El disgusto en lo personal no cambia su estrategia en lo político. El paso a un lado, que planeó sobre La Moncloa tras conocerse el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sobre las mordidas de Santos Cerdán antes del verano, está ahora absolutamente descartado pese al cerco cada vez más asfixiante de la corrupción.

Sánchez no se irá, y hoy su rival, Alberto Núñez Feijóo, no cuenta con los votos suficientes para una moción de censura. El futuro inmediato de ambos depende de un Carles Puigdemont cada vez más cuestionado en Junts, pero con el poder intacto que le dan sus siete diputados en el Congreso.
El mediador salvadoreño se mantiene
Pese a que en público el prófugo voló los puentes con Moncloa, en privado existe una vía de comunicación “discreta”, según confirman a Artículo14 desde el entorno más cercano al ex presidente catalán.
Las relaciones son difíciles, pero a Sánchez se le ha trasladado que Junts no participará en una moción de censura para encumbrar a Feijóo. No tiene nada que ganar y sí mucho que perder. “Junts implosionará si Puigdemont da ese paso”, advierten desde la formación.
Como prueba de que el hilo Moncloa-Waterloo sigue vigente las citadas fuentes destacan que el mediador salvadoreño, Francisco Galindo Vélez, sigue ejerciendo pese a que su papel se había dado por amortizado cuando Puigdemont anunció en octubre la ruptura con el Gobierno al que acusó de incumplir los compromisos adquiridos en 2023 cuando se firmó el pacto de investidura.

El verificador apuntala la labor de Miriam Nogueras, portavoz de Junts en el Congreso, y correa de transmisión con los ministros. Tanto él como su secretaria, que durante estos años ha venido levantando las actas de las reuniones, siguen abonando el intercambio de mensajes.
El prófugo está a la espera de que el Tribunal Constitucional resuelva su recurso de amparo y le permita regresar a España. Confía en que “más pronto que tarde” se levante la orden de detención que pesa sobre él.
El Gobierno le ha trasmitido “optimismo” al respecto. Las conclusiones del abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la ley de amnistía han dado un balón de oxígeno a los de Sánchez para mantener en su bando al prófugo catalán.
Entre sus conclusiones, el letrado comunitario ha descartado que los gastos derivados del procés independentista afectaran a las finanzas de la UE, lo que allana el camino para una aplicación plena de la amnistía. La opinión del abogado general no es vinculante, aunque su posición suele marcar la línea del fallo del TJUE.
José Luis Rodríguez Zapatero lleva meses pidiendo paciencia a Puigdemont sobre este asunto bajo la premisa de que el tribunal de garantías será su salvoconducto para volver Barcelona. La palabra del ex presidente del Gobierno dejó de se suficiente. La paciencia se agotó. El prófugo quería estar en casa para navidades, ahora el horizonte es primavera.
Hasta entonces Puigdemont no levantará el pulgar para echar a Sánchez. Si el presidente cae será porque la corrupción le fuerce a dimitir o si finalmente la Audiencia Nacional imputa al PSOE por financiación irregular, reflexionan desde el círculo del catalán.
Contactos con el PP
Junts descarta cualquier tipo de moción de censura. Ni con Feijóo ni una instrumental con un candidato independiente que convoque elecciones. En el PP lo saben. De ahí que el líder dedique cada intervención a los socios que sujetan al presidente con el fin de poner en evidencia su permisividad con la corrupción.
Por ahora Feijóo predica en el desierto. Puede más el miedo al castigo electoral a abrir la puerta a un gobierno PP-Vox entre los nacionalistas catalanes y vascos, que el desgaste de apoyar a un presidente cercado por las causas judiciales.
Los populares llevan meses susurrando a emisarios de Puigdemont. Lo hacen sin verificador, pero también mediante personas interpuestas. Desde que Feijóo asumió el liderazgo del PP ha habido canales abiertos con Junts tanto en Cataluña como en Madrid.
Las conversaciones sólo han servido para constatar que el entendimiento parece imposible. Puigdemont es la solución y el escollo desde el inicio. El prófugo quiere volver y las garantías de hacerlo siguen siendo mayores con Sánchez en La Moncloa. En Waterloo hace mucho frío.

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