Opinión

Contrapesos: la lección que viene de Estados Unidos

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Imaginemos un escenario inverosímil en España. El presidente del Gobierno impone por decreto, como ya es costumbre, una legislación de extraordinaria importancia y que para aprobarla elude el preceptivo debate parlamentario. Y supongamos que el Tribunal Constitucional de Conde Pumpido, la tumba, reprochando públicamente a Pedro Sánchez la elusión del proceso legislativo.

Naturalmente este escenario sería sencillamente inconcebible en nuestro país.

Es justo lo que ha sucedido en Estados Unidos. Allí el Tribunal Supremo le dio el pasado viernes a Donald Trump el mayor revolcón de sus dos mandatos. El máximo organismo decisorio en cuestiones legales había venido fallando, de manera sistemática, a favor de todas las decisiones trascendentes que había tomado el presidente. Sin embargo de manera sorpresiva tumbó los aranceles impuestos por Trump al resto del mundo. Lo hizo en una votación en la que tres jueces conservadores entendieron que pesa más la democracia que un capricho del presidente.

De todos los argumentos que se han escuchado a favor y en contra de este fallo hay uno que resulta especialmente útil. Se trata de esgrimido por el juez conservador Neil Gorsuch uno de los magistrados del Supremo que fue curiosamente nombrado por Donald Trump durante su primer mandato. Su voto particular contiene la esencia del proceso deliberativo en cualquier democracia liberal:

“Para quienes consideran importante que la Nación imponga más aranceles, entiendo que la decisión de hoy será decepcionante. Lo único que puedo ofrecerles es que la mayoría de las decisiones importantes que afectan los derechos y responsabilidades del pueblo estadounidense (incluido el deber de pagar impuestos y aranceles) se canalizan a través del proceso legislativo por una razón. Sí, legislar puede ser difícil y llevar tiempo. Y sí, puede ser tentador eludir al Congreso cuando surge un problema apremiante.

Trump, en rueda de prensa tras la decisión del Supremo norteamericano. EFE

Pero la naturaleza deliberativa del proceso legislativo fue la esencia de su diseño. A través de ese proceso, la Nación puede aprovechar la sabiduría combinada de los representantes electos del pueblo, no solo la de una facción o un hombre”. Gorsuch concluye: “En definitiva, el proceso legislativo ayuda a garantizar que cada uno de nosotros tenga un interés en las leyes que nos rigen y en el futuro de la Nación. Para algunos hoy, el peso de esas virtudes es evidente. Para otros, puede que no parezca tan obvio. Pero si la historia sirve de guía, la situación cambiará y llegará el día en que quienes se sientan decepcionados por el resultado de hoy apreciarán el proceso legislativo como el baluarte de la libertad que es”.

La democracia estadounidense fue concebida precisamente de esta manera. Tanto la declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776) como la Constitución que se proclamaría 11 años después (1787) se redactaron con un único propósito, proteger al pueblo de los excesos del poder. Era precisamente el pueblo estadounidense el que mayoritariamente estaba pagando de su bolsillo la aventura arancelaria y la decisión ha sido tumbada. Como es lógico Donald Trump ya está preparando su contraataque, que no solo será dialéctico sino legal.

Trump hablando sobre la decisión de la Corte Suprema.
Efe

Con más frecuencia de la que nos gustaría la reacción de quienes reciben el revolcón suele ser la misma: criticar al tribunal sentenciador y a los jueces que lo componen. Y Trump no ha sido una excepción, porque ha calificado el fallo como una decisión “ridícula” de la que deberían “avergonzarse”. Por lo menos no ha calificado la decisión como un “complot” que fue lo que Pedro Sánchez dijo cuando el anterior Tribunal Constitucional español suspendió un debate parlamentario al admitir a trámite una demanda de la oposición.

La lección que podemos extraer es que gobernar sin el apoyo del Congreso o sin presupuestos es algo que hemos asumido con pavorosa naturalidad. En España existen contrapesos para moderar los excesos del poder, lamentablemente hace mucho tiempo que fueron tomados por el poder para ponerlos a su servicio.

Concluyamos con una pregunta: ¿Cuántas decisiones de importancia adoptadas por el gobierno de Pedro Sánchez fueron tumbadas por el anterior Tribunal Constitucional y cuantas por este? La respuesta a lo primero es varias. La respuesta a lo segundo, bien la sabe Conde Pumpido: ninguna.

La importancia de los contrapesos

La verdadera fortaleza democrática no reside en quién gobierna, sino en la fortaleza de los contrapesos que pueden frenarlo. Cuando ese freno se debilita, el poder deja de sentirse obligado a persuadir y empieza a acostumbrarse a imponerse. Y en ese tránsito, imperceptible muchas veces, es donde una democracia comienza a perder aquello que la hacía digna de tal nombre.

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