Lula da Silva, de la cárcel a una remontada histórica en Brasil

A sus 80 años, el presidente brasileño consigue su cuarto mandato tras imponerse a Flávio Bolsonaro y convertirse en el primer candidato que logra remontar una derrota en la primera vuelta electoral

Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva ha vuelto a hacer historia en Brasil. A sus 80 años, el antiguo sindicalista que llegó a la Presidencia desde una familia humilde ha conseguido una remontada electoral sin precedentes en la democracia brasileña. Después de quedar por detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) ha logrado imponerse en la segunda, rompiendo una tendencia que se mantenía desde el regreso de las elecciones presidenciales directas en 1989: hasta ahora, quien ganaba la primera ronda terminaba conquistando también la Presidencia.

El resultado supone una nueva victoria para un político que ha pasado por prácticamente todas las etapas posibles: de trabajador metalúrgico a presidente, de condenado y encarcelado a recuperar el poder y, ahora, a protagonizar una de las mayores sorpresas electorales de la historia reciente del país.

El pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos frente al 45,16% de Lula, una diferencia de casi dos puntos que situaba al hijo del expresidente ultraderechista como favorito. Sin embargo, el mandatario progresista consiguió recuperar terreno durante las tres semanas siguientes, impulsado por la movilización de sus simpatizantes y una campaña centrada en frenar el regreso del bolsonarismo.

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El presidente de Brasil, Lula da Silva.
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De la pobreza a la Presidencia

La historia de Lula comienza lejos de los despachos de Brasilia. Nació el 27 de octubre de 1945 en Caetés, en el estado de Pernambuco, en el seno de una familia de escasos recursos. Siendo todavía un niño se trasladó con su familia a São Paulo, donde comenzó a trabajar a una edad temprana.

Su experiencia en las fábricas marcaría su identidad política. Con apenas 17 años, mientras trabajaba como tornero mecánico, perdió el dedo meñique de la mano izquierda en un accidente laboral. Aquella lesión se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más reconocibles de su biografía y volvió a ocupar el centro de la actualidad durante el último debate presidencial.

En el enfrentamiento televisado, Flávio Bolsonaro hizo una referencia despectiva a los nueve dedos de su adversario mientras discutían sobre economía. Lula respondió indignado y exigió una disculpa, recordando a los trabajadores que han sufrido accidentes laborales por las condiciones de seguridad en sus empleos.

Su trayectoria sindical comenzó a adquirir relevancia durante la dictadura militar brasileña. En los años setenta se convirtió en uno de los principales dirigentes del movimiento obrero del cinturón industrial de São Paulo y encabezó huelgas que desafiaron al régimen.

En 1980 participó en la fundación del Partido de los Trabajadores, formación que terminaría transformando el panorama político brasileño.

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, habla durante la sesión de clausura de la cumbre social del G20, en Armazém 3 do Porto Maravilha, en Río de Janeiro (Brasil)
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De la cárcel al regreso al poder

Lula necesitó varios intentos antes de conquistar la Presidencia. Perdió las elecciones de 1989, 1994 y 1998, hasta que finalmente ganó en 2002. Gobernó entre 2003 y 2010, una etapa marcada por el crecimiento económico, la expansión de programas sociales como Bolsa Família y la reducción de la pobreza.

Abandonó el poder con elevados índices de popularidad, pero su trayectoria sufrió un giro radical años después. Las investigaciones de corrupción de la operación Lava Jato terminaron con su condena y encarcelamiento en 2018, lo que le impidió participar en aquellas elecciones presidenciales.

Pasó 580 días en prisión, hasta que recuperó la libertad en 2019. Posteriormente, el Tribunal Supremo Federal anuló sus condenas por irregularidades procesales y falta de competencia del tribunal que lo había juzgado, permitiéndole recuperar sus derechos políticos.

En 2022 protagonizó su primer gran regreso electoral al derrotar a Jair Bolsonaro. Cuatro años después, ha vuelto a enfrentarse al mismo movimiento político, esta vez representado por el primogénito del expresidente.

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El presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, saluda a simpatizantes
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Una victoria que rompe la historia electoral

La campaña de 2026 ha sido especialmente complicada para Lula. La preocupación por el coste de la vida, la inseguridad y el desgaste acumulado tras casi cuatro años de Gobierno favorecieron inicialmente a Flávio Bolsonaro.

Tras la primera vuelta, el presidente intensificó su presencia en las calles y buscó movilizar a los millones de brasileños que se habían abstenido. Las grandes manifestaciones de apoyo en São Paulo y el acercamiento de las encuestas hasta el empate técnico alimentaron las expectativas de una remontada que finalmente se ha materializado en las urnas.

A punto de cumplir 81 años, el dirigente brasileño afronta ahora su cuarto mandato presidencial, el último al que puede aspirar de manera consecutiva según la Constitución. Su principal desafío será gobernar un país dividido, en el que el bolsonarismo mantiene una importante fuerza electoral y territorial.

Lula ha conseguido desafiar una vez más las expectativas políticas de Brasil. Después de perder tres elecciones antes de llegar al poder, pasar por prisión y regresar a la Presidencia, suma ahora una remontada que ningún candidato había logrado en una segunda vuelta presidencial brasileña.

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