Hace unos años una niña contaba en un reportaje cómo era el ciberbullying que le hacían sus ex amigas. Entre otras cosas habían hecho un fotomontaje de ella con cuerpo de lombriz, y lo pasaban entre compañeros. Una burla en apariencia menor que en realidad implica mucho más. La creación de un meme con intención denigratoria lleva a normalizar el menosprecio a alguien, máxime si es menor de edad. El que alguien tenga una foto o un video en la que sale mal y ese archivo se replique y se preplique lleva, como hemos visto en tantas ocasiones, a la depresión y a pensamientos suicidas. No todos los memes son felices como el de la niña frente al incendio o la pequeña que mira extrañada a cámara. En el mundo hay muchos que se arrepienten cada día en haberse convertido en un meme. Y el que lo ponga en duda, que se lo pregunte a Simón Pérez y Silvia Charro.

Las actitudes vejatorias son más frecuentes cuando se trata de mujeres, especialmente si han osado enseñar su cuerpo, ya sea desnudo o con poca ropa. Parece que eso las convierte en parias. La pornografía ha contribuido en gran medida a ello gracias a las condiciones leoninas que firman los actores, pero que tienen consecuencias específicamente en las mujeres. La que hace porno no es nunca más dueña de su imagen, y es así desde antes de Internet. El productor tiene derecho a reutilizar el material en cientos, miles de cintas. Puede cambiarles la carátula, el título y hasta la variante temática a través del montaje. Así fue como se forjó la leyenda de que Cicciolina había felado a un caballo. En realidad, Ciccolina salía en algunos planos de esa cinta haciéndose leves tocamientos bajo una iluminación demodé y una pobre escenografía. Entre las escenas de la italiana aparecían las “fantasías” atribuidas a esta actriz y ex parlamentaria. Una de las fantasías era una mujer que, en efecto, felaba un caballo. Hace años tuve localizar la cinta para hablar de esa actriz en mi tercera novela, Las palmeras. Les aseguro que no es agradable. La mirada de disgusto absoluto de aquella mujer, las arcadas, las lágrimas, todo. No sé a qué clase de depravado le puede apetecer ver eso. El caso es que la cinta fue muy popular, casi tanto como la leyenda de que Samantha Fox había sufrido un desgarro por “hacerlo con un caballo” (sic). A toda mujer que se acercara al porno se le daba su castigo mientras que a ellos se les admiraba y premiaba.

En los primeros días de 2025 ha surgido una moda que no será efímera y que ya había asomado la patita, principalmente en colegios e institutos: desnudar con IA a mujeres o niñas. Grok, esa I.A. patrocinada por ese magnate psicopático de nombre Elon Musk, recrea a la mujer que tú quieras con la ropa que tú quieras. Tú eliges: bikini, deshabillé, bragas, o traje de lagarterana. Por lo que sea, esta última opción no la elige nadie. Por lo que sea, siempre son hombres desnudando a mujeres y ocasionalmente a algún político para hacer humor grueso de ese que se envía por WhatsApp. La moda es está cebando especialmente con dos perfiles de mujeres: “creadoras de contenido” (qué repelús me da esta expresión) y feministas. Paula Fraga ha sido de las últimas en sufrir esa forma de ataque. Grok dice que no incumple ninguna normativa. Pero, claro, Grok no respeta la legislación vigente porque la finalidad de estos magnates es reducir las competencias de los estados al mínimo. Y también porque Musk es un misógino orgulloso de serlo. Por suerte hay muchos usuarios apoyando a las mujeres que sufren este ataque.
Entre los defensores de la práctica se encuentran chicos muy jóvenes, hinchas de fútbol (el perfil más gañán de las redes, dicho sea de paso), y señores de ignota procedencia. “Tú subiste esa foto”, “Tú ya saliste en bikini”, “tú te exhibes en redes”. Como si el hecho de subir una foto te hiciera perder todos los derechos sobre tu imagen. La vieja costumbre de establecer una línea divisoria entre mujeres donde solo se distinguen mi santa madre y las putas. Como si el cuerpo de una mujer fuera un terreno sobre el que descargar frustraciones. Gracias a la IA el peor de los problemas de la pornografía ha entrado a la vida de todas las mujeres. ¿Quién va a parar esto? ¿Por qué lo tenemos que aguantar?



