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Palacio de Los Ángeles, la puerta de entrada a la esencia de La Rioja

Arquitectura, vino, gastronomía y bienestar se dan la mano en este hotel boutique de Haro, un antiguo palacio barroco convertido en punto de partida

El Palacio de los Ángeles
El Palacio de Los Ángeles, en la localidad de Haro.

Llegamos a Haro a la hora en la que las terrazas empiezan a llenarse. Las copas de Rioja chocaban unas con otras, los bares rebosaban conversación y la ciudad transmitía esa alegría tranquila de quienes entienden que el vino no es solo una bebida, sino una forma de compartir el tiempo. Antes incluso de cruzar la puerta del Palacio de los Ángeles, tuve la sensación de que había llegado a un lugar donde el destino y el hotel iban a contar la misma historia.

Hay hoteles que son un destino. Y otros que ayudan a descubrirlo. El Palacio de los Ángeles pertenece a esa segunda categoría. Aquí el verdadero lujo no consiste en aislar al viajero del lugar que visita, sino en convertirse en la mejor puerta de entrada para descubrir la esencia de La Rioja.

Fachada de El Palacio de los Ángeles

Instalado en un palacio barroco del siglo XVIII cuidadosamente rehabilitado, este exclusivo hotel boutique recupera la esencia de un edificio histórico para reinterpretarla desde una mirada contemporánea. Su imponente fachada de piedra llama la atención desde el primer instante, mientras que el interior sorprende con un diseño elegante y sereno donde la madera, la piedra natural y una iluminación cuidadosamente estudiada conviven con la arquitectura original sin eclipsarla.

Las habitaciones están concebidas para que el confort se perciba en los pequeños detalles. Nada parece improvisado, en una decoración sello de Trenchs Studio. La calidad de los materiales, la iluminación, la ropa de cama, la selección del mobiliario o la cuidada decoración responden a un mismo objetivo: que el huésped se sienta cómodo desde el primer momento. La Junior Suite merece una mención especial por sus techos abuhardillados y su espectacular bañera exenta, perfecta para terminar una jornada entre bodegas y pueblos con encanto.

Hall del hotel

Las mañanas comienzan con uno de esos desayunos que invitan a disfrutarse sin prisa. Además de un cuidado servicio a la carta, imprescindible la tortilla francesa preparada al momento, el buffet reúne fruta fresca, quesos, embutidos, repostería y una excelente selección de productos de proximidad que permiten empezar el día saboreando La Rioja.

Su ubicación es inigualable. En apenas unos minutos se alcanza el casco histórico de Haro, con sus bares, restaurantes y el emblemático Barrio de la Estación, donde se concentran algunas de las bodegas más prestigiosas de la Denominación de Origen Calificada Rioja.

Aquí el vino no es un simple acompañante de la gastronomía; es una forma de entender la vida. Basta pasear por sus calles para sentir esa alegría que caracteriza al municipio y descubrir rincones tan singulares como sus fuentes de vino, convertidas en uno de sus grandes símbolos. Y entonces uno entiende por qué en Haro el vino no solo se bebe; también se celebra.

Biblioteca situada en la cuarta planta 

A pocos kilómetros, entre viñedos, una de las obras más reconocibles de Frank Gehry demuestra cómo la arquitectura contemporánea puede dialogar con un paisaje marcado por siglos de tradición vinícola.

La escapada puede continuar en Laguardia, uno de los pueblos con más encanto de la comarca. Rodeada por una muralla medieval y con unas vistas privilegiadas sobre un mar de viñedos, invita a pasear sin rumbo, descubrir pequeñas plazas y dejarse llevar. Bajo sus calles se esconde otro de sus grandes secretos: una red de bodegas subterráneas excavadas hace siglos, muchas de ellas todavía visitables, que recuerdan hasta qué punto el vino forma parte de la historia de esta tierra.

Detalle de una de las habitaciones del hotel

Con la llegada de la tarde, y ya de vuelta al hotel, la terraza se convierte en uno de los rincones más agradables del hotel. La piscina, la zona lounge y una copa de Rioja crean el ambiente perfecto para dejar que el día se alargue un poco más.

La jornada encuentra su mejor broche en Ventilla, el restaurante del Palacio de los Ángeles. Bajo el asesoramiento gastronómico de los hermanos Echapresto, responsables de Venta Moncalvillo dos estrellas Michelin y dos Soles Repsol, la cocina rinde homenaje al producto riojano con elaboraciones donde la materia prima es la auténtica protagonista. Todo ello acompañado por una extraordinaria colección de vinos de la D.O.Ca. Rioja, una de las grandes señas de identidad del hotel y una magnífica forma de descubrir la región copa a copa.

Terraza del hotel cerca de la piscina

Recomendación especial

Este verano, además, el hotel propone una experiencia muy especial con motivo del eclipse del 12 de agosto. Una velada que combina gastronomía, música en directo y vino para contemplar este fenómeno astronómico entre viñedos, en colaboración con Vivanco. Una forma diferente de disfrutar de uno de los paisajes más emblemáticos de La Rioja.

Quizá ese sea el mayor acierto del Palacio de los Ángeles. No se limita a ofrecer una estancia de cinco estrellas; consigue que el viajero entienda mejor el lugar que visita.

Porque el lujo aquí no se mide únicamente por la belleza de un edificio histórico, por el confort de una habitación o por la excelencia de su gastronomía. También está en recorrer una bodega centenaria, en descubrir la arquitectura imposible de Frank Gehry entre viñedos, en perderse por las calles de Laguardia o en brindar al atardecer con una copa de Rioja.

Hay hoteles que forman parte del viaje. Y otros que terminan convirtiéndose en uno de sus mejores recuerdos.

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