La escritora Elvira Dones ha publicado su segunda novela traducida al español Pequeña guerra perfecta, una novela que sitúa al lector en Pristina durante los bombardeos de la OTAN en la guerra de Kosovo. A lo largo de 80 días, sigue a tres mujeres —Rea, Nita y Hana— mientras los proyectiles caen sin parar.
En una entrevista con Artículo14, Dones explica que decidió escribir el libro “por amor a Kosovo” y que, aunque optó por la ficción, lo había “estudió muy profundamente” y viajó varias veces allí después de la guerra. En ese momento vivía en Suecia y, según cuenta, seguía el conflicto sabiendo que “inevitablemente iba a venir tras las demás guerras”.
Según cuenta, “la literatura a veces personaliza las cosas” y “hace al lector empatizar”, especialmente cuando se trata de “temas muy, muy pesados como son las guerras”.

“La humanidad no aprende de la historia”
Cuando habla del presente, su tono cambia claramente. Ante la pregunta sobre las guerras actuales y la tecnología —drones, bombardeos remotos—, responde de forma directa: “Las guerras son horribles, todas. Todas”. Y añade: “La humanidad, desde mi punto de vista, no aprende de la historia”.
Dones reconoce: “Estoy furiosa” y poco después insiste: “Estoy asustada”. Habla de los conflictos actuales —Irán, Ucrania, Gaza— y los califica de “horrible” e “injustificado”. Explica que -aunque su origen es albanés- es ciudadana americana y sigue la actualidad constantemente, leyendo y escuchando noticias “todos los días”, y que eso le afecta profundamente: “Me enveneno todos los días con todo lo que sucede”.
“No sé dónde vamos”, “no sé dónde está Europa ni la Unión Europea”. Insiste en que no ve una salida: “No veo cómo esto termina”.
“Escribo por amor a esas mujeres que han sufrido”
El foco en las mujeres en su novela no es casual. Cuando se le pregunta por ello, responde que muchas veces solo se ven datos y no experiencias. “Los hombres empiezan las guerras, pero las mujeres y los niños pagan un gran precio por eso”, afirma.
Pero además, la decisión tiene un origen muy concreto. Tras la guerra de Kosovo, fue invitada a Pristina por un grupo de activistas feministas y profesoras. Allí conoció a muchas mujeres que le contaron sus historias en una ciudad todavía marcada por la destrucción: “Todavía estaba quemado en todos lados”.

Lo que más le impactó fue cómo hablaban: “Sin llantos, sin levantar la voz, con poesía”. Esa actitud la marcó profundamente. Explica que no podía llorar delante de ellas, pero que cada noche, al volver al hotel —el Gran Hotel de Pristina—, “lloraba y lloraba”.
A partir de esa experiencia decidió no escribir un libro periodístico. Quería que “cada pieza del puzle fuera correcta”, pero poniendo a las mujeres en el centro porque la violencia contra ellas es sistemática: “En las guerras la violación de mujeres es un arma”. “Escribo por amor a esas mujeres que han sufrido”, afirma la autora.
“No hay justicia en la guerra”
La presencia de las mujeres atraviesa toda su obra. Este es su segundo libro publicado en español tras Vírgenes juradas, y menciona también otras novelas. En Sol quemado, por ejemplo, abordó la prostitución en Albania tras la caída de la dictadura, cuando “criminales empezaron a robar a mujeres y a lanzarlas a las calles de Europa”.
Sobre si tiene más historias de mujeres por contar, asegura que sí. Al preguntarle si estamos aprendiendo algo de conflictos pasados como los de los Balcanes, responde: “No”. Cree que las reacciones actuales —protestas, declaraciones— no cambian el fondo de la situación.
Insiste en que “no hay justicia en la guerra” y “la guerra no es limpia”. Explica que el título de su libro es “sarcástico”, precisamente por esa idea.
Dones termina con una reflexión personal. Dice que normalmente es optimista, pero que ahora mismo no lo es. La situación global, el auge político que percibe y los conflictos abiertos no le permiten verlo de otra manera. Aun así, deja una última frase: “Espero estar equivocada”.
