Marine Le Pen lanza por fin su carrera hacia el Elíseo. A seis meses de las presidenciales y a los 58 años, la líder de extrema derecha, que hizo de la seguridad una de las principales banderas de su partido, arranca su campaña este fin de semana en una Francia traumatizada por la ola de violencia y pillajes que ha dejado destrozos en el mobiliario urbano de varias ciudades y asaltos a 3.000 comercios durante las protestas contra el coste de la vida. Con toques de queda nocturnos decretados en grandes urbes y la prohibición de manifestaciones, el gran mitin de Agrupación Nacional (RN) llega en un momento clave de la vida política del país.
Mientras los alcaldes de ciudades y distritos de todo el país se apresuran a proteger edificios públicos con vallas y perros adiestrados ante la posibilidad de nuevos enfrentamientos este sábado, la ciudad de Orleans, donde se celebrará el encuentro del partido, contará con el despliegue de 3.000 agentes del orden. La previsión es que unos 30.000 manifestantes opositores a Le Pen acudan en una contramanifestación a esta ciudad, situada a tan solo una hora de tren de París.
La dirigente, condenada por malversación de fondos públicos europeos, purgó una pena de inhabilitación y espera el veredicto sobre el cumplimiento de la condena de prisión, que podría convertirse en arresto domiciliario con brazalete electrónico. De momento, tiene el camino despejado para consolidarse como candidata favorita a seis meses de las presidenciales, con hasta un 35 % de intención de voto en la primera vuelta y una clara ventaja también para la segunda.
La organización que lidera supo sacar partido del actual descontento social: por un lado, responsabilizó a la administración de Emmanuel Macron, tras casi diez años en el poder, tanto de la carestía de la vida como de no haber calibrado los dispositivos de seguridad del pasado 17 de octubre, que se saldó con casi 1.000 agentes del orden heridos y 2.700 arrestos. Al mismo tiempo, acusa a la izquierda de Jean-Luc Mélenchon (de La Francia Insumisa, con un 19 % de intención de voto) de incitar a la violencia callejera.

El impacto en la opinión pública se hace notar y podría beneficiar a la extrema derecha, que intenta reforzar la idea de pérdida de control del orden público. Aunque el 93 % de los franceses considera legítimas las demandas contra la caída del poder adquisitivo, un sondeo de Elabe tras los disturbios reveló que el 91 % de los encuestados condena con firmeza la violencia y los saqueos ocurridos en el país. Para atajar nuevas revueltas, el 90 % pide una reación de “mano dura”, como endurecer las sanciones penales contra los delincuentes.
Las demandas de la educación
En cuanto a las demandas de la educación pública –detonante de todo el conflicto nacional–, el partido lepenista las relegó a un segundo plano. La huelga de estudiantes de secundaria que desde la periferia parisina exigía más profesores, menos alumnos por clase y mejores infraestructuras contra las olas de calor se propagó con rapidez y en pocas semanas desembocó en cientos de escuelas y facultades bloqueadas.
El presupuesto de 2026 prevé la supresión de 4.000 puestos de docentes titulares, según el informe del Senado. La izquierda reprocha a Agrupación Nacional su apoyo tácito en la aprobación de las cuentas públicas, al no haber sumado los votos necesarios para derribar al Gobierno. Durante la tramitación presupuestaria, el primer ministro Sébastien Lecornu recurrió al artículo 49.3 de la Constitución –que permite aprobar un texto sin someterlo a una votación ordinaria, salvo que prospere una moción de censura, lo que no ocurrió–.

En ese contexto, la Agrupación Nacional hizo un llamamiento para “restablecer, en primer lugar, la autoridad y la disciplina”, endurecer los castigos contra quienes causen destrozos (el principio de “el que rompe, paga”) y suspender las ayudas sociales a las familias de menores infractores. “Es urgente restablecer el orden en nuestros institutos”, afirmó Le Pen.
Discrepancias con Bardella
Heredera política de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional, Marine asumió la dirección del partido en 2011. Bajo su liderazgo, la formación ligada a miembros colaboracionistas con el régimen nazi cambió su nombre por el de Agrupación Nacional y desarrolló una estrategia de normalización política destinada a ampliar su base electoral.
Diputada por Pas-de-Calais, Le Pen ha concurrido a las elecciones presidenciales de 2012, 2017 y 2022, y alcanzó la segunda vuelta en las dos últimas frente a Emmanuel Macron. Su actual candidatura está condicionada por su situación judicial, mientras el partido prepara una estrategia que combina su liderazgo con el de Jordan Bardella, presidente del RN de 31 años, en caso de que la líder deba cumplir pena de prisión.
Aunque la formación busca presentarlos como un tándem capaz de compartir el liderazgo, la campaña ha dejado al descubierto discrepancias sobre algunas propuestas programáticas, entre ellas las relativas al velo islámico y las pensiones. La dirigente mantiene su propuesta de prohibir el uso del velo en el espacio público, una medida que el RN pretende someter a referéndum. Bardella, en cambio, ha expresado reservas sobre la viabilidad y conveniencia electoral de dicha iniciativa.

En materia de pensiones, el desacuerdo refleja también dos orientaciones económicas distintas. Mientras Le Pen propone recuperar la edad legal de jubilación a los 62 años (tras el aumento progresivo con la reforma de 2023), Bardella ha cuestionado la sostenibilidad del sistema actual. Los roces obligaron al eurodiputado a salir en público en más de una ocasión para reafirmar su “afinidad política y personal indefectible” con Marine Le Pen.
El clan unido
El clan Le Pen luce de nuevo completo con el retorno de Marion Maréchal, la sobrina que hace cuatro años rompió con Marine para apoyar al partido del radical Éric Zemmour (Reconquista). Elegida eurodiputada, Marion vuelve ahora a la órbita de su tía y, entre bastidores, representa una amenaza para la línea de Bardella. No obstante, no está previsto que la nieta de Jean-Marie Le Pen intervenga en el mitin de campaña de Orleans.
La estrategia de alianzas constituye otra de las apuestas de Marine Le Pen de cara a las presidenciales. El pacto con Éric Ciotti, antiguo presidente de Los Republicanos (LR) y actual dirigente de la Unión de las Derechas por la República (UDR), amplía su base electoral y consolida una orientación más liberal en el programa lepenista.

