Mundo fashion

Zara y sus probadores con inteligencia artificial (la moda se prueba desde casa)

Lleva el probador a tu móvil con inteligencia artificial, un espejo digital que promete acertar con la talla (y quizá también con el deseo)

Hasta hace nada, probarse ropa era un acto casi ritual. La luz del probador, el espejo que no perdona, el “¿me queda grande o es que estoy cansada?” y la conversación inevitable con la amiga (o con una misma) sobre si esa prenda te representa o te disfraza. Ahora Zara quiere que ese momento ocurra en otro escenario; es decir, en tu sofá, tu cama o el metro. Y lo hace con una promesa tentadora: un probador virtual con inteligencia artificial capaz de mostrarte cómo te quedaría una prenda antes de comprarla.

La función, integrada en la app de Zara, apareció en España a finales de 2025 y se presentó como un salto lógico dentro de la digitalización del retail. No es solo “ver la prenda en una modelo”, ni un filtro simpático de redes sociales: aquí la idea es que el sistema genere una representación de tu cuerpo a partir de imágenes y te enseñe la ropa sobre ese avatar, con un realismo que aspira a reducir el principal drama de la compra online: la incertidumbre. Esa duda pequeñita que acaba convirtiéndose en un paquete de devolución y, en el peor de los casos, en frustración.

Lo interesante no es únicamente la tecnología (que ya venía tanteándose en el sector desde hace años con probadores virtuales, realidad aumentada y herramientas similares), sino el cambio cultural que sugiere. Porque el probador no es un lugar neutral, es un espacio donde se decide, se imagina, se negocia con la propia imagen. Y cuando ese espacio se traslada a una pantalla, la experiencia cambia.

 

En el probador “de toda la vida” hay textura, peso, caída de la tela; hay señales sutiles que solo se captan en vivo: cómo se comporta un tejido al moverse, si una costura roza, si la cintura aprieta al sentarte. El probador virtual, en cambio, promete atajar la ansiedad del “¿y si no me queda bien?” con una imagen rápida, cómoda y (esto es clave) con un punto de espectáculo.

Algunas personas que lo han probado hablan de lo divertido que resulta, casi como jugar a construir looks sin pasar por el esfuerzo de cambiarse. Otras, sin embargo, se quejan de que que a veces la herramienta parece diseñada para que todo quede demasiado bien. Como si el espejo digital fuese un poco más amable que el real.

Y ahí aparece la pregunta que ninguna marca suele formular en voz alta: ¿Qué busca exactamente un probador de IA? ¿Ajustar expectativas o seducirlas? Puede hacer ambas cosas. Puede ayudarte a escoger talla con más confianza y, al mismo tiempo, empujarte a probar combinaciones infinitas que terminan “justificando” una compra. Es el viejo juego del probador, pero con un motor que no se cansa y que siempre tiene otra idea para ti.

También está el tema inevitable, el de la privacidad. Para que un sistema así funcione necesita imágenes. Eso no lo convierte automáticamente en algo siniestro, pero sí en algo que merece atención: qué se sube, cómo se procesa, cuánto tiempo se conserva, para qué se usa. En el universo de la moda, tan acostumbrado a construir deseo a partir de imágenes, la frontera entre utilidad y exposición puede volverse difusa.

Desde el punto de vista de Zara, el movimiento encaja como un guante. En el comercio online, las devoluciones son un coste enorme, logístico y ambiental; cualquier herramienta que reduzca el “me lo pido y ya veré” es oro. Y desde el punto de vista del cliente, el probador virtual funciona como una promesa de control: menos error, menos pérdida de tiempo, menos dudas. Una compra más tranquila. O, al menos, eso sugiere.

Pero quizá lo más fascinante es lo que esto dice de nuestra relación con la moda: estamos pasando de “probar ropa” a probar versiones de nosotras mismas. Antes el espejo era el árbitro; ahora también lo es un sistema que interpreta tu imagen y la viste con prendas. En ese proceso, la moda deja de ser solo un objeto y se convierte en una interfaz: algo que se experimenta, se simula, se ajusta.

¿Es el futuro? Probablemente sí, aunque no sea perfecto todavía. De momento, el probador de IA no puede reemplazar esa verdad física del tejido ni el “clic” emocional que sientes cuando algo te queda increíble de manera inesperada. Pero sí puede cambiar el umbral de entrada; es decir, probar más, decidir más rápido y comprar con sentido.

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