El look

Manuela Villena o cómo elevar el traje de chaqueta en el Domingo de Ramos más elegante

La sofisticación más sutil se impone en Sevilla

Juanma Moreno y Manuela Villena en Día de Andalucía. Fotografía: EFE

En Sevilla, el Domingo de Ramos no admite improvisaciones. La ciudad inaugura su semana grande con una coreografía de tradición, luz y estilo donde cada elección cuenta. Y, un año más, Manuela Villena ha demostrado entender a la perfección ese lenguaje silencioso de la elegancia, firmando uno de los looks más comentados y celebrados.

Fiel a su estilo, Villena se aleja del vestido. habitual en esta jornada, para reivindicar la sastrería como opción infalible. Su elección: un impecable traje de lino azul marino con raya diplomática del diseñador sevillano José Hidalgo.

A primera vista, un conjunto clásico; en el detalle, una lección de modernidad. Las finas líneas del tejido, bordadas con discretas lentejuelas, aportaban un sutil juego de luz que elevaba el conjunto sin traicionar la sobriedad que exige la ocasión.

La silueta, cuidadosamente estudiada, hablaba de equilibrio gracias a una americana cruzada y un pantalón amplio de caída fluida, dibujando una figura estilizada, cómoda y elegante. Un conjunto que no solo funciona en términos estéticos, sino que conecta con una forma de vestir cada vez más presente en Sevilla; la de quienes apuestan por piezas con carácter propio sin renunciar al clasicismo.

El poder del detalle

En un look donde todo parece medido, son los accesorios los que terminan de construir el discurso. Villena optó por un clutch arquitectónico de IQ Collection, la firma de Inés Domecq, que introducía un sutil contraste a través de sus líneas geométricas y su acabado artesanal.

El resto del estilismo seguía esa misma lógica de contención; maquillaje natural en tonos rosados, piel luminosa y cabello recogido en una coleta baja, pulida pero sin rigidez. Con esta aparición, Manuela Villena consolida una idea cada vez más evidente… la elegancia hoy pasa por reinterpretar los códigos, no por repetirlos. Y en ese ejercicio, el traje (bien entendido) se convierte en la pieza clave.

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