Quién es Francis Halzen y por qué ha ganado el Nobel de Física 2026

El físico ideó el gigantesco observatorio IceCube, que usa un kilómetro cúbico de hielo antártico para detectar partículas del cosmos

Nobel de Física 2026 - Internacional
Francis Halzen, Premio Nobel de Física 2026.
Nobel Prize

Francis Halzen ha ganado este martes el Premio Nobel de Física 2026 por transformar el hielo del Polo Sur en una de las herramientas científicas más extraordinarias construidas para observar el universo. La Real Academia Sueca de Ciencias ha reconocido al físico belga-estadounidense por sus contribuciones decisivas al observatorio IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía procedentes del cosmos.

La concesión premia una idea que durante décadas pareció casi imposible: detectar unas partículas tan esquivas que pueden atravesar la Tierra entera sin chocar con prácticamente nada. Son los neutrinos, conocidos popularmente como “partículas fantasma”.

“Su tenacidad y su visión científica han allanado el camino para un nuevo tipo de astronomía”, ha resumido Mark Pearce, presidente del Comité Nobel de Física, al explicar por qué Francis Halzen ha recibido el galardón.

Quién es Francis Halzen

Nacido en Bélgica en 1944, Francis Halzen estudió Física en la actual KU Leuven, donde obtuvo su máster y posteriormente el doctorado en 1969. Desde 1972 desarrolla su carrera académica en la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, donde actualmente es Vilas Research Professor y Gregory Breit Professor de Física.

Su trabajo se ha movido durante décadas en la frontera entre la física de partículas, la astrofísica y la cosmología. Pero su nombre está unido sobre todo a IceCube, del que es investigador principal y cuyo origen se remonta a una idea que comenzó a desarrollar a finales de los años ochenta.

Antes de IceCube participó en AMANDA, un experimento pionero en la Antártida que demostró que el hielo profundo podía emplearse como detector de neutrinos. Aquella primera prueba abrió el camino hacia algo muchísimo mayor.

Un telescopio enterrado bajo el hielo de la Antártida

La gran intuición de Francis Halzen fue utilizar el propio hielo del Polo Sur como parte de un detector gigantesco.

IceCube está formado por miles de sensores de luz distribuidos a gran profundidad y ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo antártico. No funciona como un telescopio tradicional: no busca luz procedente de estrellas y galaxias, sino diminutos destellos producidos cuando, muy excepcionalmente, un neutrino interactúa con la materia.

Los neutrinos apenas tienen masa, carecen de carga eléctrica y atraviesan continuamente nuestro planeta y nuestros cuerpos sin que podamos advertirlo. Precisamente esa capacidad para cruzar enormes cantidades de materia los hace difíciles de detectar, pero también extraordinariamente valiosos.

Cuando uno de ellos interacciona cerca de IceCube puede generar partículas cargadas que producen una característica luz azul, conocida como radiación de Cherenkov. Los sensores permiten reconstruir entonces su energía y la dirección desde la que llegó.

Por qué este descubrimiento cambió la astronomía

El gran logro reconocido ahora con el Nobel llegó cuando IceCube demostró que algunos neutrinos extremadamente energéticos no procedían de la atmósfera terrestre ni del Sistema Solar, sino de regiones lejanas del universo.

En 2013, la colaboración anunció las primeras pruebas sólidas de una población de neutrinos cósmicos de alta energía. Había nacido, en la práctica, una nueva manera de estudiar el cielo.

La importancia está en que estos neutrinos funcionan como mensajeros casi intactos. La luz puede ser absorbida o desviada durante su recorrido y las partículas cargadas modifican su trayectoria al atravesar campos magnéticos. Los neutrinos, en cambio, pueden recorrer enormes distancias prácticamente en línea recta.

Eso permite utilizarlos para investigar algunos de los lugares más violentos del cosmos: entornos próximos a agujeros negros supermasivos, galaxias activas, explosiones estelares y otros aceleradores naturales capaces de producir energías muy superiores a las alcanzables en laboratorios terrestres.

IceCube empezó a señalar de dónde procedían los neutrinos

El trabajo impulsado por Francis Halzen no terminó con demostrar que los neutrinos llegaban desde fuera del Sistema Solar. El siguiente reto era descubrir sus fuentes.

IceCube ha proporcionado posteriormente indicios y evidencias asociados a objetos concretos, como el blázar TXS 0506+056 y la galaxia activa NGC 1068. En 2023, la colaboración presentó además un mapa de neutrinos de alta energía procedentes del plano de nuestra propia Vía Láctea.

La astronomía dejó así de depender únicamente de aquello que puede observarse mediante distintas formas de luz. Los neutrinos se unieron a los fotones, los rayos cósmicos y las ondas gravitacionales como mensajeros capaces de revelar diferentes caras del universo.

Un Nobel para una idea perseguida durante décadas

Francis Halzen ha recibido numerosos reconocimientos antes del Nobel, entre ellos el Premio Balzan de Astrofísica de Partículas en 2015, el Premio Bruno Rossi en 2021 y la Medalla de la American Physical Society por logros excepcionales en investigación en 2026. En 2024 ingresó en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Pero el Nobel culmina ahora una historia iniciada hace casi cuatro décadas. Halzen imaginó que el hielo transparente situado bajo uno de los lugares más inhóspitos del planeta podía convertirse en una ventana hacia los lugares más extremos del universo.

La apuesta funcionó. IceCube consiguió detectar partículas que habían viajado millones o incluso miles de millones de años antes de terminar enterradas bajo el Polo Sur en forma de un diminuto destello de luz.

Y esa es, en última instancia, la razón por la que Francis Halzen ha ganado el Nobel de Física 2026: convirtió unas partículas prácticamente invisibles en una nueva herramienta para mirar el cosmos.

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