Estados Unidos ha ordenado el despliegue del USS Gerald Ford rumbo al Mediterráneo, en dirección al estrecho de Gibraltar, en un movimiento que varios medios interpretan como la señal más visible de un aumento de presión sobre Irán en plena escalada diplomática. Una fuente naval citada por USNI News confirmó que el grupo cruza el Atlántico y se encamina a Gibraltar con destino a la zona de responsabilidad de U.S. Central Command.
El despliegue del USS Gerald Ford se produce mientras Donald Trump mantiene abierta la incógnita sobre el siguiente paso con Irán. Reuters informó de que Trump ha vuelto a endurecer su ultimátum y ha situado en el horizonte de “10 a 15 días” el momento en el que podría aclararse el rumbo, con la advertencia de “malas cosas” si no hay acuerdo.
En paralelo, ABC News ha descrito el movimiento del USS Gerald Ford como parte de un segundo grupo de portaaviones camino de Oriente Medio en un contexto de “tensiones crecientes”.
Un despliegue para presionar (y preparar opciones) ante Irán
El relato que acompaña al USS Gerald Ford es doble:
- Por un lado, el de la disuasión: presencia naval y músculo aéreo como mensaje político.
- Por otro, el de la preparación de capacidades por si fracasa la negociación sobre el programa nuclear iraní.
Distintos medios estadounidenses han publicado que las Fuerzas Armadas estarían listas para una ofensiva en cuestión de días. No obstante, la decisión política no estaría cerrada.
En ese esquema, el USS Gerald Ford avanza escoltado por una constelación de medios que refuerzan el despliegue: aviones cisterna para reabastecimiento y cazas de última generación. El foco no es solo el mar. Es también el aire, la logística y el tiempo de respuesta.
La imagen que se persigue es la de una maquinaria que ya está en posición, o camino de estarlo, sin necesidad de anunciar aún un “sí” definitivo a una operación.
El “doble portaaviones” y la foto de fuerza en la región
El plan es que el USS Gerald Ford se una en el área a otro grupo de combate encabezado por el portaaviones USS Abraham Lincoln, según informaciones publicadas en medios internacionales sobre el despliegue naval estadounidense.
En el paquete de escoltas citadas en las informaciones aparecen destructores como:
- El USS Bainbridge
- El USS Mahan
- El USS Winston S. Churchill
Una composición típica para proteger al portaaviones y ampliar su radio operativo.

El valor estratégico del USS Gerald Ford está precisamente en eso: no es solo un buque. Es el centro de un ecosistema. Desde defensa antiaérea hasta guerra antisubmarina, pasando por inteligencia y apoyo logístico. Y, sobre todo, la posibilidad de proyectar potencia aérea sostenida sin depender de bases en tierra, algo clave en un escenario tan sensible como el que rodea a Irán.
El mayor navío militar: tamaño, tripulación y ala aérea
Cuando se habla del USS Gerald Ford como “el mayor navío militar”, no es un eslogan vacío. Se trata del portaaviones líder de su clase, con una eslora de aproximadamente 1.106 pies (unos 337 metros) y una dotación en torno a 4.600 personas si se suma la tripulación, el ala aérea y el personal de apoyo. Además, su capacidad aérea ronda los 75 aparatos, aunque la cifra varía según misión, configuración y necesidades operativas.
El USS Gerald Ford es, además, un portaaviones de propulsión nuclear. Eso significa autonomía prolongada, alta disponibilidad energética y margen para alimentar sistemas avanzados a bordo. No es solo potencia. Es continuidad. En un despliegue de tensión, esa diferencia cuenta.
EMALS y AAG: la tecnología que cambia el ritmo de las operaciones
La singularidad del USS Gerald Ford también se explica por dos siglas.
- La primera es EMALS, el sistema de catapultas electromagnéticas desarrollado por General Atomics, que sustituye a las catapultas de vapor tradicionales. La lógica es sencilla: aceleración más controlada, menos estrés para las aeronaves y ciclos de lanzamiento más eficientes gracias a recargas más rápidas y a una arquitectura eléctrica pensada para operar con flexibilidad.
- La segunda sigla es AAG, el sistema avanzado de frenado que detiene a los aviones cuando aterrizan en cubierta. Es el “otro lado” del ciclo: lanzar rápido, recuperar con seguridad y repetir.

La combinación EMALS–AAG está diseñada para aumentar el número de operaciones aéreas diarias del USS Gerald Ford frente a generaciones anteriores, justo el tipo de ventaja que se busca cuando el mensaje político depende, en parte, de la capacidad real de sostener un ritmo de vuelo elevado.
Antecedente reciente: del Caribe al Mediterráneo
El USS Gerald Ford no llega a este despliegue como una pieza inédita. En los últimos meses, el grupo del portaaviones estuvo asociado a operaciones y movimientos en el Caribe bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico, en un contexto regional que, según varias crónicas, terminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a comienzos de enero.
Ese precedente ayuda a entender el patrón: el USS Gerald Ford funciona como herramienta de presión geopolítica y como recordatorio de que Washington puede escalar rápido si decide hacerlo.
Ahora el foco vuelve a Oriente Medio. Y el USS Gerald Ford, por tamaño, tecnología y simbolismo, se convierte en el emblema perfecto para esa narrativa: diplomacia bajo amenaza, negociación bajo reloj y un despliegue que busca ser, por encima de todo, creíble.
