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Pilar Oraá (Flabelus): “El éxito sin amor deja una vida vacía”

Detrás de Flabelus no hay solo zapatos artesanales, sino una manera de vivir la moda desde la fe, la comunidad y la búsqueda del propio camino

Pilar Oraa habla de empresa, de moda y de creatividad, pero en realidad está hablando de fe. No de una fe abstracta ni decorativa, sino de una convicción que atraviesa todas sus decisiones, desde su vida personal hasta el modo en que dirige Flabelus, la marca de calzado artesanal española que ha conseguido abrirse camino en un sector tan competitivo como el de la moda internacional. Su discurso sorprende porque no encaja en el imaginario habitual del emprendimiento actual; ni el éxito, ni la visibilidad, ni el dinero son el centro. El centro es otro. El sentido.

Cuando se le pide que defina el momento que atraviesa, responde sin dudar: “Si tuviera que describir este momento de mi vida en tres palabras diría desafiante, emocionante e ilusionante”. No es una frase pensada para titulares. Lo dice con naturalidad, como si fuera una consecuencia lógica de haber elegido un camino exigente. Montar un proyecto desde cero, explica, no es solo un reto profesional. Es una escuela de vida. “Es aprender sobre la marcha algo que nadie te ha enseñado. Hay mucho desafío y mucho riesgo”, afirma.

Habla de incertidumbre, de cansancio, de frustración. “Nada se consigue sin sufrimiento en esta vida”, reconoce. “Pero al mismo tiempo lo disfruto muchísimo. A mí me va la marcha”. La contradicción no le incomoda. Forma parte de su manera de entender el crecimiento. El sufrimiento, insiste, no es un obstáculo, sino un camino. Esa mirada tiene mucho que ver con su espiritualidad. Aunque durante años sintió que su fe no encajaba en el mundo de la moda, hoy la reivindica como una fuente de libertad. “Vivimos en un mundo que presume de libertad, pero es una libertad maquillada”, asegura. Durante mucho tiempo sintió la presión de las etiquetas. “Te encasillan. O eres una cosa o eres otra. Y yo no era ni una cosa ni la otra”.

Su vida se movía entre ambientes muy distintos: formación académica exigente, espiritualidad, moda, creatividad. Esa mezcla le generó dudas. “Pensaba que no estaba siendo sincera, que no sabía quién era”. Hoy lo interpreta como una riqueza. “Soy híbrida. Soy camaleónica. La variedad está en la riqueza”.

Si pudiera hablar con su versión de 20 años, el consejo sería simple: “Confía en ti y sigue tu intuición”. También le diría que no tenga miedo al juicio ajeno. Porque una de las dificultades más profundas que ha experimentado no ha sido el fracaso empresarial, sino la incomprensión social. “No siempre he tenido apoyo. Muchas veces me he sentido sola”.
Esa soledad, explica, no procede únicamente del mundo profesional. También aparece cuando una persona intenta vivir con coherencia. Hablar de fe en entornos creativos y cosmopolitas puede resultar incómodo. “Yo me movía en ambientes muy transgresores, modernos, y decía que era una persona católica, independiente, practicante, que iba a misa los domingos. Y para muchos era algo extraño”.

Lejos de ocultarlo, decidió asumirlo como parte de su identidad. “La variedad está en la riqueza. No tenemos que ser iguales”. Para Oraa, la verdadera libertad no consiste en eliminar diferencias, sino en poder vivirlas con respeto.
Su reflexión sobre la mujer también parte de esa visión. Cree que el discurso actual es superficial si no tiene en cuenta la realidad emocional. “Nos juzgan más. Se espera más de nosotras. Eso genera ansiedad”, afirma. Y añade: “Nos dicen que somos iguales, pero no es verdad. Somos diferentes. Y para muchas cosas, afortunadamente”.

No lo plantea como un enfrentamiento, sino como una invitación a aceptar la complejidad humana. Para ella, el empoderamiento no consiste en copiar modelos masculinos ni en seguir un único camino. Consiste en encontrar el propio. “Una mujer emprendedora no es solo la que tiene una empresa. También lo es una madre”. Su gran referente es una figura que sintetiza esa coherencia: “La número uno para mí es la Madre Teresa de Calcuta”.  No la admira por su fama, sino por su humanidad. “Tenía dudas, tenía crisis, tenía una lucha interna. Y aun así siguió adelante”. Esa idea de perseverancia, incluso en la incertidumbre, ha marcado su forma de dirigir.

“Aunque la mayoría de la gente esté en tu contra, no significa que tengan razón”. Esa frase, que repite varias veces durante la conversación, funciona casi como un lema. También habla con emoción de su familia. De su madre, que la apoyó sin entender siempre su ritmo de vida. De su hermana, con una vida completamente distinta, centrada en la familia, que valora su trabajo. “Enseñar con el ejemplo es lo más importante”, afirma.

Ese énfasis en el ejemplo se refleja en su forma de liderar. Cree que el liderazgo no es solo estrategia ni resultados. Es coherencia personal. Es paciencia. Es humildad. “Son golpes de humildad”, dice cuando habla de los obstáculos. El fracaso, explica, no es un drama. Es una oportunidad de crecimiento. “Es el ojo con el que mires lo que te pasa”. Su mirada crítica hacia el éxito superficial también tiene raíces espirituales. “He visto documentales de diseñadores con mucho éxito y una vida muy triste”, señala. Para ella, el problema es el vacío. “El ser humano necesita amar y ser amado. Si no tienes eso, estás vacío”.

Esa convicción fue el origen de Flabelus. La marca nació como un proyecto empresarial, pero también como un relato. “Queríamos crear algo más allá de una marca. Queríamos crear emociones”. Cada colección está inspirada en personajes literarios femeninos. No se trata solo de estética. Es una narrativa. “Este año es Dorothy. Nos centramos en el camino. Encuentra tu camino y síguelo”.

La literatura no es un recurso superficial, sino una estructura simbólica. El viaje, la transformación, la identidad. Conceptos que conectan con su propia experiencia. La marca se presenta como un universo cultural. “Estamos ligados a la artesanía española. Todo se hace en España”. Para ella, el lujo no es el precio, sino el tiempo. “Es el proceso. Desde la inspiración hasta el trabajo de los artesanos”.

La producción en Elche simboliza esa filosofía. Cada zapato se hace uno a uno. La conexión con la escritura lenta de los libros refuerza el mensaje. En un mundo acelerado, la lentitud es un acto de resistencia. La fe también aparece en la manera en que concibe la comunidad. “En nuestros eventos es muy importante que nadie esté solo”, explica.

Ese detalle, aparentemente menor, revela una visión más profunda: la empresa como espacio de encuentro. Para ella, el éxito no se mide solo en ventas, sino en vínculos. En experiencias compartidas. En el impacto emocional. El sueño ocupa un lugar central. “Es muy importante soñar. Aunque no tengas algo, sueña con ello. Muchas veces se cumple en parte”. No lo dice desde la ingenuidad. Lo dice desde la experiencia de haber construido algo improbable. Su estilo personal refleja esa coherencia. Empieza por los zapatos. “Primero el zapato y luego el look”.

Ama los corsés, los contrastes, los colores. Pero insiste en que la moda no es superficial. Es identidad. En última instancia, la historia de Pilar Oraa no es la de una emprendedora de moda. Es la de una mujer que intenta vivir con coherencia en un mundo lleno de contradicciones. Que habla de fe en un sector donde no es habitual. Que defiende la diferencia en una época que busca homogeneidad. Que cree en el tiempo lento en un sistema obsesionado con la velocidad.
“Esto es una carrera de fondo”, repite. Y en esa frase hay más que una estrategia empresarial. Hay una forma de entender la vida.

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