A solo 85 segundos de la medianoche del Reloj del Juicio Final. Así de cerca sitúan hoy los científicos a la humanidad de un punto sin retorno. El llamado Reloj del Juicio Final, un indicador creado para alertar sobre los riesgos existenciales que amenazan al planeta, marca en 2026 el momento más crítico desde su creación hace casi ocho décadas. Nunca antes sus manecillas habían estado tan próximas al final.
El Boletín de los Científicos Atómicos, la organización sin ánimo de lucro que mantiene este reloj desde 1947, anunció el martes el nuevo ajuste: cuatro segundos más cerca de la medianoche que el año pasado. En 2025, el reloj se encontraba a 89 segundos; antes, en 2023 y 2024, se había mantenido en 90. La decisión de adelantarlo responde, según el propio Boletín, a la falta de avances reales frente a amenazas globales que no solo persisten, sino que se agravan.
La medianoche representa el instante en el que la Tierra quedaría inhabitable como consecuencia de decisiones humanas. No se trata de una predicción literal, sino de una metáfora diseñada para sacudir conciencias. Aun así, el mensaje que lanzan los expertos es inequívoco. “La humanidad no ha logrado avances suficientes frente a los riesgos existenciales que nos ponen en peligro a todos”, afirmó la presidenta y directora ejecutiva del Boletín, Alexandra Bell. En sus palabras, el reloj sirve para comunicar “lo cerca que estamos de destruir el mundo con tecnologías creadas por nosotros mismos”. Bell advirtió además que los riesgos asociados a las armas nucleares, el cambio climático y las tecnologías disruptivas “siguen creciendo”, y sentenció: “Cada segundo cuenta y nos estamos quedando sin tiempo”. Para la responsable del Boletín, asumir esta realidad es duro, pero ineludible: “Es una verdad difícil, pero es nuestra realidad”.
“Lo frágil que es nuestra existencia en este planeta”
El Reloj del Juicio Final nació en el contexto de la posguerra. Fue impulsado por científicos vinculados al Proyecto Manhattan —el programa que desarrolló la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial—, quienes fundaron el Boletín en 1945 con el objetivo inicial de vigilar la amenaza nuclear. Con el paso de los años, el enfoque se amplió. Desde 2007, el cambio climático forma parte de los factores que se tienen en cuenta para fijar la hora.
El reloj no pretende medir con exactitud matemática los peligros que afronta el mundo. Su función es, según el Boletín, provocar debate y reflexión sobre crisis complejas. Esa naturaleza simbólica ha generado críticas. El climatólogo Michael Mann lo definió para la CNN en 2022 como “una metáfora imperfecta”, al combinar riesgos muy distintos entre sí y con escalas temporales diferentes. Sin embargo, el propio Mann reconoció que sigue siendo “un recurso retórico importante” que recuerda cada año “lo frágil que es nuestra existencia en este planeta”.
Otros expertos también defienden para el medio estadounidense su utilidad. Para Eryn MacDonald, analista sénior del programa de seguridad global de la Unión de Científicos Preocupados, las decisiones del Boletín han sido meditadas y buscan captar la atención sobre amenazas reales y la necesidad de actuar. En ese sentido, lamentó que ya no se pueda hablar de minutos, sino de segundos, porque “por desgracia, eso ya no refleja la realidad”.

“No sabremos que ocurrirá cuando pase”
Las razones detrás del adelanto de este año no son nuevas. El riesgo nuclear, la crisis climática, las amenazas biológicas y el posible uso indebido de tecnologías emergentes ya estaban presentes en evaluaciones anteriores. Sin embargo, según explicó en 2024 Daniel Holz, presidente del Consejo de Ciencia y Seguridad del Boletín, la falta de progreso está generando consecuencias “cada vez más negativas y preocupantes”. A ello se suman la expansión de la desinformación, las noticias falsas y las teorías conspirativas, que erosionan el ecosistema informativo y dificultan la toma de decisiones basadas en hechos.
Pese al sombrío diagnóstico, el reloj también ha demostrado que el tiempo puede retroceder. El momento de mayor esperanza se registró en 1991, cuando las manecillas se alejaron hasta los 17 minutos antes de la medianoche tras la firma del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Desde su creación, solo en ocho ocasiones se ha logrado retrasar el reloj.

Rachel Bronson, expresidenta del Boletín y actual asesora sénior, confía en que la medianoche nunca llegue. “Cuando el reloj marca la medianoche, significa que ha habido algún tipo de intercambio nuclear o un cambio climático catastrófico que ha acabado con la humanidad”, explicó. Y añadió: “Nunca queremos llegar ahí, y no sabremos que ocurrirá cuando pase”.
Para el Boletín, la posibilidad de cambiar el rumbo sigue existiendo. “Creemos que, dado que los seres humanos crearon estas amenazas, también pueden reducirlas”, sostuvo Bronson, aunque reconoció que hacerlo “no es fácil” y requiere “trabajo serio y compromiso global”. Porque, como recuerdan los científicos, cada segundo cuenta.


