Bajo la marca Beyahad (Unidos, en hebreo), Naftali Bennett y Yair Lapid anunciaron el pasado domingo que volverán a concurrir juntos en las elecciones del próximo otoño. El movimiento, muy esperado entre los opositores a Benjamin Netanyahu, lanza un mensaje de unidad entre dos de las principales figuras opositoras, que asumen solamente un líder con apoyos amplios será capaz de derrocar al gobierno actual, responsable de la tragedia del 7 de octubre de 2023.
Bennett, perfil derechista que en el pasado lideró el consejo de asentamientos judíos de Cisjordania, vuelve a aliarse con Lapid, principal figura opositora de perfil centrista. Juntos buscan representar un frente judío sionista amplio, que agrupe a sectores ideológicos diversos. Su modelo a seguir es el del éxito electoral de Péter Magyar en Hungría, derechista que desertó de la formación de Viktor Orban y logró una histórica victoria en las recientes elecciones gracias al apoyo recabado entre sectores liberales y progresistas.
En sus recientes entrevistas, Bennett incide en su perfil conservador. La alianza con Lapid pretende tumbar a Netanyahu compitiendo desde la derecha. “No renunciaré ni a un centímetro de la tierra de Israel”, dijo el aspirante a premier -Bennett irá primero en la lista- en una reciente entrevista, refiriéndose a la aspiración a mantener el control israelí sobre Cisjordania. No obstante, su agenda se funde con las propuestas de Lapid, que representa al centroizquierda israelí, de carácter abiertamente secular y liberal, e históricamente enfrentado a los sectores ultraortodoxos.
Beyahad propone un plan para el “Renacimiento” del estado judío, con un modelo de gestión eficaz de las instituciones para reparar los daños humanos, psicológicos y económicos de casi tres años de guerra en siete frentes. Se considera que Lapid cedió a su ego -las encuestas le eran desfavorables-, y apostó por una unidad que podría arrastrar a otras figuras del centro e izquierda israelíes, como los ex generales Gadi Eizenkot, Benny Gantz o Yair Golan.

Acorde a la analista Tal Schneider, del Times of Israel, la intención de Beyahad es convertirse en el partido más votado, para así recibir automáticamente el mandato del presidente de la nación de intentar formar ejecutivo. Por ahora, las encuestas siguen apuntando tendencias al empate, con la coalición de Netanyahu entorno a los 51 diputados, y la oposición cerca de los 59. Se necesitan un mínimo de 61 para formar mayoría en la Knesset.
“Lapid aceptó mi liderazgo. Serviré como primer ministro, como un hombre de la derecha y liberal. Lideraré el gobierno junto a gente derechista y centrista”, vaticinó Bennett en una entrevista al Jerusalem Post. Está por ver si Beyahad buscará el apoyo de las facciones árabes en el parlamento, que volvieron a anunciar una lista conjunta, pese a las diferencias que mantienen los partidos de tendencia islamistas, nacionalistas palestinos o comunistas. “Será el tiempo dorado del renacimiento israelí”, consideró Bennett, que aspira a sumar “80 o 85” parlamentarios sionistas.
La alianza pone el foco en seguir construyendo puentes con países árabes moderados de la región, impulsar los vínculos entre Israel y las comunidades judías de la diáspora, y reparar la mala imagen del estado judío en el mundo. La devastadora guerra de Gaza, que ha propiciado acusaciones formales de genocidio ante la justicia internacional, así como frecuentes declaraciones incendiarias de ministros hebreos, han deteriorado como nunca la imagen del país a nivel global.
Bennett y Lapid ya se aliaron en 2021, cuando el fugaz “gobierno del cambio” reemplazo a Netanyahu durante un año y medio. Entonces, lo hicieron bajo la fórmula de primer ministro en rotación, pero en esta ocasión el único candidato para gobernar será Bennett. Su anterior alianza implosionó al tratar cuestiones relativas al conflicto con los palestinos, dado que la coalición incluía facciones de izquierda, centro, derecha y árabes.

Para reforzar la idea de gestión eficaz, Bennett anunció la incorporación de Keren Terner y Liran Abishar Ben-Horin, dos mujeres con amplia experiencia liderando oficinas gubernamentales. Ambas estarán en lo más alto de la lista, y con el movimiento Bennett pretende arreglar la “falta de gestión” con dos mujeres que lideraron reformas amplias en la economía, los medios o el transporte público. “Hemos preparado planes de trabajo prácticos para la reconstrucción de Israel y estamos listas para comenzar a trabajar para el público desde el primer día en que se forme el gobierno”, vaticinó Ben-Horin.
Para Paul Gross, columnista en Times of Israel, la alianza Bennett-Lapid “podría traernos nuestro momento Magyar”. Apuntó que la “democracia iliberal” construida por Orban, con “control del 90% de los medios, la captura política de la corte constitucional y la comisión electoral”, no bastaron para asegurarle el puesto. Netanyahu y sus socios llevan años avanzando la llamada “reforma judicial” para lastrar la separación de poderes. Gross destacó que “Bennett es una excelente analogía de Magyar”, dado que en un país donde las izquierdas son marginales, solo un perfil así será capaz de vencer a Netanyahu.
“En Hungría, al igual que en Israel, el problema de gran parte del análisis internacional radicaba en que se seguía hablando de izquierda y derecha. Pero se trata de corrupción frente a un gobierno responsable. Se trata del poder de la mayoría sin contrapesos frente al Estado de derecho. Se trata de iliberalismo frente a liberalismo. Esa fue la disyuntiva para los húngaros, y también lo será para los israelíes a finales de este año”, concluyó Gross.
