Perú celebra este domingo 7 de junio la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales entre la derechista Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, y el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. Ambos cerraron sus campañas el jueves con sendos actos multitudinarios en Lima, con mensajes centrados en la promesa de devolver la estabilidad a un país que ha acumulado nueve presidentes en una década como resultado de una crisis institucional marcada por sucesivas “vacancias” presidenciales en el Congreso.
La última encuesta disponible, elaborada por Ipsos el 3 de junio para clientes privados -dado que la ley peruana prohíbe la publicación de sondeos en la semana previa a la votación-, sitúa a Sánchez con una intención de voto del 43,8% frente al 43,2% de Fujimori. Esa mínima diferencia de 0,6 puntos lleva a los expertos a pronosticar un escenario de empate técnico.
Fujimori, a por su cuarta oportunidad
Es el cuarto intento de Keiko Fujimori por alcanzar la presidencia de Perú, tras tres derrotas consecutivas. En su cierre de campaña en los exteriores del Estadio Monumental de Lima, se presentó como garante de una “reconciliación nacional” y apeló directamente a los votantes indecisos para que eligieran “más allá de nuestras diferencias” por “el futuro y el país”. Su discurso pivotó sobre la contraposición entre “progreso” y “retroceso”, y entre “unidad” y “división”, en referencia a su rival.
Cabe recordar que la “eterna segundona” es hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado a prisión por violaciones a los derechos humanos y corrupción durante su dictadura entre 1990 y 2000.

Sánchez, heredero del castillismo
Roberto Sánchez, que reivindica al polémico expresidente Pedro Castillo -encarcelado tras su intento de autogolpe en 2022- y utiliza el tradicional sombrero andino como símbolo de su candidatura, cerró su campaña en el Campo de Marte de Lima rodeado de varios excandidatos presidenciales de distintas tendencias que acudieron a respaldarle “en defensa de la democracia”. En su discurso, prometió convocar un referéndum para restablecer el equilibrio de poderes y poner fin a lo que describió como la supremacía de un Congreso que, bajo la influencia de Fuerza Popular, ha contribuido al “caos” institucional con las llamadas vacancias presidenciales desde 2016.
Un resultado incierto
El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) ha analizado el posible comportamiento del voto en la segunda vuelta a partir de los resultados de la primera. Según sus proyecciones, el voto de Rafael López Aliaga -que ha colaborado con el fujimorismo en el Congreso- y el de otros candidatos afines podría sumar a Fujimori hasta seis millones de votos. El voto antifujimorista, junto con el voto en blanco, podría llevar a Sánchez a aproximarse a los 6,7 millones, en un escenario que recuerda al de 2021, cuando Pedro Castillo derrotó a Fujimori por apenas 40.000 votos.

El propio CELAG advierte de que aventurar un resultado en un Perú de “volatilidad política y electoral extrema” exige prudencia. Factores como la merma del castillismo tras el largo proceso judicial contra su líder, el control fujimorista de los órganos electorales o el posicionamiento final de los candidatos eliminados en primera vuelta podrían inclinar la balanza en cualquier dirección.

