Warren Buffett y las mujeres que marcaron su vida: amor, frugalidad y éxito más allá del dinero

En 2006, Buffett anunció que donaría la mayor parte de su fortuna a la Fundación Bill y Melinda Gates, confirmando una idea que siempre defendió: la riqueza debe volver a la sociedad

Warren y Astrid Buffett.

A los 93 años, Warren Buffett se prepara para cerrar una de las carreras más influyentes de la historia financiera. El mítico inversor anunció que en 2026 dejará la presidencia de Berkshire Hathaway, el conglomerado que transformó en un coloso mundial partiendo de una inversión inicial modesta. Mientras analistas y mercados se preguntan qué ocurrirá tras su retirada, su historia personal revela otra dimensión menos conocida: una vida guiada por la austeridad, relaciones sentimentales poco convencionales y una filosofía vital que siempre priorizó el tiempo y las personas frente al dinero.

Un niño de la Depresión con talento para los números

Warren Edward Buffett nació en Omaha (Nebraska) en 1930, en plena Gran Depresión. Creció en una familia donde la frugalidad era norma: su padre, Howard Buffett, fue congresista republicano, y su madre, Leila Stahl, una mujer exigente y de carácter fuerte. Desde muy pequeño mostró una habilidad excepcional para las matemáticas y los negocios. Con apenas seis años revendía refrescos para obtener beneficios y, antes de cumplir los doce, ya había comprado sus primeras acciones.

Ese talento precoz convivía con una marcada dificultad para las relaciones personales. Buffett era metódico, reservado y poco hábil socialmente, un rasgo que le acompañaría durante gran parte de su vida adulta.

Susie Buffett, el equilibrio emocional

Ese desequilibrio encontró compensación en Susan Thompson, conocida como Susie, una joven carismática y vital con la que se casó en 1952. Ella se convirtió en su apoyo emocional y social, mientras él se concentraba en construir su imperio financiero. Tuvieron tres hijos y durante años proyectaron la imagen de una familia tradicional.

Sin embargo, en 1977, Susie decidió mudarse a San Francisco para desarrollar su carrera artística y su activismo social. No hubo divorcio, pero sí una transformación radical del matrimonio. Aun viviendo separados, mantuvieron un vínculo afectivo y una comunicación constante.

Astrid Buffett, esposa del multimillonario Warren Buffet.
Astrid Buffett, esposa del multimillonario Warren Buffet.

Un triángulo amoroso discreto y duradero

De aquella decisión surgió una de las historias más singulares de la vida de Buffett. Fue la propia Susie quien presentó a Astrid Menks, una camarera de origen letón, para que acompañara a Warren en Omaha. Astrid terminó convirtiéndose en su compañera cotidiana, mientras Susie seguía siendo su esposa legal.

Durante casi tres décadas, los tres mantuvieron una relación basada en la lealtad y el respeto mutuo. Firmaban juntos las tarjetas navideñas como “Warren, Susie y Astrid”. Tras la muerte de Susie en 2004, Buffett quedó profundamente afectado. Dos años después, se casó con Astrid en una ceremonia íntima. Desde entonces, ella ha sido su compañera estable y discreta.

Warren Buffett y su esposa.
Warren Buffett y su esposa.

Hijos educados sin herencias millonarias

Buffett siempre ha defendido que el dinero no debe regalarse, ni siquiera a los hijos. Sus tres descendientes crecieron sin lujos pese a la enorme fortuna familiar.

  • Susie Buffett, la mayor, se dedica hoy a la filantropía.
  • Howard Buffett será el futuro presidente no ejecutivo de Berkshire Hathaway, heredero de la cultura corporativa, no del capital.
  • Peter Buffett, músico y escritor, ha explicado que recibieron de su padre valores, atención y ejemplo, pero no grandes sumas de dinero.

La rutina austera del multimillonario

Pese a dirigir un imperio valorado en cientos de miles de millones, Buffett mantiene una vida sorprendentemente sencilla. Vive en la misma casa que compró en 1958, desayuna a menudo en McDonald’s, bebe varias Coca-Colas al día y dedica horas al bridge. No utiliza smartphone ni ordenador y evita cualquier ostentación. Su único gran lujo es un jet privado, al que irónicamente llamó Indefensible.

Un legado basado en valores

En 2006, Buffett anunció que donaría la mayor parte de su fortuna a la Fundación Bill y Melinda Gates, confirmando una idea que siempre defendió: la riqueza debe volver a la sociedad. Al acercarse su jubilación, deja mucho más que un manual de inversión. Deja la historia de un hombre que acumuló dinero sin dejarse definir por él, que amó de forma poco convencional y que midió el éxito en términos humanos.

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