París volvió a rendirse ante Simon Porte Jacquemus este domingo 25 de enero. El diseñador francés presentó en la Semana de la Moda de París su nueva colección ‘Le Palmier’, en un escenario cargado de simbolismo: el Museo Picasso. Ocho años después de su primer desfile en este mismo lugar. Bajo el nombre de Le Palmier, el show se desplegó como un homenaje coral al arte, la cultura pop francesa y las raíces personales del creador.
Un regreso cargado de significado
Instalado en el Hôtel Salé, en pleno Marais, Jacquemus cerró la Semana de la Moda Masculina de París regresando al espacio que, según él mismo ha reconocido a la prensa francesa, “cambió su vida”. Fue allí donde en 2017 presentó el bolso Le Chiquito, pieza clave de su éxito internacional. Fiel a su predilección por los lugares excepcionales —tras la Orangerie de Versalles o enclaves naturales del sur de Francia—, el diseñador reafirmó su gusto por los escenarios prestigiosos e íntimos, pensados para un público selecto.
Paloma Picasso, el guiño final
El momento más comentado del desfile llegó con el último look, concebido como un homenaje directo a Paloma Picasso, hija del pintor. La silueta se inspiró en una icónica fotografía tomada por Helmut Newton en Saint-Tropez en 1973, donde Paloma aparece con un vestido asimétrico y una copa de pie cubriendo el pecho. Esta referencia, reinterpretada por Jacquemus, cerró el desfile como una conversación visual entre arte, moda e historia, bajo la sombra tutelar de Pablo Picasso.
Humor, palmeras y referencias pop
Lejos de la solemnidad, Le Palmier desplegó un universo lúdico y teatral. Peinados en forma de palmera, guiños a Calder, ecos de los años 50, 80 y 90 y una atmósfera casi cinematográfica definieron la pasarela. Las modelos avanzaron con faldas tubo de volantes hipnotizantes, sombreros extragrandes y una feminidad exagerada —sin pantalones esta temporada—, como personajes de cine negro. Los chicos, por su parte, oscilaron entre el esmoquin clásico y una actitud desenfadada, con corbatas al revés y accesorios escultóricos, abrazando el humor como declaración de estilo.
Sophie Marceau, encarnación del chic francés
La primera fila fue otro de los grandes focos del desfile. Entre los invitados destacaron Tina Kunakey, Charlotte Cardin, Damson Idris, Pierre Niney, Hafsia Herzi y el actor español Manu Ríos, habitual de los eventos de moda parisinos. Sin embargo, todas las miradas se dirigieron a Sophie Marceau, auténtico icono del chic francés. La actriz lució una chaqueta de aviador con cuello de borrego crudo, jersey gris topo y falda midi acampanada, una lección de elegancia atemporal. No es la primera vez que acompaña a Jacquemus: ya en 2022 deslumbró en el desfile Le Raphia con un traje rosa pastel. Su manera de difuminar los límites entre lo masculino y lo femenino sigue alimentando el mito de la mujer francesa.
La abuela Liline, protagonista inesperada
Entre ídolos de ayer y figuras contemporáneas, la presencia más emotiva fue la de Liline, la abuela del diseñador. Proclamada embajadora entre sonrisas y complicidad, encarnó el espíritu íntimo y familiar que atraviesa el trabajo de Jacquemus. Su aparición recordó que, detrás del éxito global, late una historia personal profundamente arraigada.
Moda como juego y memoria
Con Le Palmier, Simon Porte Jacquemus volvió a demostrar que su fortaleza reside en esa mezcla singular de memoria personal, cultura popular y alta costura lúdica. En el Museo Picasso, la moda se convirtió una vez más en un juego inteligente, emocional y profundamente parisino.


