Claves de la reunión entre Dinamarca y Trump por Groenlandia, ¿cómo ha quedado el asunto?

Donald Trump presiona para controlar Groenlandia mientras Dinamarca y el Gobierno groenlandés intentan frenar una escalada diplomática

Donald Trump durante su reunión con los ejecutivos de las principales empresas petroleras del mundo
EFE

La reunión entre Donald Trump, Dinamarca y Groenlandia celebrada ayer en Washington dejó una sensación inquietante. Nadie salió satisfecho, pero todos saben que el conflicto apenas ha empezado. En poco más de una hora, sin cámaras ni gestos para la galería, las delegaciones constataron que el presidente de Estados Unidos sigue decidido a hacerse con Groenlandia y que Copenhague no está dispuesta a entregar un territorio que considera parte irrenunciable de su soberanía.

Para Donald Trump, Dinamarca y Groenlandia no están discutiendo solo un asunto diplomático, sino una pieza clave del nuevo tablero geopolítico del Ártico, donde Rusia y China aparecen constantemente en el relato de la Casa Blanca como amenazas existenciales.

Un choque frontal entre Washington y Copenhague

Tras el encuentro, el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, reconoció que la conversación con los enviados de Donald Trump fue “franca pero constructiva”. Una fórmula que en diplomacia suele traducirse como desacuerdo sin ruptura. Dinamarca dejó claro que mantiene su postura: Groenlandia no está en venta y cualquier cooperación debe hacerse dentro del marco de los acuerdos ya existentes.

Sin embargo, Donald Trump no ha movido un milímetro su posición sobre Groenlandia. Según Rasmussen, el presidente estadounidense “desea conquistar Groenlandia”, aunque acepte abrir una vía de diálogo para evitar una crisis inmediata. Ese es el origen del llamado grupo de trabajo de alto nivel, que se reunirá en las próximas semanas para intentar encajar las demandas de Washington con las líneas rojas de Dinamarca.

Claves de la reunión entre Dinamarca y Donald Trump por Groenlandia, ¿cómo ha quedado el asunto?
Claves de la reunión entre Dinamarca y Donald Trump por Groenlandia, ¿cómo ha quedado el asunto?
Efe

Uno de los elementos más relevantes de la reunión fue que Groenlandia habló con voz propia. Su ministra de Exteriores, Vivian Motzfeldt, fue tajante al responder a las ambiciones de Donald Trump: “No queremos pertenecer a Estados Unidos”. Esa frase resume la incomodidad de Nuuk ante un debate que, en la práctica, reduce el futuro de la isla a una pugna entre grandes potencias.

Dinamarca y Groenlandia trataron además de desmontar el argumento central de la Casa Blanca: la supuesta presencia creciente de China y Rusia. Según sus datos de inteligencia, no ha habido buques de guerra chinos en aguas groenlandesas en casi una década, lo que cuestiona la narrativa de emergencia militar que utiliza Donald Trump.

El discurso incendiario de Trump antes de la reunión

Horas antes de sentarse a hablar con Dinamarca y Groenlandia, Donald Trump dejó claro en sus redes sociales que solo considera aceptable un escenario en el que Estados Unidos controle Groenlandia. Llegó a afirmar que la OTAN sería más fuerte con la isla en manos estadounidenses y que, de lo contrario, Rusia o China acabarían ocupándola.

Ese tono marcó todo el encuentro. Incluso después, desde el Despacho Oval, Donald Trump insistió en que Dinamarca no es capaz de defender Groenlandia, burlándose de su capacidad militar con referencias a “trineos tirados por perros”. Para Copenhague, esa actitud explica por qué la prioridad era evitar una humillación pública y rebajar la tensión.

Lo que ocurrió entre Donald Trump, Dinamarca y Groenlandia no tiene casi precedentes dentro de la OTAN. No es habitual que un aliado europeo tenga que defender su integridad territorial frente a otro miembro de la Alianza. Ni que el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, actúe como enviado especial para forzar una cesión territorial.

Mientras se desarrollaba la reunión, la Casa Blanca incluso publicó una viñeta insinuando que Groenlandia solo tiene dos opciones: alinearse con Washington o caer en manos de Rusia y China. Un gesto que muestra hasta qué punto Donald Trump está dispuesto a presionar.