La historia de Lorena comienza tras terminar la carrera, en un momento de incertidumbre en el que decidió viajar. “No sabía muy bien qué hacer con mi vida, pero sabía que me quería ir de España para abrir un poco la mente”, explica a Artículo14. Fue durante ese periodo cuando descubrió el programa de becas ICEX. Desde el inicio del máster tuvo claro su objetivo: “Me puse de objetivo irme a Miami”. No fue una elección aleatoria, sino influida por referencias cercanas y por la imagen de la ciudad como un lugar en crecimiento. “Es un lugar que está en plena expansión”, señala, destacando especialmente su atractivo para quienes tienen inquietudes empresariales.
Según relata, lo que más le llamó la atención fue “la cultura de emprender” y el entorno que se respira en la ciudad. En Miami, asegura, el fracaso no está penalizado, sino que forma parte del proceso: “Aquí está súper bien visto el fracaso, es como parte del proceso y no se le da absolutamente nada de importancia”. Esa mentalidad, muy distinta a la española, fue uno de los principales motivos para dar el paso.
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Lorena lleva apenas tres meses en la ciudad, pero siente que “ha pasado rapidísimo, y a la misma vez siento que llevo más tiempo”. Lo atribuye a la intensidad de la experiencia y a la cantidad de estímulos. “La cantidad de planes y cosas que me han pasado ya en tres meses”, resume.
“No es fácil”
Sin embargo, la adaptación no ha sido sencilla. Ella misma lo reconoce sin rodeos: “Claro que sí, me ha costado adaptarme”. Pero matiza que no ha sido tanto por la ciudad en sí como por sus circunstancias personales. Vive compartiendo piso, coche y rutina con sus compañeros de trabajo, algo que choca con su forma de ser. “Yo soy muy independiente”, admite.
Sobre la posibilidad de vivir y trabajar en Estados Unidos, su visión es clara: “Es posible venir, pero no es fácil”. Insiste en que se trata de un proceso que requiere insistencia, paciencia y asumir negativas. “Tienes que estar dispuesto a que te digan que no”, señala. Aunque existen vías —como estudios, prácticas o programas como el suyo—, recalca que “fácil no es”.
En cuanto al coste de vida, evita simplificaciones. Para ella, el concepto de “caro” es relativo. “Depende con qué lo estés comparando”, explica. Reconoce que paga “más de mil dólares por una habitación”, pero también destaca las condiciones: piscina, gimnasio, seguridad 24 horas. “Búscate un piso así en Madrid”, apunta.
“Somos todos de fuera”
Eso sí, matiza que el verdadero gasto está en la vida social. “La vida social es elevada de precio”, afirma, aunque lo justifica por el nivel de servicios y el entorno. En Miami, dice, “pagas el lugar”. También menciona un aspecto clave: la falta de transporte público. “No existe, es una mierda”, dice sin rodeos, lo que obliga a depender del coche o de servicios como Uber.
A nivel social, Lorena describe una ciudad profundamente internacional. “Aquí no hay nadie born and raised en Miami”, asegura. La presencia de inmigrantes es constante, lo que facilita la integración. “Somos todos de fuera”, resume. Además, destaca que se habla mayoritariamente español, lo que reduce la sensación de extrañeza: “Aquí nadie habla inglés… somos unos más”.
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En cuanto a las relaciones personales, ha intentado no limitarse a su círculo de españoles. “He priorizado no juntarme tanto con mis compañeros”, explica, con el objetivo de integrarse mejor. Aun así, reconoce que existe una fuerte comunidad española.
Uno de los aspectos que más le ha llamado la atención es la mentalidad. “El mindset es diferente”, repite varias veces. En Miami, asegura, hay una fuerte orientación hacia el emprendimiento y el éxito profesional. “Si eres bueno en lo tuyo, eso se va a vender”, afirma. Incluso los precios elevados no son un obstáculo para el consumo: “La gente paga ocho dólares por un café y no se lo plantea”.
“Me quiero quedar aquí”
Desde una perspectiva de género, Lorena describe una realidad compleja. “Hay dos Miami”, explica. Por un lado, el de las apariencias y las redes sociales; por otro, una comunidad de mujeres emprendedoras que “inspira un montón”. En su experiencia, “está a la orden del día que las mujeres tengan negocio”, lo que le resulta positivo.
También menciona fenómenos como las “cenas de invitación”, donde restaurantes invitan a mujeres como estrategia de marketing. Aunque puede resultar llamativo desde fuera, ella lo interpreta de forma pragmática: “No creo que sea una cuestión de género, sino de negocio”.
En términos de seguridad o discriminación, no ha percibido problemas directos. Y sobre la imagen de los españoles, insiste en que pasan desapercibidos: “Somos uno más”.
A pesar de las dificultades iniciales, su balance es positivo. Lorena no duda en afirmar que le gustaría quedarse: “Me quiero quedar aquí”. Aunque reconoce que el camino no es fácil, está dispuesta a intentarlo.
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