El mundo que nos ha tocado vivir o, quizás, sea la condición de sapiens que tan brillantemente analizó Harari, está repleta de contradicciones y paradojas. La mitad de la humanidad lucha por llevarse un plato de comida caliente para no caer en la desnutrición. La otra mitad, por perder peso. Conozco gente que lleva desde su adolescencia en una dieta permanente para alcanzar el peso que considera ideal. Parece que no lo consiguen. Y ahí están las dietas milagro, el ayuno intermitente, la dieta del agua, la Dukan y tantas otras. En mi juventud traté al insigne profesor Grande Covián quien insistía en que la mejor opción consistía en comer de todo, pero con moderación. La lucha contra el exceso de peso no queda sólo en la dieta. El ejercicio físico destaca con productos estrella como la calistenia, la fuerza, el tai chi, la gimnasia de silla, el método nórdico y el running. Otros eligen la cirugía, como la liposucción o los balones gástricos.
En estos últimos años, han aparecido los fármacos. Fármacos de doble uso. Algunos se desarrollaron para combatir la diabetes, pero pronto se descubrió que también favorecían la pérdida de peso, provocando la escasez del producto para los auténticos pacientes. No sólo hablamos de reducción de peso sino del grave problema que presenta la obesidad. La OMS estima que una de cada ocho personas en el mundo es obesa, unos 900 millones de personas. Esta cifra aumenta hasta 2.500 millones al añadir las que sufren sobrepeso. Un estudio de “The Lancet” eleva al 12,5% la población mundial que padece alguna forma de obesidad. En España, se calcula que más del 50% de los adultos tienen sobrepeso y un 18%, obesidad.
Tras estos fármacos aparece un enorme negocio que se disputan empresas de la industria farmacéutica. El primero que abrió el mercado fue la danesa Novo Nordisk, seguido por el gigante americano Lilly, sumándose a esta batalla una larga lista de compañías.
El ejemplo más brillante lo constituye Novo Nordisk que obtuvo el fenómeno social Ozempic, indicado para la diabetes 2 y con resultados en la reducción de peso. Su acción valía en el 2020, 32 dólares, llegando a un pico de 142 dólares en 2023, una caída con la aparición de competidores en 2025 y una recuperación hasta los 60 en el actual 2026. Novo Nordisk llegó a convertirse en la compañía europea más valorada, por encima del emporio del lujo LVMH. En esos años, sus ventas crecieron desde los 17.000 millones de 2020 a los más de 42.000 de 2025. Las ventas combinadas de Ozempic y Wegovy, su segunda opción, se sitúan sobre los 25.000 millones, figurando entre los cinco fármacos más vendidos del mundo.
Su gran competidor es la americana Lilly, legendaria fabricante del Prozac, que con Mounjaro y Zepbound, con ventas de alrededor de 17.000 millones de euros, son los más duros adversarios de Novo Nordisk. Sólo estos cuatro fármacos se estima que hayan generado en 2025 unas ventas de alrededor de 50.000 millones de dólares. Las ventas en España superan los 500 millones y representan alrededor del 15% de la venta de fármacos.
El éxito de Novo Nordisk y de Lilly ha despertado el interés de otros muchos laboratorios que quieren sumarse a la fiesta. Es el caso de la danesa Zealand Pharma, de la alemana Boehringer Ingelheim, de la californiana Viking Therapeutics o de Terns Pharmaceutical. Pero también de monstruos como Pfizer, desarrolladora en su día de Viagra, de la suiza Roche o de la británica Astra Zeneca. Bloomberg Intelligence adelantó que hay alrededor de 50 proyectos en fase de desarrollo auspiciados por 40 sociedades.
El mercado es gigantesco. Goldman Sachs calcula que en 2030 alcanzará los 100.000 millones de dólares, pero son muchos los analistas que estiman que esas previsiones se quedarán cortas, pues consideran que las tendencias sociales, dominadas por la apariencia y el estilo de vida en el mundo desarrollado, necesariamente obligan a un mayor optimismo. Otras estimaciones lo elevan hasta los 150.000 millones de dólares. También se presume que es difícil que Novo y Lilly pierdan el liderazgo alcanzado con sus cuatro productos estrella. Ambas están investigando el efecto beneficioso de sus fármacos sobre patologías cardiovasculares y renales, lo que ayudará a aflojar la resistencia de Gobiernos y aseguradoras para financiar la medicación. En paralelo, ambos laboratorios avanzan experimentando con nuevas moléculas que pretenden resultados más ambiciosos en la reducción de peso -entre el 15 y el 20%- junto con administraciones orales y posología semanal.
Aún es pronto para dimensionar el impacto social y económico de esta familia de fármacos, pues depende de su uso y de la aceptación para su financiación por parte de aseguradoras y Gobiernos. Se barajan tres posibles escenarios. Primero, uso estrictamente médico para reducir peso y tratar patologías específicas. Segundo, complemento al estilo de vida, como ocurrió con Viagra. Y tercero, adopción masiva y generalizada para una simple pérdida de peso. Cada una de estas opciones apareja una aproximación distinta por parte de gobiernos y aseguradoras y una diferente magnitud de éxito comercial.
Algunos datos indican que 1,4 millones compraron privadamente estos fármacos en el Reino Unido o que alrededor de un 12% de los americanos los han experimentado. Estimaciones establecen que más del 25% de los obesos y del 15% con sobrepeso en Estados Unidos se tratarían con estos fármacos. Hace unas semanas, el Gobierno americano alcanzó un acuerdo para reducir los precios y facilitar el acceso a más gente. No son baratos. Estamos hablando de tratamientos que valen entre los 300 y los 500 dólares mensuales y que, habitualmente, se planifican a largo plazo. En España, se precisa receta médica y no están financiados por la Seguridad Social. El precio es variable y oscila desde los 180 euros hasta los 350 mensuales, con una prescripción indefinida. Pero, y es el argumento de la industria, implicaría una reducción significativa de los tratamientos para patologías cardiovasculares, diabetes y otras. En consecuencia, la mejoría en los niveles de salud es incuestionable.
No es un tema menor, pues conviven en el mismo cocktail una terapia médica para combatir la obesidad y el exceso de peso, con un indudable impacto en la mejora de la salud; con una alternativa para el estilo de vida dirigida a conseguir un peso ideal y, por supuesto, con una vertiente económica con implicaciones en éxito empresarial y creación de empleo y, por supuesto, la financiación por parte de Gobiernos o aseguradoras. Un reflejo de este siglo XXI que nos ha tocado vivir.
