Las últimas declaraciones de la Administración Trump sobre su hoja de ruta para Venezuela, centrada primero en la estabilización del país, luego en la recuperación económica y solo en tercer lugar en una eventual transición, han generado inquietud entre organizaciones de derechos humanos y sectores opositores. En un contexto marcado por la detención de Nicolás Maduro y por señales que apuntan a posibles fórmulas de continuidad del chavismo, el futuro de los presos políticos vuelve a situarse en el centro del debate.
Para Martha Tineo, coordinadora general de la ONG Justicia, Encuentro y Perdón, el momento actual no puede analizarse únicamente en clave geopolítica y de los intereses fijados por la Casa Blanca. La activista venezolana insiste en que cualquier estrategia internacional que no coloque a las víctimas y a los presos políticos en el centro corre el riesgo de consolidar una falsa estabilidad, construida sobre el aislamiento, el miedo y la represión.

En los últimos días, el gobierno venezolano ha anunciado la liberación de un número importante de presos, incluidos opositores, activistas de derechos humanos y ciudadanos extranjeros, presentada oficialmente como un gesto unilateral de paz y de “convivencia pacífica”. Entre las personas excarceladas se encuentran figuras emblemáticas como la analista Rocío San Miguel y el excandidato presidencial Enrique Márquez, cuya salida de prisión ha sido recibida como un alivio por sus familias y como una victoria parcial por organizaciones de derechos humanos, que desde hace años denuncian la existencia de centenares de presos políticos en el país.
En conversación con Artículo14, Tineo desgrana la valoración de su organización sobre el escenario abierto tras los últimos acontecimientos, advierte del uso histórico de los presos políticos como piezas de canje y subraya que sin atender esta realidad no puede hablarse de una solución real para la Venezuela post Nicolás Maduro. Tras las liberaciones anunciadas, opositores insisten en que la excarcelación debe ser el inicio del desmantelamiento del aparato represivo y no una operación puntual destinada a mejorar la imagen del gobierno sin cambios estructurales en el sistema de justicia.

-¿Cuál es su primera valoración ante lo que se está conociendo sobre la hoja de ruta de la administración estadounidense para Venezuela?
-Desde nuestra organización entendemos que, por lo que se ha expresado públicamente, no estamos en el inicio de una transición. La propia Administración norteamericana ha señalado que su prioridad es la estabilización, seguida de la recuperación económica, y solo en un tercer momento una transición. Eso confirma algo que ya intuíamos desde los primeros días: que no se ha planteado aún un proceso claro de cambio político inmediato.
-Aun así, su organización habla de una “posibilidad importante” que se abre en este momento. ¿A qué se refiere exactamente?
-Nosotros creemos que, aunque no estemos formalmente en una transición, sí estamos en una coyuntura en la que se abre una posibilidad relevante. Ahora bien, esa posibilidad solo puede avanzar si se entienden correctamente las prioridades. Y una de ellas, desde nuestro punto de vista, es la situación de los presos políticos, que no puede quedar relegada o pospuesta.
-¿Por qué considera que la liberación de los presos políticos es clave incluso en una fase que se define como de “estabilización”?
-Porque la estabilidad pasa necesariamente por la liberación de los presos políticos. En Venezuela hay más de mil personas que se encuentran en condición de rehenes políticos, y se trata de un grupo especialmente vulnerable. Si se pretende estabilizar el país sin atender esta realidad, lo que se hace es ignorar uno de los principales factores de tensión y de injusticia estructural.
-Habla de ellos como “rehenes”. ¿Qué implica esa caracterización?
-Implica reconocer que estas personas han sido utilizadas históricamente como piezas de canje. Desde 2014 hemos visto cómo, en momentos de máxima presión interna o internacional, se producen excarcelaciones selectivas para aliviar tensiones, sin que eso suponga un cambio real en el patrón represivo. Esa lógica se mantiene.
-¿Existe el riesgo de que, en el contexto actual, la situación de los presos empeore?
-Ese riesgo existe. Precisamente porque son un grupo tan vulnerable, pueden verse aún más afectados como parte de estrategias destinadas a generar temor o a desincentivar cualquier escenario que favorezca cambios profundos. No sería la primera vez que ocurre.
-¿Qué información tienen sobre las condiciones actuales de detención?
-Desde que se produjeron los últimos acontecimientos, los presos políticos se encuentran incomunicados. Las familias no han podido tener contacto con ellos y las visitas han sido suspendidas. En algunos casos se permitió la entrega de alimentos e insumos, pero sin contacto directo. Esa situación de aislamiento ya supone, en sí misma, un trato cruel y un empeoramiento de sus condiciones.
-¿Por qué considera que ese aislamiento es especialmente grave en este momento?
-Porque agrava una situación que ya era extremadamente delicada. La incomunicación genera angustia, incertidumbre y vulnera derechos fundamentales tanto de los detenidos como de sus familiares. Además, en contextos de tensión política, ese aislamiento incrementa el riesgo de abusos y de deterioro físico y psicológico.
-Desde algunos sectores se habla de que la captura de Nicolás Maduro supuso un punto de inflexión. ¿Cómo lo viven las víctimas?
-Para las víctimas tiene un efecto importante saber que una persona señalada como responsable de crímenes está enfrentando un proceso judicial. No solo por las causas abiertas en Estados Unidos, sino también por los señalamientos previos de la Misión de Determinación de Hechos de la ONU y por las investigaciones en instancias internacionales. Hay un componente reparador en ese hecho.
-¿Eso se traduce en menos frustración respecto a la posición de Estados Unidos?
-En los grupos de víctimas no percibo frustración, sino ansiedad. Hay una expectativa muy fuerte de que Venezuela pueda avanzar hacia la redemocratización. La hoja de ruta planteada genera la sensación de que ese momento todavía está lejos, de que hay que esperar más, y eso produce mucha inquietud en una población que vive una situación desesperada.
-¿Diría que los venezolanos sienten que ya no tienen control sobre el rumbo del país?
-Desde hace tiempo entendimos que la superación de la crisis ya no dependía únicamente de los venezolanos. La comunidad internacional tardó en asumirlo, pero para la sociedad civil era evidente. Hoy, en gran medida, somos espectadores de una ruta que se está definiendo fuera, con un margen de acción muy limitado desde dentro.
