La violencia sexual habría ocurrido durante la entrevista de trabajo, silenciosamente, sin que ni siquiera la víctima lo percibiera. El reclutador, Christian Nègre, director de Recursos Humanos del Ministerio de la Cultura en Francia, mezcló un potente e ilegal diurético en el café expreso de la candidata Sylvie Delezenne para que ella orinase delante de él. Está acusado de aplicar el mismo guión durante nueve años con al menos 240 víctimas que todavía aguardan la apertura de un juicio.
“Me sentí avergonzada, inútil, ridícula de haber fallado así una oportunidad de empleo”, cuenta a Artículo14 esta mujer natural de Lille. Después de ofrecerle café en su despacho, el alto funcionario la invitó a seguir la entrevista al aire libre, caminando en los alrededores del Ministerio. Era 2015 y en aquella época se hablaba de nuevos formatos y técnicas de reclutamiento. Delezenne, entonces con 35 años, diplomada en comunicación y marketing, se agarró a esta oportunidad con uñas y dientes: “Estaba en el paro y dentro de algunos meses las prestaciones por desempleo se terminaban”.

Nada hacía sospechar de su perfil: además de ser miembro del Alto Consejo de la Igualdad (organismo dependiente del primer ministro), era referente del comité de discapacidad del Ministerio. Delezenne, ella misma con una discapacidad, vio en él a alguien de confianza. “Fue muy amable en el trato conmigo”, afirma.
“Me ardía y dolía muchísimo”
La situación de vulnerabilidad de Delezenne la hizo seguir caminando como si no pasara nada, contestando a las preguntas de esta falsa entrevista, pese a que su vejiga estaba a punto de romper: “Mi vientre hinchó como el de una embarazada, me ardía y dolía muchísimo, tenía sudores y palpitaciones”.

Al final de cuatro horas de suplicio, acabó en condiciones humillantes orinando acuclillada debajo de un puente, mientras su agresor se plantó delante de ella, fingiendo protegerla con su chaleco mientras observaba el chorro de la orina. Ella salió de allí devastada, sintiéndose culpable. En diez años, nunca más volvió a enviar un currículum.
Los detalles en la tabla de Excel
Como las otras víctimas, Delezenne supo lo que le había pasado años más tarde, al ser convocada a la comisaría. A semejanza de otro grande agresor, el médico pederasta Le Scouarnec, que mantuvo durante décadas su diario de violaciones contra niños hospitalizados, Nègre apuntaba sus informaciones en una tabla de Excel: la hora de la entrevista, de la administración del diurético, la reacción de la víctima, los detalles de la orina o incluso el color de la braga.
Delezenne acató el pedido de la Justicia de no mediatizar el caso para no perjudicar las investigaciones. Hace algunos meses, sin embargo, todo cambió: “Entendí que tenía que hablar, porque tras tantos años todavía no hay fecha para el juicio ni sabemos si la habrá”.
Entre las víctimas, las hay que estaban embarazadas o eran cardíacas, condiciones que podrían haber transformado el suministro de diuréticos de un tal calibre en algo letal.
La definición legal de la violencia
“Él no tocó mi cuerpo, no me violó. Pero, sí, fui víctima de violencia sexual”, afirma. El agresor probablemente tiene urolagnia, lo que se conoce como una desviación sexual que consiste en excitarse con la orina de otra persona. Aquí, también, como el cirujano Le Scouarnec. Pero, al contrario de éste, en prisión preventiva mientras avanzaban las investigaciones, Nègre sigue libre.
Según relató a Artículo14 la abogada Iris Biehler, que defiende a decenas de víctimas de Nègre, todo el reto consistirá en probar que se trataron de violencias sexuales. De momento, Nègre está imputado solamente por infracciones menores, como posesión y administración de sustancias nocivas e ilegales.
Una doble vida
La letrada lamenta la falta de medios de la Justicia para tratar del caso: “Por desgracia, siempre nos enfrentamos a la lentitud judicial, pero no debería ser así”. Estas limitaciones se reflejan igualmente en la manera como se condujeron los interrogatorios. “Las víctimas, numerosas, no fueron escuchadas por la jueza, lo que sería habitual, sino que solo por la Policía”.
Sin juicio ni condena, el expediente penal de este ex alto funcionario está limpio, lo que le permite llevar una vida normal. Es lo que parece ocurrir, según relataron recientemente medios franceses: el supuesto agresor seguía activo en las redes sociales y trabajando hasta este verano en el sector privado como consultor y docente en contacto con mujeres. Pero bajo un nuevo nombre: Bernard Genre (un acrónimo de Nègre). Nunca concedió declaraciones a la prensa.


