Opinión

Cómo hablar de la muerte (política) de Zapatero a los niños

FOTODELDÍA MADRID, 17/06/2026.- El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, llega a la Audiencia Nacional para declarar como investigado por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad en la causa sobre el préstamo a la compañía aérea Plus Ultra. EFE/ J.J.Guillen
José Luis Rodríguez Zapatero en la Audiencia Nacional.
EFE/ J.J.Guillen
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Ha caído en mis manos un librito muy interesante. Se llama Cómo hablar de la muerte a los niños (Libros del Asteroide, 2026) y su autora, Delphine Horvilleur, que es rabina, escritora y filósofa, cuenta que en la Biblia “una palabra turbadora designa el lugar misterioso donde se encuentran los muertos”: “Ese lugar se llama Seol, que en hebreo significa la pregunta. Desde luego, hay que reconocer que es divertido… Si alguien te pregunta a dónde van los muertos, a falta de certezas, siempre puedes contestar: ‘Pues… no te preocupes… están en la pregunta’. Es decir: no intentemos encontrar una única respuesta”.

José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente y joyero mayor de Ferraz, navega rumbo al Seol –político, se entiende– en un pleonasmo: a la pregunta donde habitan los muertos se dirige entre preguntas formuladas por los vivos. Concretamente, entre las que le hizo este miércoles Caronte, perdón, el juez José Luis Calama, quien le investiga en el marco del caso Plus Ultra por un póker de delitos: tráfico de influencias, blanqueo de capitales, delito fiscal y contrabando. El Maharishi milloneti que soñaba con supervisar nubes acostado en una hamaca entró en la Audiencia Nacional bajo un letrero que rezaba: “Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate.”. Para reducir a mínimos el riesgo de patinazos, sólo respondió al instructor y a su defensa. Así, declaró que nada tenía que ver con el entramado de su compiyogui Julio Martínez (bis), negó que influyera en el rescate de la aerolínea, se olvidó de ciertas comidas comprometedoras y llegó a decir que a China viajaba sólo para dar conferencias. A Calama, por lo que fuere, no se la dio con queso, y en el auto sostiene que “el mejor socialista” (Puente) ha patinado a la hora de “desvirtuar los indicios racionales de criminalidad”. No le quita el pasaporte, como demandaba la Fiscalía Anticorrupción, ni le manda al trullo por famoso. Por prudencia o por clasismo, que elija el lector, pero la cosa pinta muy mal, que diría el genial Chiquito.

Zapatero, presunto líder de una estructura criminal jerarquizada, defiende su inocencia, asegura que siempre se condujo “con decencia y honradez” y acumula más sacrificios viciados –recordemos que “sacrificio” viene de sacrificium, unión de sacrum y facere, que significa “hacer sagrado”– que el antiguo templo de Baal Hammon en Cartago. Desde el jueves, lucen imputación sus hijas, Laura y Alba, a quienes el nepotismo les condujo a recibir 239.000 lereles por maquetar informes de Análisis Relevante y a comparecer ante un ropón; este viernes, El Confidencial publicaba que el origen del patrimonio familiar estrecha el cerco sobre su esposa, Sonsoles Espinosa. Y qué decir de su reputación: con lo que cuesta recuperar la fe en un ídolo cuando se revela falso o amortizado. Mientras tecleo, sólo le apoyan el PSOE/Sánchez, sus enanitos políticos y mediáticos y, a su manera, el amigo Toni Simón, por cándido volteriano. A Luis Arroyo, presidente del Ateneo –lástima de institución–, igual le nombran embajador en Arabia Saudí. “La muerte”, según Jean de La Bruyère, “no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida”. La muerte política, también. Whathefav.

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