Santiago Abascal colgó este miércoles nocheviejo en sus redes sociales un vídeo en el que, amén de desearle a su tropa un feliz 2026, repartía estopa contra los presidentes autonómicos del PP, los inmigrantes ilegales o los “multimillonarios y oligarcas globalistas”. Nihil novum sub sole. Allende los tópicos, el líder de Vox dijo algo que me pareció muy interesante. Es un apunte histórico, objetivo: “Llevo años advirtiendo de los peligros que enfrentaba España. Un lustro entero alertando, por todos los medios a mi alcance, de la deriva peligrosísima que suponía y que ha supuesto el Gobierno de Pedro Sánchez –el Pérez se lo ahorra– Castejón”.
Abascal es el único líder de un partido político al que el yerno de Sabiniano no se ha conseguido ventilar. Su mérito no es pequeño: a Sánchez no le han sobrevivido los populares Mariano Rajoy y Pablo Casado, los ciudadanos Albert Rivera e Inés Arrimadas –tampoco el propio partido– o el macho alfa de Podemos, Pablo Iglesias. Incluso la sumanda Yolanda Díaz hiede a cadaverina –metafóricamente, quiere decirse–. El killer se los ha cepillado a todos, menos al amurriano que se forjó en una familia amenazada por la banda terrorista ETA.
Hace unos meses, Arturo Pérez-Reverte declaró en El Hormiguero: “Abascal no sé cómo es, me parece un tipo normal, no creo que sea muy brillante, quizá por eso lo pasean poco, pero debajo tiene una maquinaria muy potente, unas cabezas pensantes, dos o tres muy pensantes y alguno muy peligroso”. Discrepo en parte con el gran maestro: al margen de que el jefe de Vox sea o no el lapicero más afilado del estuche, bien por él, bien por esas “cabezas pensantes”, es innegable que se ha convertido en un icono. La marca Vox no se reconoce sin el logo Abascal. El ejemplo extremeño es palmario: a Sánchez apenas se le vio; Feijóo hizo lo justo y fue apartado por Guardiola del cierre de campaña; Abascal participó en más de una veintena de actos y eclipsó a Óscar Fernández… en beneficio del candidato regional.

Abascal es el actor político más influyente del presente y del futuro a corto plazo en España. El ministro Puente se jacta de que Sánchez tiene bailando a la derecha mediática, pero el bailarín más determinante de este ballet bufo es el que se ubica a la derecha del PP. La realidad anda empecinada en demostrarlo un día tras otro. En Extremadura, Vox ha pasado de tener 5 diputados y el 8,12% de los votos a 11 y al 16,9%. Las encuestas auguran que, en Aragón, donde cuenta 7 diputados y el 11,25% de los votos, superará de calle los 10 –hasta 13 le da SyM para Electomanía– y el 15% de los votos. En las generales de julio del 23, Vox obtuvo 33 escaños y el 12,4% de los votos; desde hace meses, no hay casa demoscópica que le dé menos de 50.
Así, Guardiola debe tragarse su odio visceral y ya negocia con los “señoros” que exigen, a cambio de su abstención, en palabras del portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, fulminar “las políticas socialistas socialdemócratas”, “hacer políticas que de verdad salvaguarden el campo extremeño” y “acabar con las políticas ideológicas de género”. Por su parte, la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, asegura que su partido pactará con el de Abascal donde haga falta: “Los votantes quieren más políticas de derechas”. Mientras Abascal, por Nochevieja, pide “a los españoles más fuerza en las urnas que permita que se escuche el disenso de cada vez más españoles” y sentencia: “Las viejas fórmulas de los partidos corruptos ya se han agotado”. Los cráneos previlegiados de Génova, 13 no se dan por aludidos. Allá ellos.
Qué cara de Felipe González y de Jordi Sevilla se les está poniendo a Aznar y a Cayetana Álvarez de Toledo.



